Fidel y la victoria histórica en Playa Girón
Por José Luis Méndez Méndez* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.
El 20 de enero de 2001, asumió como presidente de Estados Unidos el republicano George W. Bush, sería su primer mandato. En abril de ese año se conmemoraría los primeros cuarenta años de la victoria histórica en Playa Girón, cuando en breve tiempo se venció a una invasión mercenaria concebida, organizada, armada y dirigida en ese país para intentar derrocar a la Revolución cubana.
En ocasión de ese aniversario, las autoridades cubanas convocaron a celebrar un evento científico entre el 22 y 24 de marzo, se extendió invitaciones a personalidades de varios países, así como a actores históricos de la época de Estados Unidos y del país anfitrión.
Para los preparativos, se creó un comité organizador nacional al cual se integraron representantes de diversos sectores de la sociedad cubana, quienes serían los encargados de darle contenido y forma a la cita. Se unieron dirigentes, historiadores, investigadores, políticos y especialistas en el tema.
Se crearon grupos de trabajo y se seleccionaron aspectos que requerían esclarecimiento para preservar la memoria histórica de determinados sucesos, con apego a investigaciones científicas que instalaran con rigor una aproximación sólida de lo real acontecido. Se solicitaba que los organizadores presentaran una base para el debate, en sesiones científicas, donde con miradas diferentes y tal vez opuestas se arribara, de ser posible, a conclusiones consensuadas y se instalaran en el legado de los épicos hechos acaecidos en menos de tres días con un desarrollo bélico turbulento.
Un equipo lo dirigió José Ramón Fernández Álvarez, honorable militar y dirigente de la Revolución, quien en ese momento ocupaba el cargo gubernamental de vicepresidente del Consejo de Ministros. El general, educador por excelencia fue exigente, dedicado y condujo la misión con responsabilidad e interesa. La premisa, siempre presente, fue la ética y el apego a la verdad de los hechos, todo resultado tendría que tener un aval colegiado del equipo. Se logró, tras intensos intercambios, que tomaron largas jornadas de argumentos diversos, los cuales no siempre concordaban.
La organización escalonada del evento preveía que el coordinador Fernández recibía los señalamientos del líder histórico Fidel Castro Ruz, se insistía en profundizar, no dejar dudas en lo concluido, el esfuerzo era científico y se expondrían a protagonistas nacionales y extranjeros, algunos en su momento enemigos, pero en el evento serían huéspedes respetables que debían ser vencidos, si fuese necesario, con las ideas.
Se estimaba así, porque concurría la posibilidad de contar todavía con actores intelectuales y materiales de la época, el paso del tiempo había borrado momentos cruciales, otros los había distorsionado, existían diversas versiones sobre los mismos sucesos, se contaba con libros de diferentes autores en varios países, artículos, monografías, visiones particulares y parciales se exponían sobre genéricas y universales ocurrencias.
Miles de documentos secretos de agencias estadounidenses se habían desclasificado, también en otros países, incluso en archivos de la ex Unión Soviética, tras su desintegración, investigadores habían encontrado textos sobre el hecho histórico en estudio, los cuales aportaban nuevas revelaciones, algunas después en el desarrollo del encuentro se colocarían en su exacta valoración y lugar.
El Comandante en Jefe, en una de las sesiones de trabajo del grupo, hizo una extensa referencia histórica sobre la ética de la Revolución en el tratamiento a los prisioneros, a todo lo largo del proceso de liberación, tanto hacia los rendidos en combate, a quienes se entregaban, a los capturados involucrados en terribles crimines contra la población civil en las zonas liberadas y el caso tendenciosamente manipulado del traslado de Playa Girón hacia La Habana, que produjo el fallecimiento de nueve de ellos, hecho que lo molestó por ser una infamia que lesionaba la imagen de la victoria, narró que él había estado en la morgue y ordenó una investigación inmediata de lo sucedido. Por ello el dirigente colocó ese tema en la agenda, para enfrentarlo con la verdad y la autoridad moral que lo asistía para explicar ese no deseado incidente. Durante el encuentro, se atendió a un grupo de mercenarios invitados a la cita, uno de ellos había estado en el citado camión y ofreció su testimonio esclarecedor.
Otro tema de crucial importancia fue el referido a demostrar que las autoridades cubanas no habían tenido conocimiento anticipado del lugar seleccionado para desembarcar la brigada mercenaria, durante años en la creencia popular e incluso en medios especializados, se instaló de forma errónea la creencia de haber conocido el día, la hora y sobre todo el lugar de la agresión mercenaria.
El líder de la Revolución insistía en desmitificar esa creencia y argumentada con sobrada razón, que no se trataba de colocar esa pieza en el tablero histórico correcto ni con el rigor exigido, implicaba, según su razonamiento lúcido, una enorme responsabilidad: “Cuantas vidas de compañeros hubiésemos salvado, de haber conocido con anticipación el lugar de desembarco”. Instaba a no dejar ninguna duda del desconocimiento de ese dato, enemigos de la Revolución habían propalado durante años, que los servicios especializados de la seguridad cubana habían contado con fuentes infiltradas en los campamentos de entrenamiento y que desde Centroamérica se había conocido con precisión todo lo urdido, incluido el momento final y sitio final de la agresión.
Había reflexionado: “Si hubiésemos conocido con anticipación el lugar, la invasión no hubiese durado más de cuarenta y ocho horas”. Era su pensamiento establecido con solidez, actores estadounidenses lo validarían después.
En relación con esta parte de la invasión, el líder aseveró: “En sesenta horas consecutivas de combate, entre el amanecer del 17 y las 6:00 de la tarde del 19 de abril, los derrotamos, después de una batalla encarnizada en que tuvimos más de 150 muertos y centenares de heridos. Esa batalla se libró a la vista de la escuadra norteamericana. Alrededor de 1200 mercenarios fueron hecho prisioneros, casi la totalidad de las fuerzas enemigas con capacidad de combate, sin incluir las bajas mortales de los invasores”.[1]
La concurrencia bajo un mismo techo de enemigos políticos, que ahora la ciencia los asociaba para hurgar en el pasado y traer al presente, lo que perduraría en el futuro, debía hacerse en armonía, no descuidar el lenguaje, había que estandarizarlo, que ningún participante se sintiera agredido ni verbal ni físicamente. Se fue cuidadoso hasta en la conformación de las mesas en la cena de gala, que los anfitriones dieron a los participantes, para evitar cualquier fricción.
Habría agentes de la CIA, asesores de administraciones estadounidenses, funcionarios de la época, protagonistas históricos, dirigentes de la Revolución.
A mediados de marzo de 2001, ya estaba confirmada la asistencia de 56 invitados procedentes de Estados Unidos. La delegación huésped contaba con actores históricos, protagonistas de primera línea, estudiosos del tema y dirigentes de la Revolución.
El programa general preveía una cena de bienvenida, un encuentro entre delegaciones el día previo al inicio, una conferencia de prensa nacional e internacional con miembros del comité organizador, visita a lugares de combate: Playa Larga, el desembarco y Playa Girón, la victoria, visita al museo local que registra, en varias salas, la epopeya, allí había fotos, videos, armas originales y en su exterior medios de combate conservados.
Imperdible la visita programada a la minúscula oficina en el batey del central Australia, en Jaguey Grande, donde se instaló el puesto de mando, de allí salieron las órdenes precisas del Comandante en Jefe.
También se exhibían los restos de aviones agresores derribados en ese lugar, donde murieron mercenarios estadounidenses contratados para atacar ese día final.
La conferencia científica, en si misma constituía un desafío, se hacía en un entorno político no amigable, la flamante administración del republicano George W. Bush, había dado continuidad a la política hostil del demócrata William J. Clinton, en sus ocho años de mandato se habían ejecutado 128 acciones de terror contra Cuba, de los cientos de planes e intenciones conocidos.
En el protocolo de recibimiento se dispuso que el general Fernández, recibiera en el aeropuerto capitalino al grueso de los estadounidenses, entre ellos Arthur Schlesinger Jr. Asistente del presidente John F. Kennedy; algunos de sus familiares cercanos; funcionarios diplomáticos de la época y ex oficiales de CIA, vinculados a la organización de la invasión, además académicos seguidores del tema.
En la tarde la conferencia de prensa, en la cual se declararon los propósitos de la cita, inspirada en la necesidad de examinar juntos puntos de vista de cada parte de manera respetuosa, sacar conclusiones que fuesen educativas para todos.
Se anunció la desclasificación de documentos secretos de ambas partes, referidos a las acciones diplomáticas, de seguridad y el atractivo más esperado era la secuencia completa de las indicaciones de la dirección de la Revolución y del líder histórico desde el día 16 de abril hasta que terminaron las acciones combativas y el invasor fue derrotado.
Así llego el 22 de marzo, hace 25 años, comienzo de la conferencia, el Palacio de Convenciones en la capital, era un hervidero de dirigentes, participantes, invitados, traductores, edecanes, todos con el fin de lograr el éxito.
La presunción del conocimiento anticipado del lugar de desembarco, su mito y realidad, llegó a debate, el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez, en su condición de jefe de la Seguridad del Estado en el momento de la invasión fue el designado para exponer los argumentos sustanciales, que permitían afirmar que no se había tenido conocimiento previo del lugar de desembarco.
La parte estadounidense había sostenido que los sobres secretos y lacrados con las últimas instrucciones fueron repartidos a bordo después de partir del muelle nicaragüense; se había cambiado el lugar de Trinidad a la Ciénaga de Zapata, por existir un aeropuerto adecuado al arribo de aviones después de conseguida la llamada “cabeza de playa” para consolidar el propósito de la invasión, también uno de los decisores dudo la posibilidad de que la seguridad cubana hubiese conocido el sitio de desembarco, el cual todavía no había sido elegido por los organizadores de la agresión, todos estos criterios de valor permitieron la conclusión.
Se reconoció que el Comandante en jefe había realizado varios recorridos por zonas costeras con condiciones propicias para desembarcar, se decidió reforzar la vigilancia, se desplegó fuerzas de milicianos en varios puntos, uno de ellos fue Playa Larga, pero el líder histórico recordó haber indicado colocar un pelotón en ese lugar y solo se dislocó una escuadra reforzada, que con tenaz arrojo y valentía contuvo al agresor en el momento inmediato al ataque. De haberse conocido con anticipación ese lugar, la respuesta hubiese sido contundente y numerosa.
Un testimonio reciente dado por el jefe de la mencionada escuadra José Ramón González Suco preciso: “Se habla de escuadra reforzada en Playa Larga y con apego a la verdad, es necesario precisar que éramos 5 en total, yo tenía 22 años, solo teníamos una subametralladora con noventa balas cada uno, con un alcance máximo de 200 metros y una ametralladora VZ con 200 balas. Las armas personales eran de asalto, no para resistir a distancia, tampoco teníamos medios “sofisticados” de comunicación, era la planta de radio de la construcción y por ahí nos comunicábamos con la jefatura cada media hora. Resistimos hasta agotar el poco parque disponible, nos refugiamos en las construcciones hasta que nos detuvieron los mercenarios, entonces conocimos que les habíamos hecho cuatro bajas. Si se hubiese conocido el lugar de desembarco con anticipación, se hubiese destacado el batallón de 500 hombres que estaba en el central Australia”.[2]
El asesor del presidente Kennedy, el citado Arthur Schlesinger Jr., valoró así el desempeño del Comandante en Jefe al enfrentar a la invasión: “La realidad fue que Fidel Castro resultó un enemigo mucho más formidable de lo esperado y estaba al mando de un régimen mucho más organizado de lo previsto. Sus patrullas avistaron la invasión casi desde el primer momento. Sus aviones reaccionaron con vigor y rapidez. Su policía eliminó cualquier posibilidad de sabotaje o rebelión. Sus soldados se mantuvieron leales y lucharon duro. Él nunca entró en pánico y de haber errores atribuibles a él, fue el sobreestimar las fuerzas invasoras. Su actuación fue realmente impresionante”. [3]
El líder histórico de la Revolución, dirigió las acciones para enfrentar la agresión, la combatió, estuvo atento a todas las maniobras de distracción del invasor, hizo en cada momento lo necesario como gran estratega que es y sobre ese colosal triunfo expresó: “Girón no fue solo una victoria solo contra mercenarios, fue una victoria contra el imperialismo. Fue la primera gran derrota del imperialismo en América y eso lo convirtió en un símbolo”.
A 65 años de la victoria histórica el líder Fidel Castro Ruz, sigue, con su legado, al frente de todos los combates que libra el pueblo cubano, una vez más amenazado como en los tiempos de Playa Girón.
Nota: El autor fue miembro del equipo dirigido por el general Fernández Álvarez, integró la delegación cubana y fue ponente en la conferencia.
[1] Cien horas con Fidel. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado. 3era. ed., La Habana, 2006. p. 292.
[2] Testimonio dado al autor el 17 de marzo de 2026 por González Suco, jefe del grupo que enfrentó a los mercenarios entre las 2 y 2.30 de la madrugada del 17 de marzo de 1961.
[3] Arthur M. Schlesinger Jr., “A Thousand Days”, Houghton Mifflin Co., Nueva York, 2002
(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, “La Operación Cóndor contra Cuba” y “Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba”. Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

