Protestas contra ICE sacuden EEUU e imponen paro económico
Las calles de Minneapolis amanecieron vacías este viernes. La temperatura marcaba -30 grados Celsius, pero miles de trabajadores, estudiantes y comerciantes habían decidido no ir a trabajar, no abrir sus negocios, no asistir a clases. Era un cierre económico contra el despliegue de 3.000 agentes del ICE en la ciudad —cinco veces más que toda su fuerza policial— enviados por Trump para ejecutar su represión migratoria.
En el aeropuerto de Minneapolis-St. Paul, 100 líderes religiosos bloquearon la carretera principal antes del amanecer. Fueron arrestados en masa mientras oraban. Los carteles que dejaron exigían que empresas como Delta Air Lines rompieran sus vínculos con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas. Otros mostraban nombres de trabajadores del aeropuerto, miembros del sindicato Unite Here, detenidos por agentes federales.
Nick Benson, organizador del grupo 50501, explicó a la prensa local por qué bloqueaban ese punto: «Este aeropuerto es el embudo desde donde nuestros vecinos son enviados a Dios sabe dónde. Ayer alcanzamos nuestra deportación número 2.000 este mes«.
La chispa que encendió esta rebelión cívica fue Renee Good, madre estadounidense de 37 años asesinada a balazos por un agente del ICE el 7 de enero durante una redada. Pero el fuego se avivó con otro caso que indignó al país, Liam Conejo Ramos, niño ecuatoriano de cinco años detenido junto a su padre cuando regresaban de la escuela.
Según denunció Zena Stenvik, superintendenta del distrito escolar de Columbia Heights donde el pequeño cursaba preescolar, los agentes utilizaron al niño como carnada para forzar la salida de otros residentes de la vivienda. Un manifestante frente al aeropuerto lo resumió así: «Si no luchamos, gana el fascismo. Esto no debería estar pasándole a nadie».
Restaurantes, comercios, instituciones educativas y culturales cerraron sus puertas. El Sindicato de Graduados Laborales de la Universidad de Minnesota aconsejó a sus 4.000 afiliados no presentarse. Un integrante de la Federación de Educadores declaró: «Nuestras escuelas están bajo ataque, nuestros estudiantes han desaparecido. Lo estamos cerrando todo».
Los barrios se organizan ahora mediante grupos de mensajería, forman redes de ayuda mutua y alerta temprana contra las redadas. Minnesota se ha convertido en laboratorio, tanto para las políticas autoritarias de Trump como para la organización comunitaria que las combate.
Solidaridad nacional
La movilización rebasó las fronteras del estado. En Nueva York, aproximadamente 3.000 manifestantes de más de 70 organizaciones marcharon desde Union Square hasta Madison Square Park. El recorrido se detuvo frente a empresas consideradas aliadas de la administración: Amazon, Home Depot, Palantir. Filadelfia y Washington DC registraron multitudinarias marchas en solidaridad con Minnesota.
Decenas de estudiantes de la Universidad de Nueva York abandonaron sus aulas para manifestarse en Washington Square Park. En Filadelfia, miles recorrieron las calles con pancartas que conectaban la lucha de Minneapolis con sus propias comunidades.
Los videos que circulan en redes sociales documentan a los agentes del ICE arrestando a dos ciudadanos estadounidenses en un supermercado, blandiendo armas frente a manifestantes desarmados, golpeando a un detenido, arrestando a un pastor por cuestionar un operativo. El alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, expresó que los agentes saben que pueden actuar con impunidad al infligir violencia contra cualquiera —inmigrantes indocumentados, residentes permanentes, ciudadanos estadounidenses.
El caso de Liam Conejo Ramos conmocionó incluso a figuras del establishment político. La exvicepresidenta Kamala Harris escribió en redes sociales: «Él debería estar en casa con su familia, no siendo usado como cebo por ICE y retenido en un centro de detención de Texas. Estoy indignada».

El niño y su padre permanecen en el Centro de Procesamiento de Inmigración de Dilley, Texas. Desde Ecuador, Lucila Arias, abuela de Liam, suplicó al gobierno estadounidense: «Lo único que pido es que suelten a mi nieto y a mi hijo. Ellos no son malos. Solo fueron a trabajar». La familia había viajado en 2024 buscando oportunidades laborales ante la crisis en su país y esperaba una audiencia de solicitud de asilo programada para febrero de 2026.
El costo político
La represión migratoria de Trump enfrenta un rechazo que podría redefinir las elecciones de medio término de 2026. Una reciente encuesta de Associated Press/NORC reveló que solo el 38 por ciento de los adultos aprueba el manejo migratorio del presidente, una caída de 11 puntos desde marzo de 2025. Otro sondeo de Navigator Research mostró que el 89 por ciento de los demócratas, el 62 por ciento de los independientes y una cuarta parte de los republicanos ven al ICE negativamente.
Las primarias demócratas más competitivas están marcadas por un debate, según analistas: ¿reformar, desfinanciar o abolir el ICE? En Minnesota, epicentro de las operaciones actuales, candidatos progresistas renuevan sus llamados a desmantelar la agencia. La senadora estatal de Illinois, Laura Fine, quien presentó legislación para impedir que agentes del ICE contratados bajo Trump sirvan como policías en su estado, publicó en redes sociales que es momento de deshacerse de ICE por completo. En Michigan, el candidato Abdul El-Sayed retoma sus planteamientos abolicionistas en una de las contiendas demócratas más disputadas.
Según Politico, los demócratas del Congreso —incluidos miembros moderados de distritos disputados— amenazan con bloquear votaciones presupuestarias y se suman al esfuerzo progresista de juicio político contra la secretaria de Seguridad Nacional. Perciben una oportunidad mientras la opinión pública gira contra las tácticas de la administración, especialmente tras las amenazas presidenciales de invocar la Ley de Insurrección para enviar militares a Minnesota.
Un manifestante lo expresó ante las cámaras de Breakthrough News: «El gobierno está convirtiendo a nuestro país en un régimen fascista. Eso no es para lo que nos inscribimos».
Minneapolis vuelve a desafiar al poder federal seis años después de George Floyd. Esta vez, el enemigo no viste uniforme policial local sino insignias federales del ICE. Las comunidades organizadas demostraron que pueden resistir, paralizar ciudades enteras, convertir el grito «fuera ICE» en una demanda nacional que irrumpe en la campaña electoral. Las elecciones de medio término dirán si esa resistencia logra traducirse en poder político.
Tomado de teleSUR / Foto de portada: teleSUR.

