CELAC, derechas y después

Por Jorge Elbaum.

La derecha argentina se dispone a boicotear la presencia de los presidentes de izquierda de América Latina y el Caribe, porque aducen que son dictadores. Afirman, sin ruborizarse, que en Cuba, Venezuela y Nicaragua no hay democracia, pese a que los tres países ostentan sistemas electorales. El problema es que dichos modelos no son aptos para la intervención ni la manipulación del Departamento de Estado.

El pedido de detención a los tres jefes de Estado –impulsados por quinta columnas  cambiemitas–  expresan una doble intención: por un lado, demonizar a Nicolás Maduro, Miguel Díaz Canel y Daniel Ortega,  y, por el otro, destruir cualquier integración regional latinoamericana y caribeña. Los grupos concentrados, las trasnacionales y las corporaciones empresariales exigen que la única ligazón continental sea la liderada por Washington a través de la Organización de Estados Americanos. Cualquier otra forma de diálogo –en la que no figure Estados Unidos– debe ser destruida.

Pero la consideración sobre las democracias –por parte de las derechas oligárquicas locales– no deja de ser absurda: mientras  los cambiemitas atizan el odio contra los mandatarios de izquierda, el máximo referente de su espacio, Mauricio Macri recibe –sin el más mínimo cuestionamiento– al Emir de Qatar, el Sheik Tamin bin Hamad Al Thani.

Al Thani es el monarca del país en el que se llevó a cabo el mundial de fútbol. Desde su independencia en 1971, el sistema político del emirato solo cuenta con una junta consultiva decorativa –con nombramientos digitados por el propio príncipe– que carecen de autoridad para cuestionar las decisiones monárquicas o modificar las normas sociales fundamentalistas, que incluyen el sometimiento de las mujeres y la condena a muerte por casos de homosexualidad.

Esa doble vara es la que caracteriza a las reaccionaros vernáculos: consideran como dictaduras a los sistemas de gobierno que, curiosamente, benefician a las grandes mayorías. Pero omiten tales calificaciones contra las verdaderas dictaduras autocráticas en las que el pueblo carece de derechos o está condenado al servilismo más miserable. Al Thani nació en Doha el 3 de junio de 1980, tiene 42 años y es la máxima autoridad en Qatar desde la abdicación de su padre, Hamad bin Khalifa Al Thani, en 2013. Cuando asumió al trono, el petróleo del emirato era propiedad de su familia.

El Emir pasó el fin de año en Punta del Este con empresarios a los que tampoco les preocupa su dictadura absolutista. Llegó el 31 de diciembre de 2021 al aeropuerto Laguna del Sauce y,  el primer día del año, visitó sus dos yates –Alpha y Aquarius, valuados en 300 millones de dólares– que ordenó navegar desde el puerto de Niteroi, en Brasil. Una semana después, el monarca –a quien se acusa de ser el responsable de seis mil obreros muertos durante los tres años en que se construyeron los estadios mundialistas–  se subió a un avión de Qatar Airways, con el objetivo de visitar a su amigo, el ex presidente, con quien comparte su pasión por los negocios futbolísticos. Al Thani es, curiosamente, el propietario del club francés París Saint Germain, donde juega Leonel Messi. Mientras compartía un almuerzo con el potentado  petrolero, logró exhibirle al árabe su preocupación por la istia de los tres jefes de Estado.

A la derecha no le preocupan las monarquías feudales arábigas. Ni siquiera las formas participativas de gobierno.

Nunca se le ocurriría a Patricia Bullrich solicitar la detención de Al Thani porque gobierna su país de forma despótica. Tampoco solicitarían la detención de Xi Jinping –a pesar de ser un líder comunista– por el simple hecho de que posee arsenal nuclear y es el primer socio comercial de dos terceras partes del mundo.

La aprensión de las derechas oligárquicas hacia los líderes populares latinoamericanos se vincula con el terror visceral a posibles emulaciones. El terror primigenio de la derecha es al protagonismo popular que expresan Díaz Canel, Maduro y Ortega. La fantasmagoría más insoportable de las derechas locales se relaciona con sociedades civiles articuladas con el Estado y Fuerzas Armadas comprometidas con el destino emancipatorio soñado por los  próceres del Siglo XIX.

No es la democracia liberal lo que defienden –de hecho la han desconocido y atacado en todos los golpes militares y genocidas en la región–, sino un sistema capaz de garantizar sus intereses concentrados, que al mismo tiempo impida el protagonismo de las mayorías.

El juntismo local va a recoger un doble fracaso:  la CELAC continuará su proceso de articulación sin intervención de Washington y los tres mandatarios serán recibidos con inmenso cariño por las organizaciones sociales. Y en el medio de esas manifestaciones –que se observarán los próximos días en Argentina– irrumpirán las imágenes de Simón Bolívar, José de San Martín, José Gervasio Artigas, Sandino, Fidel Castro y el Ché. Esos nombres alumbrarán las conciencias de quienes tienen la certeza de que la historia no termina. Y sus voces –sin duda– aturdirán las conciencias cipayas de quienes apuestan a una Latinoamérica desunida.

Tomado de SinFondo.

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