América Latina y la COVID-19, una constante de contagio y muerte

Por Patricia María Guerra Soriano / Colaboración especial para Resumen Latinoamericano

Aunque la atención mediática en las últimas semanas ha estado enfocada en la crítica situación epidemiológica que vive la India con alarmantes cifras de contagios y muertes debido a la propagación de la COVID-19, la realidad, en las tierras de América Latina y el Caribe, continúa siendo desesperante. La pandemia es el factor común de tanto dolor.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) catalogó de preocupante el panorama en el área, donde “muchos países están en niveles máximos de casos y a los cuales no llegan las suficientes dosis de vacunas”.

Ciro Ugarte, director de Emergencias Sanitarias de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) fue enfático al respecto y expuso que las dificultades que obstaculizan inmunizar a toda la población “operan en un contexto de una enorme crisis económica que ha hecho aumentar la pobreza”.

El portal estadístico en línea Statista, publicó esta semana que más de 28 millones de casos han sido contabilizados desde el inicio de la enfermedad y señaló a Brasil, Argentina y Colombia como las naciones más afectadas de la región. En tanto, la OMS también resaltó el aumento de las infecciones y la saturación de los servicios sanitarios en Perú, Ecuador, Bolivia, Argentina, Uruguay y Guyana.

La OPS insistió que las autoridades de cada país deben prepararse para un “súbito aumento” de la demanda de oxígeno, medicamentos o materiales de protección.

Para el subdirector de ese organismo, Sylvain Aldighieri, los factores que han propiciado un aumento en las tasas de incidencia están relacionados con la relajación de las restricciones sanitarias y la coincidencia con extensos periodos vacacionales como las Navidades, los Carnavales o la Semana Santa.

De ahí que lo más importante-menciona el funcionario-sea “una estricta implementación de las medidas de salud pública y medidas sociales” que promuevan el uso de mascarillas y el distanciamiento físico en lugares públicos.

Ahora, las mayores preocupaciones están en interrogantes cuyas respuestas siguen imprecisas: ¿cuán efectivas podrán ser esas medidas después que el número de contagios y muertes alcanza niveles estremecedores? ¿qué acciones gubernamentales concretas permiten la eficacia de estrategias de contención del virus?

Si bien el número de hospitalizaciones y muertes en Brasil-como ha hecho notar la OMS- empezó a declinar durante cuatro semanas seguidas, la situación continúa siendo grave. Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, dijo que desde principios de noviembre, la nación sudamericana “ha experimentado una crisis aguda” que ha incidido también en la hospitalización y muerte de personas jóvenes.

Este jueves, el Gobierno informó del deceso de más de 3 000 individuos notificando oficialmente un total superior a los 400 000 fallecimientos que colocan al país en el segundo lugar de las naciones, después de Estados Unidos, que sobrepasan ese número de muertes.

La realidad en Brasil, como en los países latinoamericanos que viven la pandemia con los mayores estragos, no se compone de números que ascienden más o menos, sino de personas que enferman, sufren y mueren, o ven padecer y morir a sus familiares y vecinos en las peores condiciones de la existencia humana, porque la pobreza es la otra pandemia que los acompaña y azota.

El expresidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, escribió en Twitter que en su país, “los responsables de ese genocidio tienen nombre. Bolsonaro abrió la casa y recibió a la COVID-19 con hospitalidad. Trató al virus como un aliado. Y deberá pagar por haber atentado contra el pueblo brasileño”.

Argentina también marca récords de contagios por coronavirus. La ministra de Salud de ese país, Carla Vizzotti, sostuvo que están “en un momento crítico de la pandemia”. Un contexto frente al cual las autoridades nacionales exigen la implementación de medidas estrictas, mandato que los Gobiernos regionales se niegan a cumplir por las implicaciones económicas que representa la cuarentena.

El presidente de la Nación, Alberto Fernández, anunció el viernes 30 de abril, nuevas medidas que se extenderán hasta el 21 de mayo y estarán diferenciadas según zonas de bajo, medio y alto riesgo epidemiológico y sanitario establecidas.

Mientras Argentina intenta rebasar la segunda ola de contagios, Colombia se enfrenta a la tercera con una errática gestión gubernamental liderada por el presidente Iván Duque, quien pretende cubrir las pérdidas financieras por la enfermedad, con la tercera reforma tributaria de su gestión y la primera en un país latinoamericano luego de que el coronavirus resintiera las bases económicas y políticas de este continente.

El anuncio de Duque sobre una posible transformación de su proyecto inicial no sirvió de nada y este primero de mayo, miles de personas tomaron las calles exigiendo el retiro de la reforma tributaria. Los cacerolazos se sintieron con fuerza en Cali, Medellín, Barranquilla y Cartagena. Los hospitales también estaban atestados: más de 18 mil contagios y 495 muertes.

Eduardo Galeano escribió en El Libro de los abrazos que “al fin y al cabo somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”. Lamentablemente, mientras algunos países latinoamericanos se hunden en la pobreza, el dolor y la muerte, sus Gobiernos siguen haciendo de las suyas, sin el más ínfimo intento de cambiar lo que son. De la corrupción y el menosprecio a la ciudadanía que representan, siempre han obtenido sus mejores ganancias.

Foto de portada: TeleSur

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