Manipulación sintética: la era de la sobreinformación
Por Raúl Antonio Capote* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.
Vivimos en la era de la sobreinformación, pero paradójicamente, nunca antes habíamos estado tan expuestos a que nuestra percepción de la realidad sea moldeada, limitada o incluso secuestrada.
Todos los días, consumimos noticias, interactuamos en redes sociales y mantenemos conversaciones sin ser conscientes de que existen fuerzas —psicológicas y comunicativas— que actúan como un lente deformante.
Nuestras vidas transcurren en el universo digital, en sus escenarios «conversamos», compramos, estudiamos, caminamos, viajamos, en sus «nubes» guardamos toda la información personal, hasta la historia clínica, le confiamos los más preciados, pero también los más oscuros deseos.
Le dedicamos la mayor parte del día y nos acompaña siempre, en el transporte, la oficina, el taller, el aula, el sofá, la cama, el baño, en ese mundo sintético podemos ser quien queramos y como queramos, valientes, hermosos, inteligentes, atrevidos, el tímido colega de la universidad se transforma en gigoló, súper héroe, cosmonauta, lo que sea.
No se requiere esfuerzo o dedicación para salir adelante, el trabajo, la voluntad, se lo dejamos a los manipuladores, a los que fabrican la realidad narcótica donde nos sumergimos y nos perdemos.
Para entender cómo se construye (y se destruye) la realidad, es necesario conocer tres conceptos fundamentales que operan tanto en nuestra intimidad como en el ágora pública: el Gaslighting, el Framing y la Agenda Setting.
No son términos académicos aislados; son las herramientas con las que, a menudo sin saberlo, nos relacionamos con el mundo, instrumentos que buscan erosionar la confianza, crear una sensación de colapso inminente, de caos.
La combinación de las tres es letal, si la Agenda Setting decide que ciertos problemas no existen, el Framing lo presenta bajo una luz que favorece a unos pocos y el Gaslighting nos hace dudar de que nuestra percepción sea válida, así el ciudadano queda atrapado en una caverna digital de la que es muy difícil escapar.
Es importante señalar que estas técnicas no operan en el vacío, forman parte de la guerra multiforme de carácter no convencional, que busca desmantelar cualquier ejemplo exitoso de resistencia y soberanía.
Reconocer estos mecanismos es el primer paso para recuperar la autonomía. Contrastar medios, desconfiar de los absolutos (esto es lo que piensa todo el mundo) y, sobre todo, confiar en el propio criterio cuando sentimos que algo no encaja, forma parte hoy de las herramientas de resistencia cívica.
Como nos enseñó Platón, el camino hacia la luz comienza cuando dejamos de creer que las sombras de la pared son la única realidad posible.
(*) Escritor, profesor, investigador y periodista cubano. Es autor de “Juego de Iluminaciones”, “El caballero ilustrado”, “El adversario”, “Enemigo” y “La guerra que se nos hace”.

