Argentina: La OLP-Resistir y Luchar se solidariza con las Repúblicas Populares de Lugansk y Donetsk y respalda el derecho de los pueblos a solicitar la protección de su población y sus fronteras

Compartimos con nuestros lectores la declaración de la OLP «Resistir y luchar» de Argentina en contexto de la situación política en Ucrania y la defensa del derechos de los pueblos a su soberanía.

 

EL CONFLICTO ENTRE UCRANIA Y RUSIA ES PARTE DE LA CONFRONTACIÓN ENTRE ORIENTE Y OCCIDENTE

(En ese conflicto nosotros fuimos informados y formados por la cultura occidental y sus medios)

Rusia ha reconocido como estados a las Repúblicas Populares de Donestk y Lugansk, territorios vecinos a Rusia, que formaban parte de Ucrania. Sus tropas han ingresado a esos territorios a pedido de las autoridades de esas Repúblicas Populares, para defender sus poblaciones. Ello ha producido una reacción en cadena de quienes alegan la existencia de una “invasión” rusa a Ucrania. Sobre ese eje alardean los medios hegemónicos, las cancillerías europeas, la mafia demócrata-sionista estadounidense y hasta la blandura “pacifista” de algunos países latinoamericanos, entre ellos el de los Fernández. Por ser parte del área de influencia del mundo occidental hemos sido formados dentro esa cultura, por eso naturalizamos  muchos actos históricamente condenables. Por la misma razón, desde el sistema de poder procuran fortalecer ese modo de pensar a través del diario bombardeo de sus medios informativos.  

Como militantes de una organización social y política que aspira a contribuir a la liberación de la Patria y la emancipación social de sus integrantes y de los sectores sociales más desprotegidos del país decimos:

Este conflicto tiene profundas y muy antiguas raíces históricas que tienen que ver con la confrontación entre Occidente y Oriente y con la disputa de las grandes potencias por la hegemonía mundial

Este conflicto viene de lejos, muy lejos. Desde hace siglos las grandes disputas de la humanidad se dieron en el marco de esta confrontación.

En la segunda parte del pasado siglo XX, después de la Segunda Guerra Mundial, ese choque se manifestó bajo el manto de un enfrentamiento ideológico, lo que se conoció como “Guerra Fría”.

La implosión de la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) prácticamente destruyó la posibilidad de una alternativa cuestionadora del modelo y poder occidental.

El capitalismo triunfante quedó como la única posibilidad de ordenamiento económico del mundo actual. La OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), que agrupa  a las fuerzas militares de los EEUU, Europa occidental y Japón, se consolidó como la principal alianza militar del mundo.

La lucha de los pueblos, con los avances avasallantes del potencial chino, la recuperación rusa y la resistencia de muchos pueblos del Tercer Mundo, junto a las crecientes crisis del capitalismo, fueron poniendo contra las cuerdas al imperialismo.

El fracaso de la URSS fue una demostración de la oportunidad escasamente aprovechada para generar un nuevo liderazgo mundial, en medio de la crisis del capitalismo.

Esa frustración le dio algunos años al imperialismo para tratar de recomponer su poder.

La situación ha ido evolucionando en las últimas décadas a favor de la OTAN, rompiendo acuerdos y avanzando en el camino de cercar, aislar y dividir a Rusia

A partir de esa situación el imperialismo fue reelaborando su estrategia. Imaginó la posibilidad de cercar, aislar y dividir a Rusia. El poder militar de la OTAN fue concebido como el principal instrumento para esa tarea. Ella se aceleró a partir de la implosión de la URSS y su principal espacio operativo fue Europa Central.

A partir de 1997 fueron 14 los estados europeos que se sumaron a la alianza de la OTAN: Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Rumania, Eslovenia, Croacia, Montenegro, Albania, Macedonia del Norte y Bulgaria. Ello le fue permitiendo a los EEUU y sus socios rodear a Rusia con la posibilidad de un ataque militar, todo lo cual fue reiteradamente denunciado, aunque nunca escuchado.

En el año 2014, un Golpe de Estado, digitado por los EEUU, derrocó al Presidente ucraniano, amigo de Rusia colocando en su lugar a un títere de la política de la OTAN. El pueblo de Crimea, se rebeló y se reintegró a Rusia. Los pueblos de Donestk y Lugansk declararon su independencia, negada por las nuevas autoridades de Ucrania. Ese movimiento fue perseguido y provocó hasta la fecha más de 14 mil muertos, con más de un millón y medio de desplazados.

Son estos territorios precisamente donde se concentran las mayores reservas de carbón, litio y otros ricos minerales, y en los que desde siempre, incluido en tiempos de la URSS, funcionan las principales industrias de la región. Los habitantes de ambas República se sienten estrechamente ligados a Rusia, hablan su idioma, tiene similares raíces y rechazan las imposiciones dictatoriales que recibieron desde que cayera en manos de dirigentes ultraderechistas el anterior gobierno pro-ruso de Ucrania. De la misma manera, que a diferencia de la parte occidental de Ucrania (con Kiev como capital) que durante la invasión nazi se pasaron al lado del enemigo, fue precisamente en Donbass donde más resistencia se le planteó al invasor. Hoy, la historia se repite y es por eso que Putin señalara recientemente: “No vamos a repetir el error de 1939 con los nazis”.

La llamada “agresión” o “invasión” rusa de la que tanto se habla se parece más a una acción defensiva. Ella tiene su origen en las reiteradas provocaciones de los EE.UU. y otros países de la OTAN. Lo vienen haciendo deliberadamente desde hace años y lo han profundizando a partir desde la crisis ucraniana del 2014, apoyando el Golpe de Estado y la llegada al poder de los ultraderechistas, e incumpliendo los -ahora in existentes- acuerdos de Minsk de 2014 y 2015.  

Desde hace meses las Fuerzas Armadas de Ucrania y la OTAN están intensificando la actividad militar cerca de las fronteras rusas y vienen realizando ejercicios militares multinacionales a gran escala.  Al mismo tiempo, Estados Unidos desplegó sus fuerzas militares y su armamento ofensivo en los países de Europa del Este, a varios miles de kilómetros de sus fronteras nacionales, socavando así la seguridad y la estabilidad estratégica europea.

En este marco, cualquiera podría preguntarse qué tienen que hacer los efectivos militares de la OTAN en este conflicto, y por qué a Estados Unidos y los países europeos les interesa no solo respaldar a un gobierno de corte autoritario y guerrerista como el del primer ministro ucraniano Zelenski, sino mirar a un costado cuando las milicias ucranianas ataviadas con uniformes y símbolos nazis desfilan por las calles y fueron hasta ahora los máximos provocadores contra los independentistas de Donbass. Más allá de que el jefe de Estado ucraniano es un ávido adherente de la OTAN y fiel servidor de las políticas dictadas por Washington, lo que se está planteando allí, es desencadenar -con la excusa de reintegrar al Donbass al predominio de Kiev- un conflicto de envergadura que ayude a cercar a la Federación Rusa, desgastarla en una constante operación de provocación-agresión-respuesta-agresión, para cuando se den las condiciones, intervenir en forma directa y desmembrar el territorio ruso, destruir su aparato bélico, golpear el centro político y apoderarse del país. Ese es el nuevo “sueño americano” que culminaría a largo plazo con la idea de repetir la operación sobre China, último “enemigo” a abatir por la irrealizable codicia yanqui.

A esta ambición imperial de máxima sumémosle el enojo que ha provocado en Joe Biden la estrecha relación que mantienen Alemania y Rusia a partir del gasoducto Nord Stream 2. El gobierno yanqui hace sus cuentas de este acuerdo  y concluye: que en un mundo en el que Alemania y Rusia son amigos y socios comerciales, no habría necesidad de bases militares estadounidenses, ni de costosas armas y sistemas de misiles fabricados en Estados Unidos, ni de la OTAN. Tampoco habría necesidad de realizar transacciones energéticas en dólares estadounidenses ni de acumular títulos del Tesoro de Estados Unidos para equilibrar las cuentas. Por ello, había que tratar que Ucrania sea la excusa para torpedear dicho tratado entre ambos países, y a partir de hostigar con la presencia de la OTAN y generar provocaciones por parte de Ucrania a Rusia, demostrar al mundo que Rusia es una auténtica amenaza para la seguridad europea.

De hecho, en estos días, presionado por EE. UU. Alemania ha suspendido la aprobación final del gasoducto “debido a las acciones de Rusia contra Ucrania” Los pueblos de Nuestramérica son poco menos que asistentes pasivos de esta confrontación, su fragmentación actual y la ausencia de un proyecto estratégico abarcador les quita toda posibilidad de actuar con la fuerza suficiente para crear las condiciones para ser escuchados y evitar nuevos conflictos.

Desde la OLP-Resistir y  Luchar entendemos que la operación defensiva rusa contra el aparato militar ucraniano se da como resultado de la permanente agresión que viene sufriendo las Repúblicas independientes de Donbass y en respuesta también a  las provocaciones de EE.UU y la Unión Europea contra la Federación Rusa, manifestada en el señalado avance del cerco militar establecido por la OTAN.

Nos solidarizamos con los pueblos de las Repúblicas Populares de Lugansk y Donetsk y respaldamos el derecho de los pueblos a solicitar la protección de su población y sus fronteras.

En nombre de la paz que tanto se predica, repudiamos también la declaración del gobierno argentino que condena a Rusia y no dice una palabra de la OTAN, de cuya desgraciada “área de influencia” seguimos formando parte.

Basta de agresión imperialista occidental contra los pueblos que luchan contra los reaccionarios que anidan en el actual gobierno ucraniano.

Tomado de Resumen Latinoamericano Argentina.

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