Cambios en las fuerzas de seguridad brasileñas: táctica o estrategia

Por Gustavo Maranges / Corresponsal de Resumen English en La Habana.

Este fin de semana fueron confirmados numerosos cambios en los mandos de las fuerzas de seguridad brasileñas. Es un movimiento que ha despertado mucho interés debido a su impacto en el recién iniciado gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Los cambios han sido numerosos pero su verdadero impacto dependerá de cómo los hubiese catalogado el escritor uruguayo Mario Benedetti de acuerdo a su célebre poema “Táctica y Estrategia”.

Según informan medios brasileños, el Comandante del Ejército Julio C. de Arruda fue sustituido por el Jefe del Comando Sudeste Tomás M. Ribeiro, luego de que el presidente declarase haber perdido la confianza en Arruda debido a su deficiente actuación durante el intento de Golpe de Estado del día 8 de enero.

Este cambio resulta interesante no solo por tratarse del militar de mayor rango, sino por las circunstancias que rodean el hecho. Arruda asumió provisionalmente su cargo el 30 de diciembre, tan solo dos días antes de la toma de posesión de Lula, y su sustitución casi inmediata estaba dentro de los planes de la transición. Sin embargo, el día 6 de enero, cuando ya se gestaba el asalto a las instalaciones de los tres poderes estatales, fue ratificado en el puesto por el actual Ministro de Defensa José Mucio Monteiro.

Este hecho  no sorprende si se toma en cuenta que Lula es un líder progresista que ganó las elecciones de la mano de una extensa coalición política, lo cual implica riesgos de esta naturaleza. Sin embargo, la verdadera razón es de naturaleza estructural.

A pesar que Mucio fue designado por el presidente, antes debió contar con el beneplácito de la cúpula militar. Se trata de una especie de salvaguarda para proteger a una casta militar conservadora que responde a los intereses de las oligarquías y cuya función no ha variado desde la década del 60 del siglo pasado cundo se dedicaron a asesinar, a destruir la democracia y a reprimir cualquier atisbo de progresismo. En esencia, son estructuras que han sido diseñadas y educadas para mantener a raya a políticos como Lula.

El hecho ha levantado importantes cuestionamientos sobre este proceder, al mismo tiempo que demuestra cuan peligroso representa para la democracia brasileña la excesiva independencia y las prerrogativas de los militares, las cuales Bolsonaro no escatimó en ampliar. Él era plenamente consciente de cuanto beneficio le reportaba esto, por lo que se dedicó a fortalecer esta peligrosa tendencia. De ahí que, uno de los rasgos distintivos de su administración fue el asenso de militares de la reserva y en activo a numerosas estructuras de gobierno.

Lula, que es un político habilidoso y conocedor de su país, anunció desde el inicio su intención de reducir el número de militares en sus círculos más cercanos y favorecer la designación de civiles. Sin embargo, los hechos del pasado 8 de enero mostraron cuan urgente era esta cuestión. Por tanto, también fueron relevados de sus funciones 53 efectivos vinculados a la residencia del presidente y al Palacio de Planalto. De ellos 13 formaban parte del Gabinete de Seguridad Institucional de la Presidencia, institución con rango de ministerio encargada de la seguridad del Jefe de Estado y asesoramiento en materia de inteligencia.

Esta amplia renovación también está vinculada a las críticas del presidente a todos los órganos de inteligencia, quienes no hicieron ni una sola advertencia sobre la situación que se estaba gestando. Sin embargo, hasta el momento no se conoce sobre cambios específicos en las direcciones de estas estructuras.

Por otro lado, también fueron sustituidos los jefes de la Policía Federal (PF) en 18 Estados y 26 de los 27 jefes regionales de la Policía Federal de Carreteras (PRF). Todos estos cambios habían sido planificados como parte de la transición, lo que indica que en palabras de Benedetti, no son una táctica, sino parte de la estrategia. En el caso de la PF, en su mayoría corresponden a las jefaturas de estados considerados bastiones de Bolsonaro, dónde la politización de las fuerzas del orden ha aumentado peligrosamente. En tanto, la renovación casi total de las jefaturas de la PRF está vinculada a su complicidad con los bloqueos de carreteras para impedir el voto de los partidarios de Lula y afectar de esta forma el resultado de las elecciones presidenciales.

¿Táctica o estrategia?

Todo parece indicar que no se trata de una táctica motivada por la coyuntura, sino de una estrategia que responde a la realidad y los problemas estructurales que afronta Brasil y los países latinoamericanos como regla. No tomar en cuenta este elemento ha demostrado ser decisivo en el futuro de los gobiernos de la región.

Por ejemplo, en Colombia, el Presidente Gustavo Petro no solo renovó el mando de las Fuerzas Armadas y de la Dirección Nacional de Inteligencia, sino que retiró a 40 generales. Estos cambios eran un requisito indispensable para garantizar su seguridad y para avanzar con su plan de una “Colombia más Humana” el cual incluye la paz total del país. En cambio, casos como el de Perú son la otra cara de la moneda, donde si bien el rol principal lo ha desempeñado el Congreso, nada se hubiese logrado sin la venia de la casta militar peruana.

Lula ha optado por la estrategia correcta, pero enfrentará grandes obstáculos en el camino. Mantener unida una coalición tan diversa como la que lo llevó al poder es una de sus prioridades que complejiza cualquier transformación estructural como la que necesita Brasil. En tanto, también tendrá que enfrentar un Parlamento con mucho poder donde los partidarios de Bolsonaro están preparados para hacer la más feroz de las resistencias. Sin embargo, el contexto es propicio para avanzar a pasos acelerados.

Luego de derrotado el intento de Golpe de Estado, los brasileños se han concientizado sobre cuan peligrosa puede resultar la politización de las fuerzas de seguridad y su participación directa en el gobierno. De ahí que se encuentren sometidas a un gran escrutinio público que limita las posibilidades de maniobra de esta élite, Por otro lado, la institución está muy asociada al exmandatario, cuya imagen se desploma por minuto. Todo en medio de un contexto de cambio total en la política nacional que garantiza a Lula el escenario propicio para materializar su estrategia de desmilitarización de la política del país.

Del éxito de esta estrategia dependerá mucho la estabilidad de uno de los gobiernos progresistas más importantes de la región, y por consiguiente de toda Latinoamérica. 

Foto de portada: Nueva Tribuna.

Autor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: