Bombas, daños colaterales y crímenes de guerra

Por Raúl Antonio Capote* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

El 8 de septiembre del 2018, dos aviones F-15 de la aviación estadounidense realizaron ataques contra el asentamiento de Hajin, en la provincia siria de Deir ez Zor. En la agresión utilizaron bombas de fósforo blanco, prohibido por las convenciones internacionales.

En junio del 2017 decenas de civiles sirios murieron en la ciudad de Al-Raqa a causa de los bombardeos con este tipo de arma realizados por la coalición liderada por Estados Unidos.

El uso de napalm y de agentes similares contra civiles y contra fuerzas militares en la cercanía de civiles, fue prohibido por las Naciones Unidas en 1980.

El fósforo blanco se utilizó en la masacre israelí en Gaza a finales del 2008, como parte de la operación conocida como Plomo Fundido.

Si hacemos un poco de historia veremos cómo el 8 de junio de 1972, el ejército de EEUU bombardeó la población vietnamita de Trang Bang con napalm, muchas personas tuvieron que huir aterrorizadas y una imagen dantesca de ese día se convirtió en todo un ícono de la guerra: la pequeña niña Kim Phuc, “la niña del napalm”, quitándose los restos de su ropa en llamas.

Durante la Guerra de Vietnam el fósforo blanco fue bautizado por los militares estadounidenses con los alias “Willy Pete” o “Willy Peter”, “wp”, acrónimo en inglés de White Phosphorus.

Willy provoca incendios que solo pueden ser apagados derramando aceite sobre las llamas, las municiones que contienen fósforo arden en contacto con el oxígeno, agua y material orgánico, e incineran el tejido humano hasta dejar el hueso limpio sin destruir la ropa.

El “WP” está considerado como un arma química por muchas personas y organizaciones internacionales defensoras de los derechos humanos.

Sin embargo, fue utilizado indiscriminadamente contra la ciudad iraquí de Faluya, una urbe de 350 000 habitantes en el centro de Irak, el bombardeo provocó un infierno de fuego químico y derritió hasta la muerte a mujeres y niños.

El genocidio de Faluya fue la segunda noticia más censurada por la gran prensa de EE. UU., donde además de la antes descrito, negaron el acceso de auxilio a la localidad para impedir que los residentes obtuvieran ayuda médica, mientras los civiles se convertían en blanco de tiradores emboscados por los agresores.

Durante la “toma” de la ciudad en el 2004, después de dos meses de bombardeos indiscriminados que dejaron miles de muertos, heridos y mutilados, las fuerzas estadounidenses usaron un arma conocida como Mark-77.

Las bombas Mark-77 evolucionaron a partir de las bombas de napalm usadas en Vietnam y Corea, contienen combustible para avión jet, queroseno y poliestireno; al igual que el napalm, este agente forma una gelatina que se pega a las estructuras y a los cuerpos de las víctimas.

La agresión norteamericana a Panamá dejó como resultado oficial 500 fallecidos, pero organizaciones de derechos humanos señalan que fueron casi 3 000 víctimas civiles y hubo incontables denuncias de sobrevivientes a la invasión, que señalan el uso de napalm y fósforo blanco por parte de los invasores.

Durante la invasión mercenaria a Playa Girón, en abril de 1961, la aviación mercenaria utilizó napalm contra los milicianos cubanos.

Si leemos las noticias de tales sucesos veremos que cuando Washington y sus aliados, sin respetar las convenciones internacionales, bombardean a su antojo ciudades y pueblos causando la muerte de miles de civiles, estos muertos son “daños colaterales”, jamás son sancionados o juzgados los autores intelectuales y físicos de tales crímenes de guerra, el término se deja a un lado, para ser usado para denigrar a los enemigos cuando haga falta.

Miles de armas de esta clase se encuentra desplegadas por todo el mundo y apuntan al corazón de nuestras ciudades, mientras el silencio es única respuesta ante la doble moral del Imperio y sus aliados, el silencio que nos convierte en cómplices del crimen.

Algo así nos recuerda un antiguo poema escrito por el pastor luterano alemán Martin Niemöller que me permito parafrasear: primero vinieron por los vietnamitas, pero yo no dije nada, porque no soy vietnamita, después vinieron por palestinos, sirios, iraquíes, afganos, etc., y yo no dije nada, porque yo no soy sirio, ni palestino, ni afgano, ni etc., luego vinieron por mí, y no quedó nadie para hablar por mí.

(*)  Escritor, profesor, investigador y periodista cubano. Es autor de “Juego de Iluminaciones”, “El caballero ilustrado”, “El adversario”, “Enemigo” y “La guerra que se nos hace”.

Foto de portada: La «niña del napalm», imagen tomada en las afueras de la aldea de Trang Bang el 8 de junio de 1972 / Nick Ut / AP.

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