Análisis de posibles escenarios: Cuba-EE.UU. en 2026
Un escenario posible en este año es que la administración de Donald Trump trate de lograr el cambio de “régimen” en Cuba mediante el uso de la fuerza militar.
Por Raúl Antonio Capote.
Durante el año 2026, la relación entre EE. UU y Cuba estará en un punto de máxima tensión, y tirantez que escalará en dependencia de los factores críticos que se están gestando hoy.
La Orden Ejecutiva titulada “Abordando las amenazas contra Estados Unidos por parte del gobierno de Cuba” firmada por el presidente de ese país el 29 de enero, entre otras cosas, expone: “Considero que las políticas, prácticas y acciones del Gobierno de Cuba amenazan directamente la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”.
Tal declaración sobrepasa el absurdo ¿Cómo una Isla de apenas 10 millones de habitantes, que ha sufrido un cerco económico de más de 60 años, puede ser un peligro para la primera potencia militar, poseedora de armas nucleares, quien es además la única que las ha utilizado?
Materialmente Cuba no es una amenaza para Washington, moralmente quizás, los imperios no perdonan a quienes cometen el delito de la insumisión.
Es altamente probable que Cuba permanezca en la espuria lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo, lo que bloquea casi cualquier transacción financiera internacional y asfixia la inversión extranjera.
Debido a la activación total del Título III (Helms-Burton): Se espera un aumento en las demandas judiciales contra empresas que «trafican», según el lenguaje de Washington con propiedades nacionalizadas, alejando a socios europeos y asiáticos.
El cierre de servicios consulares y la reducción de misiones diplomáticas a niveles mínimos será la norma, aunque podrían buscarse vías alternativas de contacto para negociaciones secretas.
La economía cubana enfrenta una crisis profunda, con un crecimiento proyectado de apenas uno por ciento para 2026, escasez de divisas y severas restricciones energéticas, agravadas por la reciente orden ejecutiva que declara a Cuba «amenaza nacional» y castiga con aranceles a países que suministren petróleo a la isla.
Por si fuera poco, Donald Trump, prorrogó por un año la orden ejecutiva que autoriza la detención e inspección de barcos estadounidenses y extranjeros con destino a Cuba.
Un escenario probable para el 2026, sería que ocurra una intensificación de medidas coercitivas unilaterales estadounidenses, aplicación efectiva de aranceles a terceros países que comercien con Cuba, especialmente en energía.
La crisis energética cubana al limitar capacidad operativa del gobierno, puede afectar aún más a la población, provocando una mayor migración irregular hacia EE. UU. Esta situación llevaría a un mayor acercamiento de Cuba a aliados como Rusia y China para contrarrestar el aislamiento.
Otro escenario posible en este año es que la administración de Donald Trump trate de lograr el cambio de “régimen” en Cuba mediante el uso de la fuerza militar, sobre todo envalentonados tras el éxito de la operación en Venezuela.
EE. UU. ha demostrado tener tanto la capacidad logística como la voluntad política para ejecutar operaciones de este tipo, como lo demuestra el caso venezolano. Aunque una invasión a gran escala es poco probable debido a los costos políticos y humanos, una operación militar limitada, de tipo comando o de «golpe quirúrgico» —similar a la de Venezuela— es posible.
Las variables más probables podrían ser intentar un golpe aéreo masivo sorpresivo con el fin de destruir infraestructura básica, centros de mando y comunicaciones, centros urbanos densamente poblados, para causar “conmoción y pavor” o un ataque limitado (quirúrgico) con el objetivo de asesinar a la máxima dirección del gobierno cubano y de sus fuerzas armadas.
Sin embargo, cualquier de estas variables puede terminar en un desastre para la Casa Blanca. El gobierno y pueblo cubano ha demostrado histórica resiliencia ante sanciones y agresiones, estar cerca geográficamente es un elemento que afecta a ambas partes, las fuerzas de la Isla pueden ripostar con efectividad y destruir objetivos económicos y militares de importancia estratégica para Washington.
Las relaciones con la Federación de Rusia y la República Popular China, el apoyo concreto de estas dos naciones constituye un elemento importante de apoyo material y moral para Cuba. Las declaraciones y acciones recientes de los dignatarios de ambas naciones muestran un incremento de ese respaldo.
Actores regionales como México y países caribeños podrían mediar y como está ocurriendo con la nación azteca, brindar una solidaridad efectiva con la Mayor de las Antillas. La solidaridad mundial sería un factor de apoyo nada despreciable.
¿Negociación o rendición?
Hay factores que diferencian radicalmente a Cuba de otros países, la Estructura del Estado, por ejemplo, la contraparte institucional interna que Estados Unidos pueda usar como «gobierno paralelo» no existe.
No hay una personalidad del gobierno que tenga el poder para por si solo actuar a favor de EE. UU. y provocar un “cambio”, el sistema cubano se basa en la dirección colectiva, con alta participación popular.
Las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) tienen una integración económica, política y popular muy profunda. Cuenta con una gran tradición de lucha, experiencia de combate en varias regiones del mundo y alta calificación. Un quiebre interno o situaciones de deserción masiva es muy poco probable.
Por otro lado, el Pentágono sabe que Cuba ha preparado durante décadas la «Guerra de Todo el Pueblo». Una ocupación militar sería costosa, larga y generaría un rechazo total en América Latina, rompiendo alianzas estratégicas de EE. UU. en la región.
Aunque no hay un pacto de defensa mutua formal, una agresión militar en el Caribe podría escalar a un conflicto global que EE.UU. prefiere evitar.
En lugar de marines desembarcando, el escenario para 2026 apunta a una intensificación de la Guerra multiforme de carácter no convencional. Buscar la asfixia financiera total, profundizar el bloqueo para forzar un colapso del sistema de servicios básicos (electricidad y agua).
Este un el escenario donde la agresión militar podría disfrazarse. Si ocurre una crisis sanitaria o alimentaria extrema, EE. UU. podría intentar establecer un «corredor humanitario» o una «zona de exclusión», lo cual sería una entrada militar técnica sin ser una invasión total declarada.
Cuando EE. UU. sanciona a terceros por vender petróleo (aplicando sanciones secundarias), está enviando un mensaje directo a la dirección de la Isla: “El costo de mantener el sistema actual es la parálisis total del país”.
La Casa Blanca podría intentar usar canales traseros (backchannels) —posiblemente mediante intermediarios como Noruega, Venezuela, México o el Vaticano— para ofrecer una salida negociadas si Cuba facilita una transición o una reforma profunda.
Actualmente los medios de prensa y algunas fuentes diplomáticas, el mismo presidente de EE. UU. hablan de que existen conversaciones con actores dentro de la Isla, lo que es negado reiterativamente por el gobierno cubano. Asegura la Oficina Oval que el secretario de Estado Marco Rubio es el encargado las negociaciones secretas.
No puede dejar de asaltarnos la duda ¿Está engañando el secretario de Estado al presidente? ¿Será que tal diálogo no existe? Rubio podría ciertamente estar mintiendo, impidiendo cualquier tipo de intercambio entre ambas partes para hacer ostensible el fracaso de la vía diplomática y provocar una escalada que lleve a una Intervención armada, sueño largamente acariciado por los de su estirpe.
Lo que sí es una verdad absoluta es que Cuba no negocia bajo presión, siempre ha estado dispuesta al diálogo en igualdad de condiciones, pero no acepta condicionamientos que afecten su soberanía y libertad.
Cuba se alista para el peor de los escenarios, no lo desean los cubanos, pero llevamos más de 60 años con la espada de Damocles de la agresión militar sobre las cabezas, sabemos resistir y sabremos vencer.
Tomado de Al Mayadeen.

