Cuba

El fantasma de la posverdad y la manipulación digital

Por Henry Omar Pérez.

Su nombre inundó las conversaciones de WhatsApp, saturó los muros de Facebook y despertó suspiros y odios en X.

 Alexis Cuco Mendieta, a quien se le atribuyó la dirección del comando Delta Force responsable de secuestrar al presidente Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores, así nació quien tenía todo para ser el antihéroe perfecto, con rostro de barrio, aura de peligro y una biografía que parecía escrita por el destino, pero en realidad fue un personaje ficticio concebido para cotizar en redes sociales.

 Al unir la historia personal ficticia con un hecho político de gran impacto, la mentira ganó fuerza y credibilidad y logró que incluso algunos medios la reprodujeran como si fuera cierta.

 La estrategia consistió en presentarlo como un cubanoamericano con padres emigrados, un pasado humilde y un supuesto liderazgo en un comando clandestino, sencillamente la historia del sueño americano que muchos desean oír.

 Esa historia inventada lo humanizó y generó simpatía, lo que permitió que miles de usuarios aprobaran un personaje inexistente y con ello se demostró cómo la desinformación puede escalar rápidamente en el ecosistema digital.

 El personaje irrumpió desde El Lumpen, un portal que se mueve entre sátira, provocación y crítica social, con una foto y un par de frases activó un mecanismo de validación colectiva aterrador.

 Al desmontar estas reacciones queda claro que la sociedad digital no busca la verdad, sino una narrativa en la cual encajar sus prejuicios y deseos, y ese es el terreno fértil de la posverdad.

   El periodista Gilberto Esparza, del periódico El Imparcial en México, explicó que se trata de una unidad de operaciones especiales con perfil clandestino, mientras el diario español El País puntualizó que sus misiones rara vez son reconocidas públicamente, incluso años después de ejecutadas.

 ¿Cómo fue posible entonces que miles cayeran en el bulo de que un cubanoamericano era jefe de ese comando?

La respuesta está en la cercanía emocional que explotaron los creadores de la farsa y la manipulación del inconsciente, es sin lugar a dudas parte de la guerra cognitiva que hoy se experimenta.

 El Lumpen no escribió una noticia falsa por error, diseñó un artefacto cultural para poner a prueba el sentido crítico de la audiencia, y proclamó la existencia de Mendieta como espejo deformante de quienes admiten una mentira si tiene sabor de autenticidad.

 Mendieta es hijo de la desinformación, con biografía, pasado y admiradores inventados, pero sostenidos por el compartir impulsivo de miles de personas.

 El fenómeno revela que en el siglo XXI la existencia física resulta secundaria a la digital, y que si tienes un perfil, una historia viral y gente hablando de ti, existes para el sistema de información.

 Hoy el rastro de Mendieta empieza a borrarse de los servidores, pero la lección permanece: su existencia fue síntoma de una enfermedad informativa donde el «me gusta» precede a la verificación, y donde el vacío crítico que llenó durante dos días debería preocuparnos más que cualquier personaje de ficción.

 Demuestra que en la era digital lo artificial puede sustituir a la existencia y que miles de usuarios validan narrativas sin comprobar su origen, la experiencia evidenció que la sociedad no busca la verdad, sino relatos que encajen en sus deseos, lo cual abre espacio a la manipulación mediática.

 Lo que vivimos no fue el ascenso de una figura popular, sino un experimento de ingeniería social que demuestra cómo la guerra cognitiva opera desde el subconsciente y construye héroes artificiales al estilo del cowboy americano.

 Allen W. Dulles, jefe de la CIA en la década del 60, expresó con crudeza que «debemos lograr que los agredidos nos reciban con los brazos abiertos», y añadió que se trata de una ciencia para ganar en un nuevo escenario: la mente de los hombres.

 El exagente estadounidense desmenuzó en 1953 planes que buscaban perpetuar a su país como cabeza del imperio capitalista, y advirtió que el objetivo final era derrotar en el terreno de las ideas las alternativas a su dominio mediante manipulación del inconsciente y usurpación del imaginario colectivo.

 “El objetivo final de la estrategia a escala planetaria, es derrotar en el terreno de la ideas las alternativas a nuestro dominio, mediante el deslumbramiento y la persuasión, la manipulación del inconsciente, la usurpación del imaginario colectivo y la recolonización de las utopías redentoras y libertarias, para lograr un producto paradójico e inquietante: que las víctimas lleguen a comprender y compartir la lógica de sus verdugos”.

  Resulta imprescindible subrayar la necesidad de verificar las fuentes antes de compartir cualquier contenido, la credulidad permitió que un personaje ficticio se convirtiera en tendencia en solo 48 horas, y ese mismo mecanismo sostiene campañas de desinformación que se consumen a ojos cerrados en redes sociales cuando en realidad son falsas.

 El fenómeno Mendieta es una advertencia: sin hábitos de contraste y comprobación, la audiencia se convierte en terreno fértil para estrategias de manipulación que buscan colonizar y moldear percepciones políticas, sociales o culturales.

Queda una lección bien clara: la verificación crítica es la única defensa frente al espejismo de la posverdad.

Tomado de ACN.

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