DestacadasInternacionales

Tarjetas para Ana Belén Montes, una mujer inquebrantable

Desde el Comité Internacional Paz, Justicia y Dignidad a los Pueblos celebramos la vida y la resistencia de Ana Belén Montes, una mujer inquebrantable que con su enorme valor, dignidad, altruismo y honor puso en el escalón más alto la paz y la amistad entre pueblos hermanos.

Nos sumamos a la Campaña de postales para expresar el cariño, el amor y el inmenso respeto que sentimos hacia ella. Bienvenida a la vida y tu amado Puerto Rico.

Tarjetas para Ana Belén Montes

Pronto llegará a Puerto Rico, a su patria, nuestra querida Ana Belén. Queremos que se sienta libre de verdad, tranquila, rodeada de sus seres queridos que no ha podido abrazar durante años. Sentir las noches frescas y escuchar la sinfonía de los coquíes. Deleitarse con sus comidas favoritas que ha extrañado por más de 20 años. Para eso, tenemos que darle el espacio que necesita para poder gozar de esa necesaria serenidad que le fue negada en prisión. Por ahora, no habrá reuniones ni ceremonias públicas hasta que ella nos haga saber.

PERO SÍ PODEMOS RODEARLA DE ESE CARIÑO QUE TODAS Y TODOS QUEREMOS DEMOSTRARLE, HACIENDO UNA CAMPAÑA DE SOLIDARIDAD Y AMOR ENVIÁNDOLE POSTALES A:
Ana B Montes
Suite 149
Esmeralda 53
Guaynabo, PR, 00969

Ana Belén Montes: “Obedecí a mi conciencia más que obedecer a la ley” (*)

Su padre, de origen puertorriqueño, era médico del ejército estadounidense acantonado en la ex Alemania occidental. Por eso ella nació allá. En 1979, a los 22 años, la Universidad de Virginia le concedió una licenciatura en relaciones internacionales…

Posteriormente logró una maestría. En 1985 fue acogida en la Agencia de Inteligencia del Pentágono (Defense Intelligence Agency, DIA). Por sus capacidades fue enviada a la base aérea de Bolling, en Washington, donde trabajó como especialista en investigación de inteligencia. En 1992 pasó al Pentágono como Analista. Con un cargo ficticio, durante un tiempo fue ubicada en la representación diplomática en La Habana para que “estudiara” a los militares cubanos.

En 1998 la DIA la envió de nuevo a la Isla para que “observara” el desarrollo de la visita del Papa Juan Pablo II.

Además de poseer un rostro dulce, sonrisa perenne y buenos modales, era sumamente discreta. Mientras vivía sola en un sencillo apartamento al norte de la capital estadounidense, escaló hasta llegar a ser analista de primera categoría en el Pentágono (senior analyst), especializada en Cuba. Tuvo acceso a prácticamente a todo lo que la comunidad de inteligencia recogía sobre la isla. Sabía lo que el Departamento de Defensa conocía en relación a las actividades militares cubanas. Por su rango era miembro del súper secreto “grupo de trabajo interagencias sobre Cuba”’, que reúne a los principales analistas de las agencias federales, como la Agencia Central de Inteligencia, CIA, y de la misma Casa Blanca y el Departamento de Estado.

Ana Belén Montes fue arrestada el 21 de septiembre de 2001.Una corte Federal la acusó de “ conspiración para cometer espionaje”, y de entregarle a Cuba ” información clasificada para que pudiera defenderse “. En varias ocasiones había pasado con éxito la prueba del detector de mentiras. Su detención provocó un profundo impacto en la comunidad de inteligencia de Estados Unidos. Era la espía de mayor rango en la historia de Estados Unidos. “Una de las joyas de nuestra corona”, dijo un general de la DIA.

Hace diez años, el 16 de octubre de 2002 fue sentenciada a 25 años, librándose por un pelo de la condena a muerte. Está encerrada en la prisión del Federal Medical Center, FMC, que se encuentra ubicada dentro de las instalaciones de la base aeronaval Fort Worth, Texas, un centro destinado a mujeres delincuentes con problemas psíquicos. Está sujeta a un extremo régimen de aislamiento: Solo puede recibir las visitas de su padre y hermanos; no puede relacionarse con ninguna detenida; no puede hablar por teléfono, ni recibir periódicos, ni ver televisión; nadie puede indagar por su salud. Solo existe como la prisionera FMC 25037-016 .

Antes de escuchar la sentencia leyó un breve texto donde expresó frases como estas: “Yo me involucré en la actividad que me ha traído aquí porque obedecí a mi conciencia más que obedecer a la ley. Yo considero que la política de nuestro gobierno hacia Cuba es cruel e injusta, profundamente inamistosa, por eso me consideré moralmente obligada de ayudar a la isla a defenderse de nuestros esfuerzos de imponer en ella nuestros valores y nuestro sistema político (…) Nosotros hemos hecho gala de intolerancia y desprecio hacia Cuba durante las últimas cuatro décadas. Nosotros nunca hemos respetado el derecho de Cuba a definir su propio destino, sus propios ideales de igualdad y justicia (…) Yo solamente puedo decir que hice lo que consideré más adecuado para contrarrestar una gran injusticia”.

 (*) Nota publicada el miércoles, 17 de octubre de 2012 por Hernando Calvo Ospina, periodista y escritor, es colaborador de Le Monde Diplomatique.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *