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María Bellizzi sigue buscando a su hijo desaparecido en Argentina durante la dictadura

“Me levanto y me acuesto con su imagen”: a los 101 años, María Bellizzi sigue buscando a su hijo desaparecido en Argentina durante la dictadura

Este miércoles 20 de mayo se realizó la edición número 30 de la Marcha del Silencio bajo el lema “Contra la impunidad de ayer y de hoy”.

María Bellizzi tiene 101 años y es la persona de mayor edad en Uruguay que todavía busca a un familiar desaparecido durante la dictadura. Desde hace 49 años convive con la misma pregunta: qué pasó con su hijo, Andrés Humberto Bellizzi Bellizzi, visto por última vez con vida en Argentina en 1977.

Sentada en el living de su casa del barrio Ituzaingó, María conserva una memoria lúcida y una serenidad marcada por el paso del tiempo y la ausencia. En el cuello lleva una pequeña margarita colgada de una cadenita; le falta un pétalo.

“Para mí los días son los mismos. Me levanto de mañana con su imagen y me acuesto con su imagen. Es todos los días”, dice.

La última vez que vio a Humberto fue durante el verano de 1977. Él vivía en Buenos Aires, donde trabajaba como pintor. También militaba en el Partido por la Victoria del Pueblo y participaba en espacios estudiantiles. Tenía 24 años.

Durante aquella visita familiar, su hermana Silvia le tomó una fotografía frente a la casa donde todavía vive a su madre. Sin saberlo, esa imagen se convertiría en el último retrato de Humberto antes de desaparecer.

El 19 de abril de 1977 salió a reunirse con supuestos clientes que lo habían contactado para presupuestar un trabajo. Nunca regresó.

“Al otro día, lunes, ya estaba mi marido allá. Presentaron habeas corpus, las denuncias en la comisaría, todos los datos primarios que se hacen siempre”, relata.

A lo largo de los años, entre denuncias, testimonios e investigaciones judiciales en Uruguay, Argentina e Italia, la familia intentó reconstruir qué ocurrió con Humberto. Pero nunca obtuvo una respuesta definitiva.

“Tampoco se supo nunca nada, ni allá, ni acá, ni en la Argentina, ni en ningún lado. Ninguno de los desaparecidos tiene una respuesta de lo que sucedió”, afirma.

Entre sus recuerdos más dolorosos, María Bellizzi vuelve a una escena ocurrida en mayo de 1977 en la Cancillería uruguaya. Allí, una funcionaria le leyó una breve nota vinculada a la situación de su hijo.

“Una esquelita leyó, que a lo mejor no decía nada. ‘Está detenido, pero no se sabe ni lugar ni causas’. Y yo me incorporé para ver si podía leer algo y retiró la tarjeta. Así que no sé si estaba escrita o era un papel cualquiera”, cuenta.

Cuando habla de Humberto, suele recordarlo de niño. Lo describe como inquieto, curioso y atento con los demás.

“Lo recuerdo más bien de niño. Escuchaba música, cantaba. Tenía un banquito que le había hecho el padre, con asiento de cuero, y cuando sentía el informativo venía y se sentaba al lado de la radio”, dice.

“Nunca se peleaba con nadie. Él no tenía enemigos, jamás. Siempre trataba de arreglar las cosas de alguna manera, como para no agredir a nadie”, agrega.

Con los años, la búsqueda de María Bellizzi también se convirtió en una historia colectiva. La de muchas familias uruguayas atravesadas por la misma ausencia, por las mismas preguntas sin respuesta y por una herida que todavía permanece abierta.

En plena dictadura, cuando el miedo condicionaba la vida cotidiana y el silencio parecía imponerse en todas partes, comenzó a reunirse con otras madres y familiares de desaparecidos. “Era el terror que vivíamos”, recuerda sobre aquellos primeros años.

María Bellizzi fue una de las fundadoras de Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos en los años 70. Cuenta que fueron otras madres quienes llegaron primero hasta su casa para invitarla a compartir reuniones donde el dolor empezaba lentamente a transformarse en resistencia. “Un día en la casa de un familiar, otro día en la casa de otro y así seguimos”, relata.

Hubo un momento en que la cantidad de desaparecidos y la ausencia de noticias cambiaron su manera de mirar lo que estaba ocurriendo. “Yo cuando empecé a escuchar la cantidad de desaparecidos que había, 30.000, un día conversando con una compañera le digo: ‘¿Pero vos te creés? ¿Pensás que puedan estar en algún lugar? ¿30.000? ¿Dónde los tienen?’”, recuerda.

A lo largo de casi cinco décadas siguió denuncias, investigaciones y causas judiciales vinculadas a los crímenes de la dictadura, tanto en Uruguay como en el exterior. “Se siguieron haciendo siempre denuncias, tanto acá como en Argentina. Después se hizo en Italia en el año 99”, señala.

“Lo único que hicieron de bueno es tener encerrado a Tróccoli. Por lo menos uno sabemos que está entre rejas”, afirma.

Bellizzi cuestiona la falta de avances en Uruguay y reclama un mayor compromiso del Estado para avanzar en verdad y justicia.

“La verdad que yo ya no tengo esperanza. Ojalá fuera lo contrario, que se decidieran a hablar, a decir algo, pero no tengo tanta fuerza como para esperar algo positivo”, sostiene.

“Si el gobierno no se impone, si les da todo lo que quieren… ahora todavía están buscando darles prisión domiciliaria”, agrega.

Y aun así, nunca dejó de buscar.

“La memoria, si no se puede otra cosa lograr, por lo menos tener presente siempre lo que fueron. Y recordarlo”, dice.

—¿Qué significaría para usted irse sin saber dónde está su hijo?

“Igual que lo que muchas madres han sentido. No mucho menos que las otras madres, ni más tampoco, porque todas sentimos lo mismo”.

Tomado del perfil de Facebook de Causa Abierta

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