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«Cuba no amenaza ni plantea amenaza alguna para los EE.UU.»

Declaraciones de la viceministra Josefina Vidal durante la Audiencia Parlamentaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular de la República de Cuba.

Intervención en Audiencia Parlamentaria. 28 de mayo de 2026.

La agresión contra Cuba no está por materializarse. No es el peligro de un futuro posible, sino un acto que está ya en plena ejecución.

Lo ha estado durante muchos años, de un modo u otro.

Su componente fundamental es la agresión económica, con el sistema coercitivo más abarcador y prolongado que haya conocido la humanidad, y que se ha aplicado por el gobierno de los Estados Unidos contra varias generaciones de cubanas y cubanos.

Esta agresión ha escalado exponencialmente durante el presente año y continúa intensificándose.

La guerra económica impuesta desde hace más de seis décadas se ha endurecido de manera sin precedentes en los últimos meses, con la adopción de medidas cada vez más agresivas y despiadadas.
Permanece intacto el brutal cerco energético que se extiende ya por más de cinco meses, con consecuencias devastadoras para el funcionamiento del país y la vida de nuestro pueblo.

Se anuncian más represalias, ahora con la imposición de las llamadas sanciones secundarias contra personas y entidades extranjeras que hayan tenido o realicen actualmente operaciones con Cuba, sin que estas reciban el necesario respaldo o la protección de sus respectivos gobiernos ante tamaña expresión de extraterritorialidad.

Estas nuevas e ilegales medidas de coerción tienen como propósito estrangular la economía cubana y desconectarla totalmente de fuentes externas de financiamiento, de inversión extranjera y de suministros de bienes básicos y esenciales de subsistencia.

El costo para la economía y el funcionamiento del país es inmenso y transversal. Se manifiesta en daños a la generación eléctrica, el transporte público, los servicios hospitalarios, la industria, la producción de alimentos, el traslado y distribución de abastecimientos para el consumo de la población, el abasto de agua potable, los servicios comunales, es decir, prácticamente todas las esferas de la vida del país.
Se trata de un plan agresivo, fríamente calculado, contra un país de escasos recursos naturales y sometido durante casi 70 años a un bloqueo económico que limita el acceso a ingresos en divisas, financiamiento externo, mercados y tecnología. Es un plan para forzar una crisis humanitaria inducida.

Por otro lado, se fabrican constantemente nuevos pretextos contra Cuba, diseñados para justificar el castigo colectivo al que se está sometiendo al pueblo cubano, y también una acción armada e irresponsable contra el país.

La burda y fraudulenta imputación contra el líder de la Revolución Raúl Castro, que carece de asidero legal o moral alguno y se sustenta sospechosa y oportunistamente en un hecho de hace 30 años, ocurrido por responsabilidad absoluta del gobierno de los EE.UU., es el más reciente y burdo pretexto.

Se suma a una larga lista de falsedades deliberadamente construidas para presentar a Cuba como una amenaza que no es, como un Estado fallido que nunca ha sido, y con las que se pretende desviar la atención de la responsabilidad directa y fundamental de la política de los EE.UU. y el efecto destructivo de su agresión, en el deterioro y agravamiento sostenido de las condiciones de vida de la población cubana.

Cuba no amenaza ni plantea amenaza alguna para los EE.UU., su seguridad nacional, su sistema de gobierno o su modo de vida.

No existen bases foráneas en Cuba, ni fuerzas extranjeras actuando contra EEUU desde nuestro territorio.

Es inmoral argumentar que el peligro de una crisis humanitaria pueda convertirse en una amenaza que justifique la agresión militar o la guerra económica, cuando se sabe que esa crisis está siendo provocada precisamente por el propio gobierno de los EE.UU. Es cínico alegar que esa crisis resulta de la supuesta incompetencia del gobierno cubano o de males intrínsecos a nuestro modelo económico.

Con cada vez mayor frecuencia, desde el gobierno de los EE.UU. se esgrimen amenazas, que reflejan la intención clara de imponer otra vez su control sobre los destinos de Cuba, como hizo durante 60 años en el siglo pasado, cuando ejerció total dominio neocolonial sobre nuestro país.

Todo ello se combina con una intensa guerra comunicacional y cognitiva, para tratar de desacreditar al gobierno cubano y responsabilizarlo de la situación crítica que vive el país, que ha sido fomentada por sucesivos gobiernos estadounidenses.

Desde círculos políticos, plataformas digitales y la prensa establecida, se emiten declaraciones, análisis y apreciaciones que reflejan la concertación y complicidad creciente con los esfuerzos del gobierno de los EE.UU. para tratar de naturalizar la idea de la agresión y que esta sea aceptada por la opinión pública estadounidense e internacional.

Cada día crece el peligro de una agresión militar contra Cuba.

No hay excusa alguna que pueda justificar una agresión militar contra nuestro país, que definitivamente provocaría destrucción y la muerte de cubanos y estadounidenses.

Cuba no quiere un conflicto. Somos y hemos sido siempre un país de paz, de solidaridad, que ha fomentado relaciones de respeto y amistad con otros países y los pueblos del mundo, incluyendo el pueblo de los EE.UU.

Como expresara recientemente el primer secretario del Comité Central del Partido y presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, “Nosotros somos un país de paz. Nosotros no promovemos la guerra, no nos gusta la guerra, propiciamos la solidaridad, la cooperación entre los pueblos, pero estamos dispuestos a defender esa paz que queremos”.

Queremos la paz, pero no una paz sin soberanía, sin independencia, en la que los cubanos no sean dueños de la riqueza nacional, en la que el país quede sometido al tutelaje del gobierno de los EE.UU. y la economía vuelva a una relación de dependencia de la economía estadounidense.

Esa paz no la aceptamos.

Si fuésemos agredidos, si se nos impone la guerra que no queremos, la enfrentaremos con determinación y preparación, resueltamente decididos a defender nuestra soberanía e independencia a cualquier precio.

Hemos estado y estamos dispuestos a dialogar con el gobierno de los EE.UU., para encontrar entendimiento y solución a los problemas bilaterales. No para que se interfiera en nuestros asuntos internos; no para que EE.UU. pretenda definir cómo debe ser el orden constitucional cubano, ni quién puede y quién no puede gobernar; no para que EE.UU. quiera determinar cómo debe ser el modelo económico del país; no para que EE.UU. trate de imponer una relación de dependencia; no para que EE.UU. intente dominar el destino de Cuba a través de la presión, la coerción y la amenaza de agresión militar.

Esperamos que prevalezca la vía del diálogo en este momento, en que las acciones agresivas que el gobierno de los EE.UU. emprende contra Cuba, hacen dudar de la seriedad y responsabilidad con que asume este proceso.

Asumimos que la comunidad internacional no puede contemplar pasivamente que se prive a todo un pueblo de sus formas de sustento, que se siga castigando a una población entera por motivaciones de dominación y que se amenace militarmente a un país sin justificación alguna.

Sabemos que Cuba no está sola en esta batalla. Somos testigos de las innumerables expresiones de solidaridad y apoyo, muchas en forma de valiosa ayuda material, que ha recibido nuestro país de gobiernos, parlamentos, fuerzas políticas, personalidades, organizaciones no gubernamentales de los más diversos sectores sociales, cubanos residentes en el exterior, grupos solidarios, personas a título individual y organismos internacionales, a los que reiteramos la más profunda gratitud del pueblo cubano.

Frente a arremetida de los EE.UU. contra Cuba, el irrespeto total de su gobierno al Derecho Internacional y las más elementales normas de convivencia entre las naciones, se requiere que la comunidad internacional reafirme la solidaridad con Cuba, en la hora actual cuando grandes peligros se ciernen sobre la nación cubana.

Como sentenciara Nuestro Héroe Nacional José Martí, cuando advertía sobre los peligros del expansionismo del naciente imperialismo estadounidense sobre Nuestra América, “quien se levanta hoy con Cuba, se levanta para todos los tiempos”.

¡Hasta la Victoria Siempre!

Fuente: Cubaminrex / Foto de portada: Archivo Granma. 

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