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Fidel Castro Ruz contra la guerra

Por José Luis Méndez Méndez / Especial para Resumen Latinoamericano

El estudiar el legado del líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz, es confirmar esa visión de futuro que siempre tuvo, esa capacidad de ir a lo ignoto, regresar y contarlo, sus reflexiones fueron hechas para todos los tiempos, no perecen por el paso de años, décadas, son inmortales y cuando se contrastan con la realidad actual, cobran vigencia, el conocerlas, usarlas acorazan para todo tipo de lucha.

Sobre cómo el proceso revolucionario se sostiene, que es enigma para los enemigos, incapaces de entender y asimilar la resiliencia cubana, ese don de la cultura nacional de resistir y vencer. Sobre este aspecto de la realidad nacional meditó el líder hace más de dos décadas: “Esa gente sabe que, aunque hay cierto sufrimiento en el pueblo, la Revolución ha tenido y tiene, y en los últimos actos mucho más, el apoyo casi unánime de la población”.

El empleo del terror, como se hace ahora por parte de esta administración republicana y la inminencia de una guerra, de un ataque de Estados Unidos contra Cuba, ha sido analizado por el líder histórico cubano en varias ocasiones a lo largo de esta prolongada agresión sobre esta indeseada situación, en una ocasión valoró: “Porque nosotros estábamos pensando que había algo mucho más preocupante: la posibilidad de una guerra. No se había producido todavía ni siquiera el ultimátum, pero se podía percibir por la propaganda y por las discusiones que eso venia”. 

Reflexionó para los líderes del futuro: “La lucha lleva este camino y hay que responder. Hay un momento que te desembarcan en las costas. Tú dices: «Bueno, una provocación»; pero tú no puedes dejar de disparar. Donde una provocación que busca tales objetivos se puede contener y como es el punto en que no se puede contener? Ellos estaban decididos a hacer lo que fuera para provocar situaciones… Entonces llego el punto en que, a nuestro juicio, más allá que no se hubieran podido contener…”. 

Visto desde el comienzo del presente siglo, el líder predijo: “Esto de la guerra no se ha producido, nadie sabe cómo se va a desenvolver, aunque uno sabe, porque ha pensado mucho cómo sería una guerra contra el país, cuantas bajas habría, cuanta destrucción tendría lugar. Dante no habría podido imaginar el costo de una agresión aquí; no se sabe cuántas veces mayor que lo de Irak. Nosotros lo hemos pensado mucho, porque ya hubo guerra en Vietnam, sabemos las cosas que ocurrieron allí; ya hubo guerra en Kosovo; ya hubo una guerra anterior, la del Golfo, en el propio Irak… Si usted tiene una situación en que la vida del país, la vida de millones de personas peligra, se puede comprender perfectamente que ese país este preocupado por eso mucho más que por cualquier otra cosa, que priorice por encima de todo lo que le interesa”.

Para despejar toda duda, fue enfático: “Permítame decir que aquí hay millones de cubanos preparados para la guerra de todo el pueblo. He dicho alguna vez que habíamos alcanzado la «invulnerabilidad militar», que ese imperio no puede pagar la cuota de vidas, no imaginada y tal vez tantas o más que en Vietnam, si trata de ocuparnos. …ya la sociedad norteamericana no está dispuesta a concederles a sus gobernantes el crédito de decenas de miles de vidas para aventuras imperiales. Pero no vaya a creer que disponen de abundantes reservas de soldados. Como lo estamos viendo con la guerra en Irak, ya cada vez menos norteamericanos se inscriben. Han convertido el enrolamiento para el ejército en una fuente de empleo, contratan desempleados, y muchas veces tratan de contratar el mayor número de negros para sus guerras injustas. Pero han llegado noticias de que cada vez menos afronorteamericanos están en disposición de inscribirse en el ejército, a pesar del desempleo y la marginación a que son sometidos; porque tienen conciencia de que los están usando como carne de cañón… Buscan, para sus guerras, latinos, inmigrantes que, tratando de escapar del hambre, cruzaron la frontera, esa frontera donde están muriendo más de 500 inmigrantes cada ano, muchos más, en doce meses, que los que murieron durante los 28 años que dura el muro de Berlín. Del muro de Berlín el imperio hablaba todos los días; del que se levanta entre México y Estados Unidos, donde mueren centenares de personas al año, pensando escapar de la pobreza y el subdesarrollo, no hablan una sola palabra”. 

Para quienes la percepción de riesgo le es ajena y siguen los cantos de sirena imperial, advirtió: “Ese es el mundo en que estamos viviendo. Un mundo en el que hay que saber defenderse. El enemigo también hace una lucha psicológica. Si el enemigo cree que uno lo tolera, si el enemigo cree que uno no hace nada, se le desata lo que biológicamente se pudiera llamar el instinto de persecución. Los domadores de leones a veces dan la espalda al león, usan el látigo, el fuete, que hace ruido y de vez en cuando saludan, reciben los aplausos y se mueven otra vez para allá, porque si no, reacciona el león, por instinto de persecución. Hasta un perrito faldero, de esos mansos, empieza a ladrarle, y si uno huye, sale corriendo detrás y hasta le puede morder el pantal6n. Pero si uno se vira, el perrito va para atrás. A mí me ha ocurrido en el mar con las barracudas, los tiburones, cuando uno les hace frente, entonces vienen el instinto de conservación de ellos que les hace retroceder. No hay nada peor que darle la espalda al enemigo, porque desarrolla ese instinto de persecución, eso es de las fieras, y un imperio es mucho más que una fiera, y la psicología de los que dirigen un imperio y manejan sus armas es la de las fieras. Y ustedes no quieren ser presa de ninguna fiera. No. Las fieras hay que enfrentarlas”. 

Con sólidos argumentos fijó su legado: “Primero, el imperio tiene que saber que va a haber lucha y que el precio será alto. Segundo, debieran sospechar que todo puede terminar como han terminado estas aventuras y como estoy seguro de que terminaría una aquí; más, fíjese bien, no lo deseamos ni mucho menos; no lo podemos desear. Entonces, es nuestra pelea, fíjese, y es nuestra respuesta, y la encontraran siempre, no de la forma que se imaginan, porque otra de las cosas que tiene que hacer el que es más débil es usar la inteligencia, la psicología, la astucia”. 

Sobre la ética de una guerra no deseada, afirmó: “Es decir, estoy hablando de cosas limpias, porque jamás, dentro de los medios de lucha, nosotros contemplamos lo inmoral. Nunca serán procedimientos que estén contra nuestra ética y contra nuestros principios. ¿Porque desde cuánto tiempo estuvieron planeando asesinarme?, y sin embargo por la mente de ningún cubano, en este país, pasó jamás la idea de responder con un plan de asesinato del Presidente de Estados Unidos. Y eso duró años, y esa fue la base por lo que algunos pensaron si Cuba tenía algo que ver con la muerte de Kennedy o la de los otros. Se sabe la historia. Eso no está de acuerdo con nuestra ética”. 

Como maestro de generaciones en el arte militar, legó: “Tampoco es político hacer eso. Usted, frente a los problemas, defiéndase. La batalla esa hay que ganarla dificultando que ellos alcancen los objetivos en lo político también, lo otro puede ser un disparate. Bueno, la esencia es que estábamos enfrascados en esa batalla”. 

Una reflexión sobre la inminencia de un ataque y ocupación del territorio cubano por Estados Unidos, que tiene total vigencia en el año de su centenario: “Por eso digo que tendrían que invadirnos y ocupar la isla con millones de soldados. Que no tienen. Nosotros poseemos medios para hacerle la vida muy dura a un invasor. Además del ejército regular y de las reservas, disponemos de milicias de tropas territoriales. Millones de personas, hombres y mujeres, dispuestos todos a luchar sin tregua en defensa de la patria. Calculando que el ejercito yanqui, para liquidar este país, tuviese que emplear dos militares por cada combatiente nuestro, ellos necesitarían una fuerza de no menos de cinco millones de soldados. Y sufrirían muchas bajas, se lo aseguro. Nosotros les podemos garantizar que aquí están reunidas todas las condiciones para que Cuba se transforme, para ellos, en un infierno, una trampa mortal. Ellos lo saben, porque entrarían en una lucha de hombre contra hombre, no de divisiones mecanizadas contra divisiones mecanizadas, o de fuerza aérea contra fuerza aérea, o de armada contra armada. En una guerra convencional, ellos tendrían muchas ventajas. Pero en una guerra de resistencia popular, organizada en todo el país, donde no habría ni frente ni retaguardia, toda su tecnología se reduciría a nada”.

Y añadió una sentencia para la posteridad: “Cualquier hombre o cualquier mujer de Cuba prefiere la muerte a vivir bajo la bota de Estados Unidos”. 

Reflexiones de hace más de dos décadas, que parecieran expresadas en el presente: “En Miami y en Washington se discute hoy dónde, cómo y cuándo se atacará a Cuba o se resolverá el problema de la Revolución. En lo inmediato han tornado medidas económicas que endurecen el brutal bloqueo. Si la formula fuese atacar a Cuba como a Irak, me dolería mucho por el costo en vidas y la enorme destrucción que para Cuba significaría. Pero tal vez fuera ese el último de los ataques de esta administración, porque la lucha duraría mucho tiempo, ya le digo, enfrentándose los agresores no hoy sólo a un ejército sino a miles de ejércitos que constantemente se reproducirían y harían pagar al adversario un costo en bajas tan alto que estaría muy por encima del presupuesto de vidas de sus hijos que el pueblo norteamericano estaría dispuesto a pagar por las aventuras y las ideas del presidente Bush”. Muy similar a la política hostil de Donald J. Trump, convertido en un conquistador, que envía a sus soldados como si fueran sus empleados a guerras inútiles.

Sobre la expresión de la solidaridad mundial en caso de una inminente agresión a Cuba, con claridad meridiana, el líder histórico expresó palabras proféticas: “La Revolución Cubana tiene muchos amigos, en muchos países; cuenta con grandes simpatías, que ya han expresado su solidaridad después de las amenazas contra nosotros anunciadas por el presidente Bush. Nadie, sin embargo, luchara por nosotros. Sólo nosotros mismos, con el apoyo de millones de trabajadores manuales e intelectuales de los propios países desarrollados -que y en caer también sobre sus pueblos la catástrofe de la globalización-, sembrando ideas, creando conciencia, movilizando a la opinión pública del mundo y del propio pueblo norteamericano, podremos ser capaces de resistir”.

Estas citas sobre un tema tan indeseado como la guerra inútil contra la tierra de los mambises, de los rebeldes de la sierra y el llano, de los continuadores de leyendas y obras, nos llevan a la historia en busca de las respuestas a las preguntas de estos y todos los tiempos, para concluir que a la Patria se defiende.

5 de junio de 2026

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