El rostro del fascismo: por qué algunos cubanos defienden la agresión contra Cuba
Por Raúl Antonio Capote / Foto: CNN
Uno de los fenómenos más perturbadores de la psicología social radica en la capacidad de ciertos sectores oprimidos para defender, justificar e incluso anhelar la intervención de sus propios opresores.
Se trata de una realidad tan compleja como desgarradora, cuyo origen no obedece a una causa única, sino a una dolorosa confluencia de mecanismos que, bajo condiciones extremas, pueden llevar a un grupo humano a sostener activamente a quien lo sojuzga.
En el caso cubano, esta paradoja adquiere un cariz lacerante: ¿cómo es posible que haya personas que apoyen el bloqueo que asfixia a sus propios familiares, o que vean en una invasión extranjera una esperanza de “salvación”?
No estamos, desde luego, ante un simple debate político, desde la psicología de la conducta colectiva, nos asomamos a un abismo donde convergen la manipulación sistemática, el trauma transgeneracional y los mecanismos más sofisticados de control mental.
En 1972, el psicólogo Irving Janis acuñó el término pensamiento grupal (groupthink) para describir la forma en que un colectivo intensamente cohesionado puede suprimir el juicio crítico en aras de la unanimidad.
Cuando este fenómeno se instala, el grupo desarrolla una ilusión de invulnerabilidad y una creencia incuestionable en su propia moralidad, al tiempo que estereotipa al exogrupo como intrínsecamente malvado.
Un estudio pionero de la Universidad de Chicago (Pérez-Stable & Grenier, 1993) documentó el denominado “efecto enclave”: comunidades que se aíslan del resto de los grupos de emigrantes, pueden perpetuar una ideología de “exilio radical” a lo largo de generaciones.
En estas cámaras de eco, las medidas de coerción económica no se perciben como un bloqueo criminal contra toda una población, sino como una “herramienta de presión justa”; así, la muerte del compatriota que sufre —el familiar, el amigo de la infancia— queda neutralizada mediante un proceso de deshumanización: ya no es un semejante, sino un “cómplice del régimen”, algo que se ve con más claridad en los regímenes de corte fascista.
Janis identificó ocho síntomas del pensamiento grupal, entre los que destacan la ilusión de unanimidad, al interpretar el silencio de los moderados como consentimiento, los estereotipos negativos del exogrupo que emergen cuando se tacha al disidente de “comunista” la presión directa sobre quien introduce matices o reclama comprensión hacia el sufrimiento en la isla, y los llamados “guardianes de la mente”, encargados de proteger al grupo de cualquier información que cuestione la narrativa dominante.
El resultado es una espiral de radicalización en la que apoyar medidas que causan hambre y muerte se convierte en un marcador de identidad. Por ello, la disidencia no es bienvenida: pondría en jaque la frágil estructura psicológica que sostiene al colectivo.
De manera simultánea, en contextos donde la dependencia y la amenaza permanente provienen de grupos radicales de la propia comunidad, el miedo constante se reconfigura insidiosamente como gratitud, creando un vínculo afectivo paradójico con quien detenta el poder.
Esta defensa psicológica, conocida como identificación con el agresor, conduce a internalizar y adoptar los valores del opresor para hacer el miedo más soportable, mientras suprime el desarrollo de la autonomía personal.
Resulta imprescindible aclarar que este análisis busca explicar el fenómeno específico de aquellos grupos que apoyan activamente el bloqueo o la intervención militar, no de toda la comunidad cubana en el exterior, ejemplos hay de posturas decentes, humanas y patrióticas que no se subordinan al estado totalitario yanqui y sus políticas anticubanas.
La mayoría de los cubanos, tanto dentro como fuera de la isla, sufre las consecuencias de estas políticas. En última instancia, la psicología nos enseña que el comportamiento humano bajo coacción puede transitar caminos profundamente contradictorios, marcados por lealtades que la razón difícilmente alcanza a comprender.
Fuentes:
- Freire, P. (1970). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI Editores.
- Janis, I. L. (1972). Victims of groupthink: A psychological study of foreign-policy decisions and fiascoes. Houghton Mifflin.

