Cuba

Diario del Centenario de FIDEL, sexto día

Hoy me levanto a las 5 de la mañana. Quiero ir de visita a la ciudad de Matanzas. El transporte más seguro es ir a la antigua parada de autobuses, cerca de la Plaza de la Revolución y contratar allí un taxi colectivo.

Mis anfitriones son espectaculares en cuanto a generosidad y atención. Ella se levanta también y me prepara café y un desayuno. Él, me lleva en la moto a la parada de los autobuses, que ahora es prácticamente una parada de taxis colectivos y de triciclos taxi. Son las 6:30 de la mañana, y enseguida nos preguntan dónde vamos, y nos ofrecen un coche que va para Matanzas. El precio son 7000 pesos, al cambio oficial de hoy (727pesos por €) son 9,62€. El problema fundamental de este tipo de transporte es que no tiene hora de salida, sale, cuando consigue 4 pasajer@s, que contraten el viaje, mientras tanto hay que esperar.

Cuando llegamos era de noche, se hace de día y no llega otro pasajero. Es algo angustioso no saber cuanto tiempo habrá que estar allí. El propio conductor confiesa que no tiene ninguna seguridad de conseguir el pasaje. Pero al final, llega una persona, y no mucho después otra ¡¡ya solo falta un pasajero!! Son cerca de las 9, dos horas y media después, cuando las cosas se precipitan. El tercer pasajero que llegó quería ir de copiloto, pero el chófer le dice que no, que yo llegué mucho antes. El hombre parece conformado con ir atrás, pero el coche es pequeño, un Peugeot 106, que en realidad es un 4 plazas. De pronto aparecen 5 personas que quieren ir a Matanzas, y una de ellas, el que se va a subir a nuestro coche, es un hombre grande y corpulento, entonces, el tercer pasajero decide pagar el solo dos plazas, y viajar más cómodo, por lo que ya, con solo tres pasajeros, arrancamos hacia Matanzas, que está a 92 km de la Habana.

El viaje, donde voy, en el privilegiado sitio del copiloto, me permite disfrutar del precioso paisaje. He ido a Matanzas en varias ocasiones, y hoy me ha parecido, que la naturaleza en Cuba se muestra más exuberante que nunca. A la izquierda en dirección a Matanzas, tenemos el mar, y a la derecha, los bosques, de árboles y palmeras originarios, que se pierden entre las montañas y el horizonte. Todo es verde y atravesamos distintos ríos que atraviesan la carretera. No vamos solos en ella, otros vehículos nos pasan o los pasamos, y hay gente, o esperando en paradas, haciendo auto stop, o haciendo botella, como se dice en Cuba.

A unos 40 km ya de Matanzas, veo vacas pastando. A 18 km, atravesamos el puente Bacunayagua, el más alto de Cuba. Es la frontera entre la provincia de Mayabeque y Matanzas. La vista, mires para donde mires es de una belleza extraordinaria. Una compañera de Málaga, muy graciosa, me dijo un día, que sin entrar en debates, había que venir a Cuba, por el simple hecho de que es muy bonita. Llegado a Matanzas, me dirijo al café Atenas, donde he estado otras veces, como sitio de encuentro, con mi pareja amiga. La ciudad es conocida como la Atenas de Cuba, por su apuesta por la cultura, el teatro, la literatura, las tertulias culturales… A principios de 1860, en febrero, el Liceo artístico y literario, proclamó a Matanzas, como la Atenas de Cuba y ello fue aceptado en general. Pero a mi lo que más me impacta de Matanzas, es su propio nombre. Aunque hay debate sobre él, los datos, documentos trasmitidos en la época, al rey Fernando el Católico, así lo atestiguan. Resulta que Matanzas, que es una gran bahía, con una densa vegetación en su entorno, era, para un destacamento del ejército colonial español de la época, a principios del año 1500, mucho más fácil de atravesar en barcas, como las que usaban los indios nativos, que a pie. Por ello, pidieron a los indios que los pasaran en las barcas al otro extremo de la bahía. Los indios, aceptaron pasarlos. Eran 30 hombres y 2 mujeres, quienes se embarcaron. A mitad de la bahía, los indios saltaron al agua, y volcaron las barcas. La mayoría de los españoles se ahogaron, tal como iban, con sus ropajes y sus armas. Parece que sobrevivieron 3 hombres y una mujer. Cuando España llegó a controlar Cuba militarmente, al fundar la ciudad alrededor de la bahía, la bautizaron como San Carlos y San Severino de Matanzas. Al final, le quedó el nombre auténtico, Matanzas a secas. Hay que avisar a Trump que no conoce estas historias, y no sabe lo que le espera, si decide desembarcar en Cuba.

Ya en casa de mis amigos, veo un racimo de mamoncillos en una mesa y me entran ganas de probarlos. Estos son unos frutos, de aproximadamente el tamaño de las ciruelas claudia, y además son también verdes. La cáscara externa, es como dura, pero se quita fácilmente. Dentro, hay como una masa carnosa, también parecida a la ciruela, pero esa masa es muy fina y está recubriendo un hueso que ocupa casi todo el fruto, de manera, que la única manera de comerse ese fruto es chupando, dentro de la boca, la masa que recubre el hueso, de ahí su nombre. Tiene muy poco que comer, pero sin embargo, es dulce, con un sabor muy agradable, y según leo, el mamoncillo cubano, es un fruto de alto valor nutritivo, que tiene vitamina A y C, aminoácidos, minerales, ácidos grasos insaturados, calcio, fósforo y hierro. Ahora es una fruta infravalorada y de pobres, quizás, en el futuro, se valore mucho más.

Mis planes de disfrutar de Matanzas se trastocan porque la familia que visito, ha sufrido una gran tragedia. El hermano del amigo al que visito se fue hace 5 años, a EE.UU. Dejó en Matanzas a su mujer, de la que se separó y a un hijo, único, de 12 años. El chaval que ya tiene 17 años está haciendo el servicio militar. Su padre que ha venido de vacaciones para visitar a su hijo y a su exesposa llevará unos 10 días en Matanzas.

Hace dos días, el chico, se disparó un tiro, poniéndose el cañón debajo de la barbilla, después de dejar un escrito diciendo que estaba cansado de la vida. No murió después del disparo y sus compañeros lo trasladaron rápidamente al hospital donde fue intervenido quirúrgicamente. Durante dos noches, ha estado entre la vida y la muerte, y esta mañana, por fin, se le han estabilizado sus constantes vitales. Los padres, que están desolados, están turnándose permanentemente en el hospital siguiendo la evolución del hijo y mis amigos también se han volcado en la atención al chico y a sus padres.

A pesar de ello, me han atendido lo mejor que han podido, aunque llevan varios días volcados en la situación. La sanidad cubana, ha actuado extraordinariamente, salvando la vida del muchacho. El ejército, sus compañeros y sus mandos, están pendientes en todo momento de la situación y han llevado víveres a la familia para que no tengan que preocuparse de buscarlos en estos momentos, y la familia tiene el arrope y el cariño de numerosos vecinos, familiares y amistades.

Las heridas en la cara son tremendas y ha perdido un ojo, aunque conserva bien el otro. Ojalá que la vuelta a la vida, suponga para este chaval de 17 años, una reinterpretación de su existencia, y en cualquier caso, tendrá evidencias físicas que supondrán un recuerdo permanente para toda su vida.

Mañana intentaré volver temprano a La Habana.

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