Cuba

Vigencia del plan subversivo, 66 años después (II)

Por José Luis Méndez Méndez* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

Por suerte para los defensores de la Revolución y sus conquistas, la cual según Carlos Marx, si es verdadera, le es inherente una contrarrevolución que ella misma genera, pujante, representativa de los intereses en pugna, ya en el programa de acción encubierta hace 66 años, los titiriteros, se quejaban que sus títeres, tenían sus propias agendas ocultas, avaricia de poder, resentimientos heredados de décadas pasadas, en las cuales las trampas y cambios de carpas políticas eran frecuentes. Ahora, nuevas generaciones de contrarrevolucionarios cultivan las mismas miserias de antaño.

En la parte dedicada a la dirección política del Programa, la administración republicana de David D. Eisenhower, aspiraba: “Es importante evitar la rivalidad que perturbe y divida a los principales líderes cubanos de la oposición en su papel de dirección dentro de la organización. Asimismo, se harán todos los esfuerzos posibles para seleccionar a un presidente que sea un político juicioso, no ambicioso y eminente. La urgencia de un sucesor para Castro, debe conllevar a una valoración cuidadosa por parte de varias personalidades activas en la oposición para que se identifique a la persona que pueda atraer, controlar y enviar numerosas fuerzas. Como la posibilidad de derrocar a Castro se hace más inminente, se debe seleccionar a un líder, con apoyo norteamericano concentrado sobre él y fortalecido con la tarea a realizar”. Como soñar no cuesta nada y los sueños, son solo eso quimeras y deseos oníricos. Nunca se logró la unidad de acción deseada, la falta de valores, principios, transparencia y ética evitó lograr el deseo estadounidense.

Esa ausencia, generaba otra dificultad, lo que realmente se ocultaba: “Todas las acciones acometidas por la CIA, en apoyo o en nombre del Consejo de la Oposición, se presentarán, por supuesto, como actividades de esa entidad (hasta que las acciones se den a conocer públicamente). Sin embargo, la CIA tendrá que tener contactos directos con cierto número de cubanos y, para proteger a éstos, utilizará cuidadosamente a un grupo de hombres de negocio norteamericanos como cobertura, los cuales tienen un interés marcado en los asuntos cubanos y desean apoyar a la oposición. Estos hombres de negocio actuarán como un mecanismo de financiamiento y a la vez como una vía para la dirección y apoyo al directorio de la oposición bajo condiciones controladas. El personal de la CIA aparecerá como el representante de este grupo. Para fortalecer la cobertura se espera que se recauden importantes fondos de fuentes privadas que apoyen a la oposición. Ya se han prometido cien mil dólares de fuentes norteamericanas. En el momento preciso el Consejo emitirá un bono para recaudar la suma adicional de dos millones de dólares (como una obligación sobre el futuro gobierno cubano)”. Así quedó diseñado el engaño y la pantalla detrás de la cual estaba la contrarrevolución fragmentada y clamando protagonismo, que significaba el acceso al pastel en rifa.

No era nada despreciable el presupuesto y la puja se hizo intensa. Era generoso y se podía ampliar: “Se anticipa que se necesitará aproximadamente la cantidad de $4 400 000 dólares de los fondos de la CIA para el programa mencionado anteriormente. En el supuesto caso de que no se alcance su culminación en un período de 6 a 8 meses a partir de ahora, los requerimientos estimados para los fondos del Año Fiscal (FY) -1960 serán de 900 000 dólares con un balance de $3 500 000 dólares que se necesitan en el FY-1961”. Estas cifras dieron confianza a la contrarrevolución, que comenzó a fabricar gastos de representación, invisibles, viajes de familiarización, asignaciones según cargos y ocupaciones futuras, más compensaciones por servicios prestados y toda una madeja de embustes y fraudes financieros.

La distribución de los costos entre los años fiscales, se podría alterar grandemente por las decisiones de la política o las contingencias no previstas que forzarán la aceleración de las operaciones paramilitares. Esta apertura, daba espacio para el fraude de las partidas de gastos. Aunque la mayoría de las fichas a utilizar dentro de la cantera de políticos tradicionales y traidores de ultima camada eran conocidos, los organizadores, sin embargo, como nunca antes, estuvieron al tanto de la verdadera estirpe inmoral de sus fieles colaboradores, una lluvia de acusaciones, desconfianza, hasta imputaciones de infiltrados castristas, colmó la paciencia de la CIA y los relocalizó en México hasta que terminara la aventura invasiva a la Isla.

Para el final la CIA reservó algunas recomendaciones, tampoco esa agencia era un ejemplo de moral, después de la invasión, algunos oficiales de caso y funcionarios administrativos, cobraron durante meses las remesas a los mercenarios, detenidos, dados por desaparecidos y en situación incierta, varios millones de dólares se desviaron en esa dirección.

Entre las recomendaciones estaban: “Que la Agencia Central de Inteligencia esté autorizada a llevar a cabo el programa antes referido y para separar los fondos necesarios para este propósito como lo planteado y que proviene de la reserva de la agencia para las contingencias”. Era una patente de corso para delinquir, la CIA después del fracaso en Playa Girón, desató una purga, añorada desde su creación, para adecentar su imagen.

(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, “La Operación Cóndor contra Cuba” y “Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba”. Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *