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Cubanas bajo la tormenta

Palabras de Arleen Rodríguez Derivet a la feminista argentina Claudia Korol, sobre la resistencia y resiliencia de la mujer cubana en la dura situación que impone el bloqueo genocida de Estados Unidos a la amada Cuba.

La oscuridad pesa como el plomo y en el muy caliente y húmedo verano de Cuba 2026, se ha convertido en el factor más estresante de nuestras vidas.

El apagón no es una novedad para quienes, como yo, contamos los mismos años de la Revolución que, por cierto, en 1959 no encontró a la Isla iluminada y divertida como la pintan sus adversarios.
«Cuba es La Habana y lo demás paisaje», se decía en la época capitalista. Para entonces sólo el 56 por ciento de los hogares contaba con servicio eléctrico, y de ese total, el 87 por ciento estaba localizado en las ciudades. En las zonas rurales, sólo el 9 por ciento de las familias iluminaba sus noches con luz eléctrica.

Dos décadas y media después, en 1985, testimonié como periodista, la llegada de ese servicio al 95 por ciento del archipiélago cubano, incluidas las serranías. Hoy ese beneficio alcanza al 99,9 de la población total del país, incluyendo las zonas aisladas a las que se llega con kits de energía solar y otras alternativas.

El problema hoy es que, a diferencia de los prósperos años 80, no existe un campo socialista que aporte el combustible ni las piezas y equipos imprescindibles para sostener la vitalidad de esa elevada electrificación. Existe, en cambio, un bloqueo reforzado con el peso acumulado de seis décadas de cerco financiero. 240 medidas o sanciones adicionales y el bloqueo energético: una orden ejecutiva de Donald Trump en enero de 2026, imponiendo sanciones a todo el que se atreva a vender combustible a Cuba.

En 6 meses solo un barco con 100 mil toneladas de petróleo ruso entró a puerto cubano.

Suficiente para 15 días de servicio de la llamada generación distribuida, un sistema de micro plantas generadoras que no pueden usar el pesado crudo cubano, es decir entre 1400 y 1600 MW en capacidad de generación indisponible que bajarían extraordinariamente el elevado déficit diario de poder echarse a andar.

Hay que conocer esos datos e identificar bien las culpas para no irritarse cuando la corriente «se va» y demora hasta más de un día en volver, minando de incertidumbre a todas las familias.

Ahí es cuando el coraje de las cubanas sale a dar batalla. No puede explicarse de otra manera el milagro de los niños saliendo con sus uniformes limpios y planchados en los días de clases, las fiestas de 15 y de fin de curso que se mantienen como las más importantes celebraciones de los jóvenes y de toda la familia y, especialmente, las batas blancas, muy blancas todavía, al brazo de médicas y médicos que esperan en las esquinas por un transporte solidario cuando la solución del estado (microbuses solo para personal de la Salud) no da abasto para la elevada demanda en el país de los médicos.

Como en los viejos tiempos, como en los duros años del llamado Período Especial que se concibió en los 90 del siglo pasado para enfrentar el anterior plan de asfixia de Estados Unidos, la familia ha vuelto a conversar al apagarse los equipos de televisión; los muchachos empiezan a hacer deporte en el barrio, donde algunos emprendedores ponen luz de plantas o de paneles solares, hay bares y restaurantes iluminando espacios en medio de la oscuridad más profunda y hay mucho invento cubano para resistir desafíos nuevos como la emergencia de desigualdades y la creciente inflación que ha expandido la brecha hasta hace poco casi desconocida en Cuba, entre quienes parecen tenerlo todo y quienes empiezan a no tener nada.

Los Estados Unidos de Trump y Rubio tienen una amenaza y una medida coercitiva para Cuba cada semana. El plan es guerra económica con guerra psicológica, para cumplir con el sueño de los antiguos dueños de Cuba, para que ninguna otra nación del traspatio se salga del redil y para vengar a los mafiosos que lo perdieron todo con la Revolución de los humildes.

La presión externa está llegando a los extremos y su efecto sobre muchos que no soportan más, es el ruido de los calderos rompiendo la pesada oscuridad de los apagones.

Todos saben que nada cambiará con eso, porque el conmutador de la luz nacional corre bajo la cubierta de los casi 50 barcos que debían entrar a puerto en seis meses, pero no se atrevieron.

Mientras, la pelea por la vida sigue isla adentro con mujeres en el epicentro de casi todas las escenas, incluso donde no se ven ellas, porque «no están para fotos» y las cubanas son presumidas: les gusta lucir bien hasta en medio de la tormenta.

Arleen Rodríguez Derivet
La Habana
10 de julio 2026

Foto de portada: Yaimi Ravelo / Resumen Latinoamericano-Cuba.

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