Ni tan bruto, ni tan inteligente
Por Yaimi Ravelo / Resumen Latinoamericano-Cuba.
Las nuevas aventuras militares de los Estados Unidos iniciadas en enero de este año, evidencian a su paso, que este imperio en decadencia intenta imponer una política apocalíptica extraída de la más burda película hollywoodense.
Las bases del «éxito» de las justificaciones para agredir a naciones soberanas se sujetan al modus operandis de un hombre que comprendió mucho antes de ser presidente, que la opinión pública internacional se maneja desde las redes sociales, recurso con el que juega a su antojo. No es el señor Donald Trump un loco irracional, por muy aborrecible que sea como ser humano, su historial de pedofilia y como genocida; no deja de ser inteligente la manera en que manipula a los idiotas que pululan en las arenas del ciberespacio.
El presidente de los EE.UU es un «hombre de negocios», las guerras y los conflictos armados son el principal negocio que sostienen la economía norteamericana desde el surgimiento del imperio que amenaza la propia existencia de la humanidad.
Podemos ahorrarnos enumerar las guerras en las que ha participado este país desde la Segunda Mundial. TODAS. Casualmente ignoran que la victoria sobre el fascismo en 1945 la propició el bravo ejército bolchevique.
Sin embargo, su breve participación con los aliados occidentales les aseguró un crecimiento acelerado en su economía, aprovechando a su vez la necesaria recuperación de una Europa devastada, la cual salió adelante en total dependencia del mercado internacional gobernado por el país que les coacciona con la defensa de sus territorios ante las potencias que defienden un nuevo orden económico y político mundial, una opción diferente para los hombres y mujeres que sueñan con una sociedad más justa. Pero, muy lejos de la visión y filosofía que heredan casi genéticamente los que esclavizaron, saquearon y masacraron las bendecidas tierras del Sur.
Éstas naciones que defienden una política internacional donde impere el multilateralismo, el derecho a la buena convivencia, el respeto a la soberanía, culturas e ideologías, el derecho a vivir en paz, son la verdadera amenaza para los poderosos gobiernos que transitan por la Casa Blanca.
Sin embargo, no tienen la fuerza militar, ni cuentan con el apoyo político para declarar una guerra a las naciones que realmente le impiden hacerse del mundo como siglos atrás lo hicieron los imperios de culturas milenarias.
Trump no está tan loco como para declarar la guerra a China, Rusia o Corea del Norte. A éste cobarde mafioso no se le ocurre secuestrar a Putin en el Kremlin, mucho menos lanzar misiles a una escuela primaria en la Corea de Kim Jong-un.
En matrimonio con el asesino Netanyahu decidieron arrasar una nación soberana, Palestina. Presenciamos la normalización del genocidio con la destrucción de la Franja de Gaza, intentan borrar todo recuerdo de Palestina para el futuro inmediato y en la historia. Tantearon la tolerancia de la humanidad ante el crimen desde ese 2023. Denunciamos, lloramos, rasgamos vestiduras, oramos, luchamos. No lo suficiente.
El crimen en Palestina desmoralizó el poder de las Naciones Unidas y todas las organizaciones diseñadas con el fin de que los crímenes que cometió la Alemania Nazi no lo presenciáramos NUNCA MÁS.
Posterior a la Segunda Guerra Mundial, la Europa renovada y los Yanquis de Siempre se agenciaron no pocos genocidios tanto en África, Asia como en América Latina.
Un denominador común les facilita el trabajo de matón de barrios, vamos allí donde habitan los pobres en tierras ricas, -piensan los imperialistas- donde ofrecemos ayuda, penetramos o coaccionamos, donde permanecer puede ser un negocio para nuestras «grandes naciones». Tenemos que fabricar armas, se necesitan muchas armas, desarrollemos los ejércitos, nuestro negocio, las guerras, mejor si no son en casa.
Construyen las guerras e imponen la narrativa comunicacional, las denuncias de los pueblos duran días, a veces horas, los organismos internacionales los manejan estos dueños de las guerras.
El secuestro ilegal del presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela Nicolás Maduro Moros y su esposa Cilia Flores, es una de las traiciones más aborrecibles en la historia de la Patria Grande, una violación total al Derecho Internacional y a la fundamentación del surgimiento de las Naciones Unidas.
Con esta agresión a Venezuela la humanidad quedó desnuda, desamparada, al descubierto. Trump y su equipo belicista le declaró la guerra a la paz.
Cuando Donald Trump parecía jugar a los «Piratas del Caribe» en su guerra contra el narcotráfico, la fantasía del Cartel de los Soles y todas las falacias infundadas que parecían bromas descabelladas, no era cuestión de locos. Un equipo de expertos, analistas, psicólogos y cientistas comunicacionales les vaticinó que este mundo estaba colmado de tontos, de zombis manipulables, sujetos dependientes del acontecer tecnológico. Las Naciones Unidas no existen desde ese entonces, al menos, no existen para los amenazados sin poder militar considerable.
La guerra contra Irán fue un gran fracaso, la gran nación persa demostró que un pueblo arraigado a una cultura de lucha por su independencia y soberanía no es fácil de vencer. Tal vez Trump no quería esta guerra, es un hombre inteligente pero… con muchas cuentas pendientes de su «big partner» del Medio Oriente.
El ejército de EE.UU sufrió un duro golpe en el Estrecho de Ormuz, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán proporcionó un sistema de defensa novedoso en poder de acción y sistematización de ataques sincronizados, vulneraron la famosa superioridad tecnológica del ejército estadounidense.
Los crímenes de EE.UU e Israel en la guerra contra Irán también esperan ser juzgados. Continúan acumulándose las deudas de la Carta de las Naciones Unidas con la paz internacional y la humanidad.
La administración de Trump dirige ahora su maquinaria bélica hacia Cuba. Un entramado de amenazas y de mensajes hostiles estresan la paz de un pueblo con más de 60 años de castigo sostenido mediante la guerra económica proporcionada por el bloqueo.
Es irrespetuoso tratar de infundir -que un país que exporta salud, educación y vida- pueda constituir una amenaza para la poderosa nación norteamericana. Resulta bochornoso que algún tonto zombi crea que este país por muy pequeño y cansado que parezca no tenga el derecho soberano de defenderse ante la inminente agresión militar de cualquier potencia extranjera.
La defensa de la patria -aunque sea casi obsoleta la Organización de las Naciones Unidas, según el Artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, «es un derecho humano fundamental que permite a un estado utilizar la fuerza para protegerse de una agresión armada. Este derecho debe ser proporcional y necesaria para repeler la amenaza. La ONU establece que la acción debe ser realizada en el marco del derecho internacional y no debe implicar la intervención en asuntos internos de otros estados. La legítima defensa es un derecho inalienable y se aplica en respuesta a una agresión armada real o inminente».
Si la humanidad quedó desamparada del Derecho Internacional, Cuba no olvidará los cimientos de su Constitución y su historia.
El Preámbulo de la Constitución de la República de Cuba -publicada en Gaceta Oficial el 10 de abril del 2019- resalta en su ARTÍCULO 4. La defensa de la patria socialista es el más grande honor y el deber supremo de cada cubano. La traición a la patria es el más grave de los crímenes, quien la comete está sujeto a las más severas sanciones. El sistema socialista que refrenda esta Constitución, es irrevocable. Los ciudadanos tienen el derecho de combatir por todos los medios, incluyendo la lucha armada, cuando no fuera posible otro recurso, contra cualquiera que intente derribar el orden político, social y económico establecido por esta Constitución.
Agredir a Cuba además de ser un acto vil y cobarde -si se aventurara el hombre de negocios que «gobierna» la Casa Blanca-, echaría al piso la inteligencia de un tipo que presume su arrogancia, podría convertirse en el error más grande en la política estadounidense después de la derrota en el Medio Oriente. Es una acción que debería pensar diez veces más el magnate que llegó a la presidencia de Estados Unidos y no por bruto, sino por el reflejo condicionado de una sociedad cuyos sectores más pobres fueron manipulados y engañados en la falacia de que el verdugo era su salvador. Esperemos que Trump hago uso de sus cálculos inteligentes en lugar de escuchar las mentiras de su secretario de Estado, «el pequeño Marco», al que no le importa Cuba ni los cubanos, pero sí le importa, y mucho, escalar a la presidencia de Estados Unidos.

