Cristopher, cuando la nobleza y la vocación abrazan la sensibilidad humana
Por Randy Perdomo García / Corresponsalía Resumen Latinoamericano-Cuba
Un joven profesional que comienza su camino en la Licenciatura en Enfermería encuentra en la celebración por el Día Internacional de la Enfermería una fecha que abraza su vocación, compromiso y sensibilidad humana.
Cristopher Luis Fundora Mora, con apenas 22 años, ha descubierto en la enfermería una pasión que hoy forma parte inseparable de su vida. Su historia también está ligada a la tierra, a las labores agrícolas y a la finca familiar donde aprendió desde pequeño el valor del esfuerzo, la constancia y el cuidado. Las mismas manos que aran y siembran son las que hoy acompañan, alivian y protegen vidas desde la Sala de Geriatría del Hospital Provincial Clínico Quirúrgico Docente Faustino Pérez.
Cada jornada entre pacientes geriátricos le ha permitido comprender la profundidad humana de una profesión que exige paciencia, sensibilidad y capacidad para acompañar a quienes atraviesan etapas complejas de la vida. La enfermería geriátrica enfrenta desafíos constantes relacionados con el cuidado integral, la comunicación y el acompañamiento emocional de pacientes y familiares; sin embargo, también ofrece enseñanzas que marcan profundamente a quienes la ejercen desde el amor y la entrega. En medio del envejecimiento poblacional que vive nuestra sociedad, la necesidad de profesionales preparados y comprometidos continuará creciendo para garantizar atención digna y calidad de vida a nuestros adultos mayores.
Desde Ceiba Mocha hasta la ciudad de Matanzas, aproximadamente 17.7 kilómetros separan el hogar de Cristopher del Hospital Faustino Pérez. La compleja situación del transporte no ha sido obstáculo para este joven matancero, que diariamente encuentra la manera de llegar puntual a sus estudios, a las prácticas docentes y a las extensas jornadas hospitalarias donde continúa formándose como profesional. En más de una ocasión ha debido trasladarse en distintos medios para poder cumplir con sus responsabilidades, demostrando disciplina y una admirable voluntad de servicio.
“Para mí la Enfermería no es una simple carrera; es una profesión que marca el principio y el final de un ciclo. Es brindar amor, comprensión, paciencia, delicadeza y al mismo tiempo fortaleza que no se quebranta ni con hechos ni con palabras. Para mí, mi profesión es la más humana”, expresa con serenidad.
Cuando le preguntamos por qué eligió la enfermería, comparte una respuesta nacida desde la honestidad y la experiencia cotidiana:
“Elegí la enfermería primeramente por un simple embullo que pronto se fue convirtiendo en algo mayor, en algo que me marcaría para toda la vida. Ahí conocí lo que es cuidar a alguien que no tiene lazos sanguíneos contigo, comprendí cuán preciada es una vida y aprendí a salvarlas. De la enfermería pudiera hablar todo un día, pero si tuviera que resumirlo, para mí la Enfermería es un todo”.
Fuera del ambiente hospitalario, Cristopher se define como una persona en la que siempre se puede confiar. Dedica gran parte de su tiempo libre a compartir con la familia, amistades y allegados, mientras encuentra en el campo un espacio de tranquilidad y conexión personal. Disfruta especialmente del paisajismo y de las labores agrícolas que heredó emocionalmente de su abuelo materno, figura esencial en sus recuerdos y formación humana.
“Todo comenzó cuando iba desde pequeño con mi abuelo a la finca familiar. Después de su fallecimiento, hace aproximadamente un año, parte de esas responsabilidades quedaron en manos de mi primo mayor y otra parte en las mías. Actualmente tengo una arboleda, un platanal y recientemente sembré ají”, comenta con orgullo.
Sus estudios primarios los realizó en la escuela Miguel Rolando Sandarán Corso, en Ceiba Mocha; posteriormente cursó la secundaria en Juan Manuel Quijano Mesa y el preuniversitario en José Luis Dubrocq. Hoy continúa superándose mediante la Licenciatura en Enfermería, mientras proyecta especializarse en Gerontología y realizar cursos vinculados a la anestesia, motivado siempre por el deseo de crecer profesionalmente y aportar cada vez más desde la salud pública.
Para Cristopher, un profesional sanitario debe ejercer su labor desde el respeto, el sentido de pertenencia y la unidad colectiva, comprendiendo que la calidad humana resulta tan importante como la preparación técnica. Reconoce que las largas noches de guardia, los turnos de 24 horas y las vivencias hospitalarias han sido parte fundamental de su aprendizaje y crecimiento personal.
“El profesional de enfermería participa diariamente en momentos que marcan tu vida o la de alguien más. En medio de esas noches eternas aprendí lo que significa la verdadera pasión por esta carrera. Hay días difíciles, días en que el cansancio y los problemas pesan, pero el deseo de hacer el bien termina siendo más fuerte”, asegura.
Aunque afirma sentirse útil en cualquier servicio del Hospital Faustino Pérez, reconoce que la geriatría ocupa un lugar especial en su corazón.
“Se me dan bien los ancianos. Me gusta atenderlos, escucharlos y compartir sus vivencias. A veces duele perderlos porque se crean lazos muy fuertes entre el paciente y el enfermero, pero la geriatría es hermosa. Ojalá más personas sintieran el amor que yo siento por los abuelitos”.
Compartimos hoy el rostro juvenil de la entrega y la dedicación desde una de las áreas más nobles y sensibles de la salud, donde el cuidado, la paciencia y el afecto acompañan la vida de quienes merecen transitar esta etapa rodeados de respeto, dignidad y humanidad. Desde la Sala de Geriatría, su carisma y compromiso cotidiano le han ganado el cariño de colegas, pacientes y familiares, convirtiéndose en un admirable ejemplo de vocación de servicio y amor por la profesión.

