Internacionales

Estados Unidos, fue promotor del fascismo en Argentina (II)

Por José Luis Méndez Méndez */  Especial para Resumen Latinoamericano

Un documento anterior de la CIA, de 1974, argumentaba sobre la necesidad de generar una coordinación efectiva para enfrentar a la “subversión”, que se consideraba en ascenso. La organización Montoneros en 1972 se fusiono con Descamisados y al año siguiente con las llamadas Fuerzas Armadas Revolucionarias, con la que venía actuando, que contribuyó a que la dictadura militar convocara a elecciones libres ese año en las que venció Héctor Cámpora, vinculado a esa organización, pero el 12 de julio de 1973 renuncia.

Se ve que las redes militares ya son muy estrechas. Hay comunicaciones muy fluidas. Pero no es hasta finales de 1975, que se formaliza y nace la Operación Cóndor. En la práctica, lo que se hace es solamente reconocer lo hecho y por hacer.

El protagonismo de Estados Unidos está implícito, para probar su presencia, coordinación o participación, sin embargo, se presenta difuso, no hay un sólo documento que muestre eso con todas las palabras, pero la serie y el contexto con la Escuela de las Américas y el Comando Sur en funcionamiento, aportaron datos para demostrar su omnipresencia. Dos documentos dan fe de la intervención.

El primero es muy conocido entre quienes estudian la Operación Cóndor. El documento del 10 de junio de 1976, tiene forma de relatoría y da cuenta de una conversación entre el secretario de Estado de Estados Unidos, Henry Kissinger y el ministro de Relaciones Exteriores de Argentina César Augusto Guzzetti. En el documento, Guzzetti describe la coordinación de Inteligencia con las dictaduras del Cono Sur. Explica que el problema del terrorismo está generalizado. Señala que para combatirlo, están tratando de unir esfuerzos con Chile, Paraguay, Bolivia, Uruguay y Brasil. Kissinger le responde con una frase muy conocida y que refleja la complicidad: “Si hay cosas que tengan que ser hechas, deben hacerlas rápido. Pero deben volver rápido a procedimientos normales”.

El 13 de agosto de 1976 el Departamento de Estado emite un documento muy protocolar y una posición bien distinta. “El gobierno de los Estados Unidos se ha dado cuenta del plan de los países Cóndor de participar en una cooperación para asesinar subversivos y exiliados políticos dentro y fuera de los países que pertenecen a la Operación Cóndor”. “Y el Departamento de Estado elabora un borrador en el que ordena a sus embajadas conseguir citas con los niveles más altos, lo más pronto posible. Deben expresar que ‘mientras aprobamos el intercambio de Inteligencia e información, los planes de asesinatos internacionales son muy serios y crearían problemas en las relaciones con los Estados Unidos”.

Nada más falso, que muestra el doble rasero estadounidense, cinco días antes del asesinato de Orlando Letelier, Kissinger revocó esa indicación, cuando ya los sicarios de la DINA, integrados por terroristas de origen cubano y un estadounidense al servicio de la DINA, estaban al acecho de su presa chilena.

Los servicios especiales estadounidenses conocían entonces que agentes de la llamada DINA, se habían conjurado para el asesinato y se habían desplazado hacia Estados Unidos, tenían además seguimiento sobre los extremistas cubanos y dejaron que el crimen se consumara.

El punto 10 del texto, dice a las embajadas del Cono Sur que “deben por supuesto tener en claro que ninguna agencia del gobierno de los Estados Unidos. sea implicada de ninguna manera en intercambiar información o datos sobre un individuo subversivo con los gobiernos locales, incluso en esos países donde proponemos expandir nuestro intercambio de información. Es esencial que de ninguna manera nosotros pongamos o apuntemos el dedo sobre individuos que pueden ser candidatos de intentos de asesinato”. También falaz, desde hacía años, Robert Scherer, quien fue un funcionario del FBI, que fue radicado en la embajada de Estados Unidos en Argentina, como agregado policial para ser los ojos y oídos de las agencias estadounidenses en la región.

Mensajes enviados por Scherer, a sus superiores en el FBI, el 16 de marzo y al Departamento de Estado, informaron del viaje del teniente general Daniel O. Graham, director retirado de la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA) a Buenos Aires, doce días antes del golpe de Estado, en compañía del archiconservador senador Jesse Helms. El general Graham, había sido subdirector de la CIA, lo cual implicaba el nexo entre agencias estadounidenses y el zarpazo castrense en gestación.

El citado Scherer, bien documentado informó a sus jefes que el conjurado militar argentino Jorge Rafael Videla, quería conocer el parecer del militar estadounidense sobre las relaciones públicas del golpe en desarrollo y sus consejos. El vínculo entre Estados Unidos y lo acontecido en Argentina el 24 de marzo es evidente por omisión. El entonces embajador Robert Hill, sugirió la salida de Graham del país y él mismo lo abandonó el 17 de marzo para aparentar desconocimiento. El director de la CIA, George H.W. Bush, alertó el 11 de marzo al presidente Gerald Ford, sobre el golpe de Estado en Argentina, previsto para ese mes, mientras un miembro de la comitiva de Graham, adelantó, que se efectuaría el 15 de ese mes.

Este documento no es Kissinger, es el Departamento de Estado, que ejercía el doble rasero. De hecho, en investigaciones sobre la Operación Cóndor se habla de “la luz verde y la luz roja”. Lo que se ve es que “el Departamento de Estado le está diciendo a los ejércitos de la región que no podían continuar con este nivel de asesinatos. Están diciendo: ya sabemos que Cóndor está matando gente. Y líderes. Eso no puede ser. Nosotros queremos parar eso. Podemos cooperar pero es éticamente imposible de sostener”.

Lo real es que Kissinger le da un mensaje a Guzzetti, les da el autorizo a los militares argentinos en particular, pero también lo hizo en Chile y en otras partes. La política oficial del Departamento de Estado está marcada por el Congreso de Estados Unidos, que tiene un debate en ese momento sobre las violaciones a los derechos humanos, que está recorriendo el mundo debido a la influencia de las agencias de Inteligencia y las agencias militares. El Departamento de Estado asume como política oficial la promoción de los derechos humanos en ese momento”. Al menos lo que se ve, que no es lo real.

Las operaciones en los años setenta para eliminar a los líderes de izquierda y organizaciones sociales que se oponían a las dictaduras del Cono Sur, apoyadas por Estados Unidos, quedaron al descubierto, una vez más, en documentos secretos de la CIA, desclasificados, revelados por la administración demócrata de Barack Obama.

El pacto regional para acabar con cualquier subversión se consolidó en el marco de la Operación Cóndor, como se conoce, cuando represores de esos países, excepto Brasil, acordaron establecer canales para facilitar la movilización de un país a otro de sus pares locales, encargados de realizar operaciones secretas.

Los represores de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, intercambiaban información sobre líderes de izquierda, a quienes catalogaban de “terroristas”. El programa también incluía actividades ilegales fuera de América Latina contra exiliados, particularmente en Europa.

“Dos prominentes exiliados políticos en Argentina fueron asesinados en misteriosas circunstancias”, dice el documento. Además, revela que en mayo de 1977 hombres armados asaltaron las oficinas de la Comisión Católica Argentina sobre Inmigración y robaron los archivos con información sobre cientos de inmigrantes y refugiados. La Policía de Argentina no investigó el crimen. Un mes después 24 refugiados chilenos y uruguayos fueron secuestrados y torturados. Tras ser liberados, las víctimas dijeron que sus torturadores eran oficiales de seguridad de Chile y Uruguay.

También, un grupo de uruguayos fueron secuestrados en Buenos Aires, internados en centros clandestinos de detención y luego los llevaron a Montevideo en un avión de Uruguay. Al llegar, los militares les ofreció dejarlos vivir si acordaban ser “capturados” como si fueran un grupo armado que iba a atentar contra el país. Otros fueron asesinados.

La Junta de Coordinación Revolucionaria (JCR), que se oponía a las dictaduras del Cono Sur, fue uno de los principales objetivos de la Operación Cóndor. Los documentos desclasificados catalogan eufemísticamente como medidas “no violentas” el uso de guerra psicológica y propaganda mediática de las dictaduras para difundir mentiras sobre grupos de izquierda y así generar miedo en la población para que revelaran cualquier actividad inusual de estos, en sus localidades.

Una rápida y breve mirada al pasado argentino, así como al origen indican, que el fascismo apareció en Argentina en la misma época que en Europa y sería la década de 1920 su etapa de arranque. Se darían todos los ingredientes de este ideario, a saber: nacionalismo extremo y excluyente, racismo, antisemitismo, política de masas, anticomunismo, imperialismo popular y obrero y antiimperialismo de Guerra Fría, violencia política y terrorismo de Estado y ensalzamiento del conflicto bélico como valor supremo. Serán sacerdotes católicos, entre otros estamentos sociales, los encargados de transmitir este pensamiento. Argentina crea una ideología fascista a su medida y semejanza y en esta visión Estados Unidos, tendría un protagonismo destacado. Continuará…

(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, “La Operación Cóndor contra Cuba” y “Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba”. Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

Foto de portada: | Cedoc Perfil

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