Cuba

Che una y otra vez

Por Rodolfo Romero Reyes

Lo que comenzó siendo el Archivo Personal del Che, sentó las bases del hoy Centro de Estudios Che Guevara. Desde allí, María ha dedicado horas a escudriñar, investigar, editar, al autor de «El socialismo y el hombre en Cuba».

La historia de María del Carmen Ariet (Artemisa, 1949) está ligada a uno de los íconos más importantes del siglo xx, con plena vigencia en lo que va del XXI: Ernesto Guevara de la Serna, un revolucionario que cautivó a la generación de esta apasionada investigadora, formada al abrigo del naciente proceso.

El devenir trenzó su camino con el de Aleida March, compañera de vida y de lucha del Guerrillero Heroico. La amistad las hizo cómplices en un encargo histórico: rescatar, ordenar, conservar la papelería del argentino-cubano. Pero María no llegó aquí de carambola; su carácter enérgico, su formación marxista y sus ideales revolucionarios, obraron en esa suerte de desafío intelectual.

Lo que comenzó siendo el Archivo Personal del Che, sentó las bases del hoy Centro de Estudios Che Guevara. Desde allí, María ha dedicado horas a escudriñar, investigar, editar, al autor de El socialismo y el hombre en CubaIntegró el equipo multidisciplinario que halló los restos de los guerrilleros en Bolivia, en 1997, y, desde hace 20 años, es artífice del proyecto editorial de la institución y las editoriales Ocean Press y Ocean Sur. Iniciamos estas líneas, con la evocación a sus tiempos de universidad.

«Los años comprendidos entre 1959 y 1965 — marcados en el archipiélago por un real enfrentamiento de clases — no fueron iguales a los que vinieron después: predominaba la batalla de la Reforma Universitaria y comenzaban a perfilarse los objetivos de la nueva universidad en el socialismo. El fenómeno del sectarismo se había manifestado tempranamente y explosionado en 1962, con su consiguiente secuela. No todo se borró de un plumazo, pero dejó una lección: las acciones positivas o negativas tendrían como marco de referencia nuestros propios errores.

«Después, aunque se arrastraron algunos problemas, las formas y el contenido fueron modificándose, influidos por la propia obra de la Revolución. Los grupos de alumnos y su origen de clase cambiaban en actitudes e intereses; la masa estudiantil resultó otra. En esa vorágine — donde muchos no tenían una conciencia clara de la dimensión de los problemas, pues había que aprenderlo en la práctica cotidiana — comenzaron a perfilarse los nuevos caminos y roles que debíamos asumir la mayoría de los estudiantes que habíamos decidido participar, activamente, en una revolución socialista en el Caribe, a 90 millas de Estados Unidos».

— ¿Qué marxismo se discutía en las aulas?

«En ese proceso de cambio, tan intenso y radical, muchas veces los jóvenes, por su propia extracción social, no conocían a profundidad los debates académicos y políticos que se desarrollaban en la época, ni tampoco dentro de determinados sectores políticos en el país. Por todo eso, Cuba tuvo que convertirse en una gran escuela — como diría el Che — , para avanzar, para desarrollarse. Se incrementó el interés por ampliar la cultura y la ideología que sustentaban la política.

«Para valorar la filosofía, en general, y el marxismo, en particular, que se enseñaba y se ‘discutía’, habría que pasar por tamices que evolucionaban acordes con el conocimiento que se iba adquiriendo. Nos sentíamos impulsados a buscar respuestas a nuestras dudas, incluso dentro de nosotros mismos. La propia época que vivíamos nos exigía crecer espiritualmente, según la vocación intelectual propia y por la influencia que se recibía de las instituciones educacionales, entiéndase las universidades o las escuelas de formación política creadas para la superación de los cuadros. De una forma u otra, por un camino u otro, se estudiaba con dedicación y se iba encontrando, en el marxismo, un pensamiento, una teoría que sentíamos afín a nuestra conducta, a nuestros actos.

«Quizás no se tenía la certeza de qué se buscaba, pero sí la garantía de lo positivo de la búsqueda y de su utilidad. No solo se hacía para satisfacción individual, sino para lograr una interpretación adecuada y sólida acerca de lo que se transformaba, y ver cómo se podía contribuir a hacerlo mejor. Así crecimos, unos con más profundidad de pensamiento que otros.

«Una parte de nosotros nos fuimos topando con la enseñanza de la filosofía y adentrándonos en el conocimiento del marxismo casi de forma espontánea, pero a la vez compleja, si se tiene en cuenta el poco dominio que poseíamos para alcanzar una adecuada interpretación de su historia y desarrollo. Ese salto se produjo cuando nos dispusimos a profundizar en algo que trascendía la media del interés de la mayoría, y nos involucramos con personas y grupos afines a esas inclinaciones.

«Definir qué marxismo asimilábamos, pasaba por nuestro vínculo con determinados grupos o tendencias. No se puede pensar que un alumno de cualquier carrera universitaria que tenía que cursar la asignatura dentro de su currículo se cuestionara, en sus primeros momentos, la existencia de tendencias, los debates en boga, las interpretaciones que se derivaban de ellos — influidas o no por el dogmatismo o el escolasticismo — ; o si lo que se impartía formaba parte de una realidad compartida por todos.

«Era una especie de ensayo y error, donde se comenzaba a comprender una u otra posición, muchas veces por el contraste simple de lo que demostraba la práctica y su equivalencia en lo teórico. Por eso es tan importante ubicar en tiempo y espacio las diferencias entre lo que se había decidido impartir en las aulas universitarias, y lo que se impartía en las escuelas orientadas o guiadas por el Partido, como centro que irradiaba un interés por promover un pensamiento oficial. En esa época se impartía en las escuelas de instrucción revolucionaria el marxismo suscrito, en casi su totalidad, a la versión estalinista acuñada; apoyada en el uso de manuales elaborados mediante un pensamiento dogmático y restrictivo.

«Desde esos años sesenta comienza la confrontación en diferentes escalas y niveles. Los estudiantes universitarios cursaban un marxismo no apegado a los cánones de los manuales tradicionales, ya que era el Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana — creado en 1962 — el que se encargada de elaborar los programas y los textos de estudio.

«La pugna porque primaran las posiciones más ortodoxas estaba permeada por el sectarismo de esos años, que presionaba para tratar de homologar la formación de los estudiantes. Esa deformación trajo consigo, sin ser absolutos, el mecanicismo, el simplismo, la enseñanza memorística y la imposición de una enseñanza distanciada o empequeñecida de la verdadera dialéctica de la historia.

«Lamentablemente, esa tendencia se impuso, reduciendo la discusión a un núcleo pequeño que quedó fraccionado cuando, en 1970, se decide cerrar el Departamento, por no atenerse a lo que se consideraba la línea ‘oficial’ de la enseñanza del marxismo. Como consecuencia se interrumpió un proceso de polémicas, discusiones y debates muy fructíferos para la intelectualidad y para los jóvenes que se formaban dentro de los estudios de las ciencias sociales y especialidades afines.

«Con el tiempo, las huellas de esa historia, de sus protagonistas y de su tesón, han sido retomadas por nuevos grupos generacionales; no solo por mera discusión en el plano intelectual, sino por la propia necesidad de cambios renovadores, a partir de los problemas complejos que se manifestaron en el mundo socialista y en nuestra sociedad, a finales de los años ochenta y principios de los noventa.

«Pensar en el marxismo hoy es un reto, no porque algunos lo hayan decretado en exterminio, sino porque su capacidad objetiva y sus métodos no han perdido su fuerza demostrativa para nuclear lo mejor de las generaciones, a pesar de esos momentos en que lo han querido despojar de su esencia revolucionaria».

— En esos primeros años, uno de los líderes que se posicionó contra los dogmas fue precisamente Ernesto Guevara.

«Es cierto. No se puede pasar por alto la importancia del pensamiento y actuar del Che, en su esfuerzo por estudiar y profundizar en los caminos emprendidos por el socialismo, y dónde y en qué momento se bifurcaron esos caminos, alejándose de los postulados esenciales del marxismo.

«Tuvo el mérito de rescatar para el pensamiento marxista de la Revolución Cubana, el ideario de Fidel, el concepto del papel de hombres y mujeres en la construcción socialista, y el pensamiento filosófico de Marx y Engels, tan necesario en el cambio, y omitido en los manuales de esa época.

«Por eso, ante la existencia de tendencias en el mundo que se esfuerzan en devaluar el marxismo, en Cuba se puede aseverar — a pesar de los problemas existentes, que son muchos y que hay que superarlos si queremos preservar la obra de la Revolución — la presencia y fundamentación de una teoría que mantiene su validez, cuando de cambios reales se trata.

«Nos queda un recorrido arduo para construir, desde la teoría, nuevas formas y objetivos. Somos conscientes de que no se ha podido desarrollar el marxismo a plena capacidad, porque sus limitaciones se han centrado más en la interpretación que en principios y objetivos bien definidos en el plano teórico. En esas raíces, insisto, están los aportes, conscientes o no, que han realizado la obra de la Revolución y su ideario político, por más de sesenta años».

— ¿En qué medida los viajes por Latinoamérica del joven Ernesto contribuyeron al avance de su pensamiento político, filosófico?

«Ese es el período en que lo sentimos interrogándose a sí mismo sobre sus posiciones e influencias filosóficas, con el matiz de la práctica como respuesta valedera a sus interrogantes. Encontró en la América Nuestra — la que desconocía en sus esencias autóctonas– una verdad reveladora. Beber de la cultura de los pueblos originarios, conocer su estado deplorable y de indefensión, en contraste con todo lo que habían alcanzado antes de la brutal conquista, elevó sus inquietudes filosóficas a un plano terrenal.

«Aquí comienza a entender la importancia de la filosofía como instrumento adecuado para contribuir a la solución de los problemas que encontraba a su paso. Definió su posición teórica dentro del marxismo y buscó respuestas para encauzar sus pasos.

«Esa búsqueda lo llevó por el camino de la revolución, convirtiéndose Guatemala en un punto de inflexión en su radicalización filosófica y política. Su determinación de actuar desde la filosofía marxista avalaría una praxis política acorde con esos principios. Es una sumatoria la que anuncia sus decisiones posteriores; es la conjugación de principios humanistas asumidos del marxismo, con otras corrientes de pensamiento, y el compromiso expreso de luchar por su reivindicación y su liberación plenas.

«En Guatemala, como es conocido, no pudo alcanzar sus sueños. Tuvo que transitar por un nuevo camino que le permitiera entender y actuar, para darse cuenta del valor real de sus primeras percepciones sobre el hombre en revolución. Es, por tanto, en la Revolución Cubana, que puede sentirse realizado en sus aspiraciones de poder contribuir a elevar peldaños superiores en la transformación plena de hombres y mujeres, y que puede acercarse a su verdadero humanismo.

«La aspiración de formar sujetos aptos para emprender un proceso profundo de cambio fue, desde ese momento, uno de sus objetivos esenciales, desde la formación del combatiente en la lucha armada, hasta su crucial papel en la construcción de una nueva sociedad. La conjunción de una ética consecuente, elemento esencial en el pensamiento teórico del Che, nos permite entender cómo, desde los primeros tiempos del proceso revolucionario cubano, abogó por el surgimiento de un nuevo tipo de hombre, todavía no lo adjetivaba ‘nuevo’, por considerar que se estaba en un presente que pugnaba por cambiar el pasado y era necesario avanzar en ese sentido. Hombres y mujeres de nuevo tipo que necesitaban cambiarse a ellos mismos y también, con su esfuerzo y tesón, cambiar el medio.

«Visto de ese modo pareciera un tanto simple, pero uno de los cambios más difíciles era el que tenía que operarse desde el interior del hombre mismo. Al principio le llamó motor interno, para que la masa de hombres sin cultura comprendiera, en profundidad, lo que se esperaba de ellos, entendiera lo que se les estaba pidiendo. Ese motor interno, que no es más que la conciencia, sería un eje imprescindible en la comprensión del papel que le correspondería desempeñar al nuevo hombre que iría surgiendo».

— ¿Era el Che un marxista convencido?

«Ernesto era un joven con ansias de conocer la realidad latinoamericana; poseía, desde la adolescencia, una vasta cultura. Sobre todo, y siempre hay que remarcarlo, era un apasionado por la filosofía, materia que lo acompaña en sus estudios autodidactas y mediante la cual descubre el marxismo, sus principales pensadores y sus preceptos transformadores.

«En especial, lo cautiva la obra de Carlos Marx, su fundador, a la que se adhiere y estudia con profundidad en su etapa de juventud. Lo haría luego, con más ahínco, dentro del proceso revolucionario cubano, en su condición de dirigente, al sentir la necesidad de su valor en el proceso de transición socialista asumido por Cuba.

«Claro, una obra tan compleja como la Revolución Cubana, asediada y atacada de forma permanente por Estados Unidos, necesitó no solo del valor y heroísmo del pueblo, sino también de un pensamiento radical y transformador en qué basarse y sustentarse. De ahí la extrema importancia que tuvo para el Che el conocimiento del marxismo y sus fundamentos, como la base teórica del sistema socialista.

«En ese entorno, Guevara desempeñó un papel importante, al tratar de poner en práctica todo su caudal de conocimientos, y profundizar en las experiencias teórico-prácticas alcanzadas, especialmente en la obra de Lenin como el conductor de la Revolución de Octubre. La experiencia de la Rusia socialista contribuyó a sentar las bases de la transición asumida por la Revolución Cubana, a lo que se añadió el esfuerzo del Che por penetrar, no solo en la teoría marxista, su valor y significado, sino también en su evolución y en algunas de las dificultades que apreciaba y que, a su juicio, impedían avanzar hacia la transición socialista.

«A su decisión de marchar a un internacionalismo sin fronteras para alcanzar sus sueños libertarios, se le sumó el profundo conocimiento e interpretación del marxismo como arma y guía para alcanzar esa meta. Es cierto que el punto focal se encontraba en el actuar y la conciencia del ser humano, pero también apoyado en la teoría más eficaz: el marxismo, en su plena capacidad de transformación, para obtener la supresión de la explotación y la esclavitud.

«Para el Che, el camino único estaba en el socialismo, pero con una dimensión superior: pensar, desde el primer momento, con mentalidad comunista. Quizás fuese más difícil, y muy cercano a lo idealista, pero también, a su juicio, más certero, para poder cambiar la conducta y el actuar de los individuos».

— El Che habla de características y motivaciones que deberían guiar a este nuevo ser humano.

«Avanzar significaba borrar un pasado y comenzar a ensayar un presente innovador, con buenas voluntades, pero con un gran desconocimiento de cómo hacerlo. No podía obviarse el cambio que debía operarse en los sujetos como actores principales de ese proceso y, para ello, había que luchar por una nueva actitud, una nueva moral. Como bien advirtiera el Che, de nada vale crear fábricas brillantes si, a la vez, no somos capaces de crear hombres nuevos que respondan a esos nuevos tiempos.

«Por eso podemos entender el esfuerzo extraordinario de la Revolución por crear hombres y mujeres a la altura de ese proceso. Elevar el nivel educacional y cultural ha sido, y es, uno de sus estandartes principales. Es así como se logran entender los mecanismos necesarios para hacer avanzar la sociedad en su conjunto: los estímulos morales y la nueva concepción del trabajo; la nueva conciencia y la conjunción con los nuevos valores que dan paso a una ética capaz de impulsar los cambios necesarios, donde primen las nuevas relaciones de solidaridad y entrega».

— ¿Pudiéramos afirmar que la síntesis y la maduración de todas estas ideas se explicitan y argumentan en su conocido ensayo El socialismo y el hombre en Cuba?

«El socialismo y el hombre en Cuba es uno de sus ensayos más emblemáticos y sintetiza un sistema de pensamiento y acción que él consideraba válido, no solo para nuestra realidad, sino como conceptualizaciones adecuadas en la construcción de nuevas sociedades, para los países del llamado tercer mundo.

«Las coordenadas expuestas en su trabajo, escrito en un momento definitorio de su vida, cuando decidió retomar la ruta del internacionalismo, se deben asumir como la transmisión consecuente de lo que se podía avanzar con la acción consciente del hombre, en su propósito por crear un mundo esencialmente humano, acorde con las ideas que desde muy joven concibiera. Por supuesto, no era un soñador a ultranza y sabía, de hecho, está definido en el texto, que la humanidad debía avanzar mucho para alcanzar esos sueños y, sobre todo, romper posiciones dogmáticas que impedían trascender el presente.

«Esas advertencias se ubican dentro de lo más lúcido de su pensamiento. El contexto histórico en que las pronuncia difiere sustancialmente con el actual, porque, justamente, no alcanzaron a oírse, debidamente, entre aquellos a los que les correspondía hacerlo».

— ¿Cómo y cuándo surge el Proyecto Editorial Che Guevara?

«El proyecto tuvo sus inicios en las investigaciones realizadas en el entonces Archivo Personal del Che, a mediados de los ochenta, que propiciaron el hallazgo de documentos inéditos, o poco conocidos. No imaginábamos la real posibilidad de un volumen tan amplio de información, pues comenzábamos una etapa casi ‘arqueológica’ de contenidos que resultaron imprescindibles para precisar objetivamente fases de su vida y la dimensión múltiple de sus estudios, realizados en disímiles circunstancias.

«Identificamos, transcribimos y digitalizamos la documentación que él guardó durante sus travesías, trayectoria revolucionaria y epopeya internacionalista. Aleida la había conservado en los archivos personales de su casa.

«En Cuba, después de 1967, se había intentado recopilar la información que se conocía para estudiarla, con el objetivo de sistematizarla. El mejor y más acabado ejemplo lo realizó el intelectual cubano Roberto Fernández Retamar desde Casa de las Américas, antología que constituye un trabajo eficaz, de un valor editorial indiscutible. De igual modo, se puede consultar la selección elaborada por el Instituto Cubano del Libro, así como otras ediciones realizadas por estudiosos de diferentes países.

«En contraste, en los noventa del pasado siglo comenzó una especie de ‘fiebre guevariana’ y se empezaron a editar, en diversas partes del mundo, las mal llamadas ‘obras completas’ del Che o una selección de ellas — sin ningún compromiso ético, salvo excepciones — , en una mera transacción mercantil.

«Ante este panorama, se hizo evidente la necesidad de ordenar y sistematizar los escritos del Che, sin sensacionalismo ni espectacularidades, como un deber ineludible con el hombre que creció, entregó su vida, se convirtió en un paradigma, para generaciones del mundo entero. El compromiso se hizo mayor al profundizar en etapas de su vida, como sus poco conocidas adolescencia y juventud, sobre las que se tejieron un mayor número de especulaciones, por carecer de informaciones precisas, y por los malos propósitos perseguidos por sus eternos detractores.

«El contenido de nuestros hallazgos documentales contribuyó a una visión más profunda y objetiva que permitió construir una metodología capaz de delimitar, en tiempo y espacio, etapas imprescindibles de su vida, con el objetivo de demostrar, científicamente, la verdadera dimensión y comprensión de su pensamiento e ideario, acorde con su trayectoria. A eso sumamos, por lógica, la propuesta de una división temática, surgida a partir de los contenidos que encontramos y los ya conocidos.

«En ese período existía un marcado interés de David Deutschmann, presidente de la editorial Ocean Press, por publicar la obra del Che, lo cual concretó en una antología — Che Guevara Reader (1997) — que agrupó la presencia del Che dentro de la Revolución Cubana, obra que, con posterioridad, se reelaboró, pero que, sin duda, fue simbólica para las editoriales Ocean Press / Ocean Sur.

«Por nuestra parte, el Archivo había publicado una edición preliminar de las llamadas Notas de viaje, como primer resultado de los estudios realizados hasta ese momento.

«Surge así la solicitud de David de crear una alianza entre la editorial y el Centro de Estudios, ya con ese nombre, para publicar los textos, como resultado de las investigaciones concluidas. Ese es el verdadero origen de una unión que rebasa más de 20 años de trabajo ininterrumpido».[1]

— ¿Cómo se estructura el proyecto y cuáles fueron los primeros títulos?

«Desde la concepción inicial del Archivo siempre se pensó en plasmar el trabajo en líneas editoriales, solo que era una etapa incipiente y sin recursos económicos que lo permitieran. La solicitud e interés demostrado por Ocean Press / Ocean Sur cubría nuestras expectativas — y con el tiempo nuestro agradecimiento — ; solos no podíamos emprender esa tarea.

«El Proyecto quiso ser consecuente con la necesidad de cubrir espacios perdidos con publicaciones que actuaran como memoria histórica, como activismo político capaz de nuclear a las fuerzas progresistas y revolucionarias. Eso explica por qué Justicia global y Notas de viaje fueron los títulos inaugurales. El primero partió de un criterio radical para demostrar a las «nuevas» políticas neoliberales y al hegemonismo asfixiante que nada nuevo se imponía y que su ejecución respondía al viejo modelo capitalista en su fase más retrógrada, denunciado, entre otros, por una figura emblemática como el Che Guevara. El segundo, como es de suponer, marcaba el encuentro con el joven Ernesto, en su incipiente proceso formativo y revolucionario desde su visión de América Latina, de una coherencia asombrosa, para explicar el comportamiento posterior de su vida.

«La manera en que estudiamos su vida y obra confirma y argumenta la existencia de un pensamiento sistémico, abierto a disímiles ramas del conocimiento, con una base metodológica marxista, en el que se refleja una práctica revolucionaria consecuente, desde su etapa formativa.

«Desde sus escritos de juventud comienza a entender la dimensión del marxismo, su praxis revolucionaria y su sentir humanista, con el hombre como centro de sus máximas aspiraciones. Son documentos, inéditos hasta ese momento, en los que aparecen sus experiencias de viajero por el continente americano, reproducidas en forma de crónicas y relatos en Notas de viaje; y recogidas en el diario del segundo recorrido, Otra vez, acompañado de artículos, poesía, narrativa, crónicas literarias y anotaciones de lecturas de Filosofía.

«En el apartado de filosofía y política se agrupan textos emblemáticos como Síntesis biográfica de Marx y EngelsJusticia GlobalPunta del Este, El socialismo y el hombre en Cuba, y, como colofón, Apuntes filosóficos, donde aparecen las anotaciones que hiciera, en diferentes momentos, sobre los clásicos del marxismo y otros más contemporáneos. Permiten analizar sus contenidos como la sumatoria de un pensamiento creador y múltiple, puesto a prueba en sus años de dirección dentro del proceso revolucionario cubano. Este pensamiento y su accionar se destacan por su audacia y la crítica valiente en la que prevalece la necesidad de nuevas transformaciones en la transición hacia el socialismo, alejado de cualquier barrera dogmática.

«Otros conforman su pensamiento económico y sus concepciones más originales y polémicas. Como resultado del trabajo investigativo llevado a cabo por el Centro, se ordenaron y se editaron Apuntes críticos a la Economía PolíticaRetos de la transición socialista y El gran debate, como los más emblemáticos sobre economía política».

— ¿Y las obras del Che que tienen que ver con sus narraciones y vivencias en la lucha guerrillera?

«Relacionados con su memoria histórica, publicamos textos de alto valor testimonial convertidos en ensayos clásicos como Guerra de guerrillas,[2] Pasajes de la guerra revolucionaria en Cuba,[3] Diario de un combatientePasajes de la guerra revolucionaria: Congo y El diario del Che en Bolivia. Con enorme valor y apego a la verdad histórica, con un estilo propio que distingue su narrativa, con una estructura basada en su sencillez y apego a la verdad, a partir de la inmediatez de sus apuntes de guerra o experiencias cotidianas, se convierten en clásicos dentro de su obra escrita».

— También hay un grupo de títulos importantes sobre el pensamiento y la vida del Che, y otros que han contribuido a divulgar su obra.

«Editamos Evocación. Mi vida al lado del Che, de Aleida March; El pensamiento político de Ernesto Che GuevaraChe Guevara: fases integradoras de su proyecto de cambioPara leer al Che [estos tres escritos por nuestra entrevistada]; Che Guevara y la Revolución Latinoamericana, de Manuel Piñeiro; Che sin enigmas, de Germán Sánchez; y Che y la medicina, selección de textos de Aleida Guevara.

«En el caso particular de Evocación… es un libro muy apreciado por los lectores. Su autora tardó mucho tiempo en publicarlo y por eso el impacto fue mayor. Como ha expresado Aleida en muchas ocasiones era una deuda que tenía con sus hijos, que apenas conocieron a su papá. En él narra cómo fue el inicio de sus relaciones dentro del fragor de la batalla en las montañas y en la ciudad, y cómo culminó en una vida breve de amor y complicidad, hasta su cruel asesinato.

«Me consta que cada página escrita fue una batalla consigo misma, al medir cada palabra, para no excederse ni limitarse, más allá de lo necesario. Para mí fue un privilegio poder ayudarla a sacar del armario recuerdos inolvidables, irrepetibles, muchas veces dolorosos; por eso siento que cumplí con mi presencia para alentarla y avanzar, teniendo como antesala nuestras largas conversaciones, mientras desempolvamos papeles olvidados, y ella casi revivía y evocaba — por eso el título — cada detalle que recordaba.

«La épica del tiempoSoy un futuro en caminoChe y Fidel. Imágenes en la memoriaChe desde siempre100 hechos en la vida y obra de Ernesto Che Guevara y Cartas de despedida son libros de divulgación que poseen un carácter general, con el objetivo de acercar a los lectores a escritos y discursos del Che. «Aquí se ubican, además, colecciones temáticas de pequeño formato, como Lecturas para la reflexión — que apareció primero en una docena de folletos y luego en seis pequeños volúmenes, correspondientes a seis temáticas diferentes, y el anuario Paradigma, que refleja la labor del Centro».

— ¿Y las antologías?

«La primera fue Che Guevara presente. Le siguieron otras, imprescindibles, como América Latina, despertar de un continenteChe Guevara. Vidas rebeldesChe desde la memoriaMis sueños no tendrán fronteras y Epistolario de un tiempo, esta última contiene las cartas del Che, desde 1947 hasta 1967.

«En fecha más reciente la Antología General Ernesto Che Guevara, en siete tomos, es la más completa e integral que existe hasta el momento. No se puede afirmar, porque no es cierto, que estamos en presencia de las obras completas, como muchas veces se ha querido decir de otras ediciones — faltan búsquedas de detalles y palabras dichas en entrevistas internacionales o en su quehacer en la Cuba revolucionaria — , pero podemos afirmar que estamos en presencia de las palabras y escritos más importantes del Che, desde su adolescencia hasta su muerte.

«Esta es la razón por la que en la Antología General… aparecen los contenidos fundamentales del Proyecto Editorial. Es, sin duda, una novedad editorial, al no restringir ningún contenido de lo editado y garantizarle, al lector, la certeza de que está en presencia de un conocimiento completo, de un rigor y una veracidad indiscutibles».

— ¿Tiene preferencias con algunas obras?

«Existen tres títulos que — quizás no sean los más importantes o representativos — necesitaron de mucha elaboración y de criterios muy precisos, porque son textos que cobraron forma a partir de la investigación que realizamos. Se ordenaron de acuerdo a lo que pudiera haber concebido el Che sobre temas centrales en su obra. Fue un alto compromiso ético emplear su nombre y sus ideas.

«América Latina, despertar de un continente es una antología que se ajusta a la periodización metodológica establecida por el Centro, con un criterio cronológico y temático a la vez. Desde mi punto de vista, es un libro imprescindible para conocer el ascenso del pensamiento y actuar del Che respecto a América Latina.

«Apuntes críticos a la Economía Política, otro libro complejo basado solo en notas elaboradas por el Che a partir de sus lecturas, refleja su pensamiento crítico, polémico y creador, aspectos que lo distinguen y elevan a uno de los marxistas más importantes de la región. Es un texto de lectura indispensable para adentrarse, no en su pensamiento económico como una especie de compendio reducido, sino en el complemento de un pensamiento marxista integral, que cuestiona los problemas existentes en el mundo socialista de entonces y que busca soluciones adecuadas para resolver las dificultades; un contenido vital para entender las aspiraciones de desarrollo del llamado tercer mundo.

«Por último, La épica del tiempo, quizás el menos divulgado, es para mí uno de los más apreciados, porque forma parte de nuestros inicios, cuando comenzamos a rastrear en toda aquella documentación inédita, que nos hablaba sin necesidad de interpretarla. Ante tanta información valiosa, que por sí sola respondía cualquier interrogante, surgió la idea de un libro que permitiera la lectura de su vida y obra expresada de modo visual.

«Es una especie de biografía, a través de documentos ordenados con intencionalidad y que permiten entrar en su intimidad y sensibilidad, sin comentar o especular, simplemente se toma o se deja pasar. Sin duda, es también un agradecimiento a la decisión de la Unesco, de considerar la vida y obra del Che, parte de su Programa de la Memoria del Mundo».

— ¿Qué le aconseja a quien se inicie en la lectura de las obras del Che? ¿Por dónde sugiere comenzar?

«Para empezar a leer al Che habría que pensar en divisiones muy personales o en intereses temáticos. Si la selección es para tener una visión general, sugiero comenzar por los escritos de adolescencia y juventud; esto permitiría ser consecuentes con una interpretación valedera del actuar del Che y despejar las dudas y/o las maledicencias escritas sobre rasgos de su personalidad como el aventurerismo y el voluntarismo. Nada más convincente que lo escrito por un joven que aún no tenía intereses definidos, solo el perseguir sueños que, de una manera u otra, se hicieron realidad con tesón y voluntad propia.

Engarzado con ese criterio, se puede recomendar la lectura de América Latina, despertar de un continente, por ser el compromiso ético y de pensamiento que más refleja al Che. Otros textos son muy importantes. Algunos más especializados necesitan de intenciones mayores como Apuntes filosóficos o Apuntes críticos a la Economía PolíticaTambién recomiendo otros más íntimos, como Epistolario de un tiempo, donde se encuentran muchas de sus aspiraciones, deseos y añoranzas, sin que medien compromisos, solo su pensamiento íntimo lanzado al vuelo.

«Pensar en el Che como la figura que puede contribuir a la unidad y a la integración de las fuerzas más progresistas y radicales es válido, siempre y cuando no lo veamos como un instrumento parcializado y extremo. Convertirlo en un mito despojado de su actuar, se compartan o no algunas de sus propuestas, sería faltar a su verdad y a su ejemplo consecuente.

«Es cierto que dejó enseñanzas, una ética indestructible y una coherencia total, pero por esas mismas razones no debemos, ni podemos repetir la subjetividad de su actuar, si no lo acompañamos, consecuentemente, con algo que consideraba lo más necesario: el ser humano como el ente esencial transformador y transformable. Ese es el Che que se debe tener presente y no olvidar lo que escribiera en su diario de Bolivia, en circunstancias turbulentas y de enormes dudas: ‘ser revolucionario representa el escalón más alto de la especie humana’».

*El presente diálogo no transcurrió en un único acto. Múltiples han sido nuestras conversaciones sobre la vida y obra del Che. Tres de ellas se publicaron como entrevistas: «Che Guevara hoy: En busca del hombre nuevo», en Cubadebate, 14 de junio de 2012; «De Marx al Che Guevara», en Contexto Latinoamericano, vol. 6, año 2, octubre-diciembre, 2018; y «El compromiso ético de editar al Che Guevara», en Contexto Latinoamericano, 7 de junio de 2021.

Notas al pie

[1] El acuerdo entre Ocean y el Centro incluyó la facilidad a las editoriales cubanas para la entrega de las artes finales de los libros del Proyecto Editorial, sin costo de ningún tipo por concepto de Derechos de Autor, lo que ha permitido publicar en Cuba una parte considerable de esos títulos por Ciencias Sociales y Casa Editora Abril.

[2] Después de publicarse parcialmente en la revista Verde Olivo, es editado en formato de libro como un tipo de manual para la lucha guerrillera. La primera edición llevó por título La guerra de guerrillas, y en la portada figuró una imagen de Camilo Cienfuegos; a quien, además, el Che dedica la obra.

[3] Es el segundo y último libro de Guevara en vida. La compilación, impresa por primera vez por la Uneac, el 8 de mayo de 1963, incluye artículos basados en su diario de la lucha guerrillera en Cuba y publicados, también, en Verde Olivo. La edición de Ocean Sur ha añadido, como anexos, el resto de los pasajes que el Che escribiera a partir de 1963, para no alterar la concepción original del volumen. Sí se agregaron — aparecen destacadas en letras negritas — anotaciones que, en la primera versión impresa del libro, hiciera el autor de su puño y letra. El libro Pasajes de la guerra revolucionaria: Congo, escrito por Guevara durante su estancia en Praga al culminar esa gesta internacionalista, no sería editado hasta 2009, a partir del texto mecanografiado que él alcanzó a corregir.

Tomado de Alma Máter/ Foto de portada: Claudio Pelaez Sordo

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