Cuba

¡Viva la Revolución socialista!

Por Marxlenin Pérez Valdés.

Hay más de un patrón para vincular a Fidel y a la Revolución de modo directo. Uno de ellos tiene que ver con la peculiaridad del líder de predecir sucesos, de oportunamente advertir a la nación ante situaciones que incluso sus contemporáneos muchas veces ni siquiera podían comprender aún. Así se fue tejiendo el mito de un Fidel que viajaba al futuro y regresaba para contárnoslo.

Sin embargo, si repasamos cuidadosamente los hitos que van marcando el rumbo del proceso  revolucionario cubano, veremos que, conjuntamente con la genialidad del estadista y lejos de tratarse de un profeta, su habilidad previsora descansa en la constante subversión que provoca su propia praxis creadora.

No es casual que a la declaración del carácter socialista de la Revolución le antecediera (el día previo) el bombardeo enemigo simultáneo a tres aeropuertos de la Isla y le prosiguiera (el día siguiente) una invasión militar orquestada por Estados Unidos. Aquel discurso de Fidel del 16 de abril de 1961, justo en el medio de ambos hechos, selló para la posteridad el cuadro espiritual y material de entendimiento —y realización— del proceso revolucionario. Es importante añadir que el ataque del imperialismo estadounidense que derivó en la invasión a Playa Girón se había ideado, preparado e iniciado mucho antes de que nos autopercibiéramos, para sí y para el mundo, como socialistas.

En un país donde la propaganda anticomunista había marcado el propio devenir de los partidos y las organizaciones de la izquierda cubana roja, había calado profundamente el rechazo de su ideología en la subjetividad popular, más por negación acrítica que por conocimientos. A pesar de esto, aquella declaración —cual hermosa osadía colectiva— encontró total aceptación en la multitud participante. Si la propia dirección de la Revolución adolecía de la cultura marxista y la experiencia política necesarias para consolidar el socialismo en Cuba (como en disímiles oportunidades reconoció Fidel); para asimilar esta proclama las masas reunidas en 23 y 12 “solo” contaban con el positivo impacto de las transformaciones cotidianas en sus vidas.

Evidentemente la producción material de la realidad que sacó del ostracismo a la mayoría de los cubanos, transformándolos de espectadores pasivos a ciudadanos activos y posteriormente a sujeto, había allanado el camino no solo para la radicalización de la Revolución sino, a la vez, para la comprensión y el reconocimiento de su «nueva» cualidad.

“¿Es democrática una revolución en que los humildes tienen las armas?” A la pregunta del líder la respuesta unánime del pueblo uniformado —fusiles mediante— fue afirmativa. La reacción de apoyo masivo validó, también democráticamente, la capacidad y legitimidad de la defensa del proyecto que tanto sacrificio costaba.

“¡Nosotros, con nuestra Revolución, no solo estamos erradicando la explotación de una nación por otra nación, sino también la explotación de unos hombres por otros hombres!” El socialismo —aunque todavía sin necesidad de ser nombrado— no se presenta aquí como meta lejana, sino como un hecho en plena realización. Es ese algo que ya es palpable, resultado de la realidad cotidiana; la misma que tanto perturba a su enemigo histórico.

Por eso «… lo que no pueden perdonarnos los imperialistas es la dignidad, la entereza, el valor, la firmeza ideológica, el espíritu de sacrificio y el espíritu revolucionario (…) Eso es lo que no pueden perdonarnos, que estemos ahí en sus narices ¡y que hayamos hecho una Revolución socialista [así llegó al fin el desenlace] en las propias narices de Estados Unidos!»

A dos años del triunfo de 1959 a la nación no se le había permitido el sosiego. Las amenazas y agresiones desde el Norte eran constantes. La posibilidad anunciada en su propia prensa de una intervención militar finalmente se materializó en abril de 1961. En tal sentido, el socialismo cubano nacía en peligro y con ello, el derecho a defenderlo se le volvería una característica indisoluble en esa nueva triada que se conforma hasta hoy entre la Revolución, el socialismo y la patria.

No estamos ante una entelequia. «… esta es la Revolución socialista y democrática de los humildes, con los humildes y para los humildes. Y por esta Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes, estamos dispuestos a dar la vida.»

La victoria de Girón demostró que aquellas no fueron consignas vacías de contenido, demagógicas, ni festinadas. En lo adelante comenzaría la educación, tanto del pueblo como de la propia vanguardia, de una conciencia política comunista; en la misma medida que se trabajaba intensamente para producir la base material que sustentara prácticamente la construcción del comunismo.

El socialismo que se fue perfilando en Cuba tuvo rasgos distintivos que desde el comienzo definieron su pertinencia y valía. La justicia social, la igualdad, la participación colectiva y el control popular formaron parte esencial del pacto social que lo acogió y (re)configuró. De esta forma, la independencia, la libertad y la soberanía alcanzadas se elevaron y complejizaron ideológicamente, toda vez que se fusionaron con los principios del marxismo y el leninismo sobre una sociedad más humanizada. A la defensa de la patria libre se le adjuntaría de manera orgánica la del socialismo, garante de las conquistas populares de la Revolución, y viceversa.

En lo adelante todos los esfuerzos se encaminarían a la construcción de un modelo de socialismo propio, lo cual supuso muchas veces una apropiación pasiva del estilo soviético —muy a pesar de un Fidel poco ortodoxo—. Las infinitas vicisitudes condicionadas por la persecución económica de la mayor potencia mundial contra nuestro país marcó el signo de este proyecto socialista que no logra desarrollar integralmente todas sus potencialidades y al que le ha correspondido sobreponerse a duros reveses históricos, como el del derrumbe del campo socialista.

Para los nuevos problemas de la dictadura del proletariado el marxismo clásico no tenía respuestas en tanto que desconoce las nuevas preguntas. De modo que, le correspondía (le corresponde) a los ideólogos de la Revolución la producción de una teoría crítica que la acompañe dialécticamente al tiempo que avizorase los posibles desenlaces prácticos.

Por eso para la década del 90 del siglo pasado, cuando la Revolución se quedó completamente sola en el mundo, la ya conocida máxima de «socialismo o muerte» adquirió un matiz todavía más radical. Solo el planteamiento consciente de hacer una Revolución socialista había encontrado para los ideales independentistas de los mambises un desenlace coherente con sus sueños de unidad, antiimperialismo y emancipación social. Abandonarla habría sido, como dijo Fidel: «la más indignante traición a los muertos y a todos los que lucharon desde el 68 por el porvenir, la justicia y el progreso de la patria».

Pero la historia de los pueblos rebeldes es caprichosa. A 65 años de la declaración formal del carácter socialista de la Revolución, preludio de la invasión a Girón, el país se encuentra nuevamente bajo el peligro inminente de otra agresión militar estadounidense. Hoy,  cuando el fascismo se asoma con su rostro mortífero sobre Cuba y el mundo, nos compete defender a la patria de ese imperialismo salvaje en descomposición.

Para lograrlo, el ejemplo de un Fidel que jamás se limitó a recibir pasivamente las dinámicas sociales, sino que las reconfiguraba con su protagonismo transformador en pos de la nación, nos convida a imitarlo revolucionariamente. El estadista que como Lenin, fue maestro de las coyunturas políticas, convirtiendo los escenarios más difíciles en lecciones resolutivas para la historia, es en estas horas de desvelo una guía inequívoca para la victoria. La disyuntiva para toda la humanidad, es hoy con mayor fuerza la de saber elegir definitivamente entre «socialismo o barbarie».

Como aquel 16 de abril, alcemos la voz desde esta misma Isla heroica y volvamos a gritar al unísono de Fidel y del pueblo:

«¡Viva la Revolución socialista!

¡Viva Cuba libre!

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos!»

Tomado de Cubadebate / Foto de portada: Archivo.

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