Venezuela: «La batalla de los puentes»: Cómo el imperialismo desestabiliza las fronteras

Por Geraldina Colotti.

Estamos en el teatro Bolívar de Caracas. Las últimas imágenes del documental de Carlos Azpúrua, “La Batalla de los Puentes”, se desplazan por la pantalla. En la sala llena, se encuentran muchos de los protagonistas de aquel 23 de febrero de 1919, cuando la extrema derecha del autoproclamado Juan Guaidó intentó que el país fuese invadido por parte de sus grandes patrocinadores internacionales, bajo el pretexto de dejar que «la ayuda humanitarias entre por la frontera. Venezuela tiene un total de 5.161 km de fronteras, tanto terrestres como marítimas, 2.219 km las que son compartidas con Colombia. 

Los ataques, pues, también se prepararon desde otros puntos estratégicos, tanto por mar como por tierra. Holanda instaló un centro en Curacao para esto, pero los golpistas no pudieron aterrizar. Y, meses antes, un crucero español, procedente de Curacao y probablemente con funciones de espionaje, embistió a un buque guardacostas venezolano.

Desde la frontera con Brasil, en la localidad de Santa Elena de Uairén, en el estado Bolívar, aparecieron grupos paramilitares reclutados entre la población indígena Pemón. Desde el lado colombiano, el ataque llegó por los puentes que conectan la ciudad de Cúcuta con Venezuela.

El trabajo de Azpúrua, que cada año se enriquece con material nuevo, se centra en el puente Tienditas, para diseñar el contraataque coral de un pueblo decidido a ser libre. De hecho, todos los sujetos que integran la revolución bolivariana contribuyeron a esa batalla, en perfecta unión cívico-militar.

Las adultas mayores que recogían las piedras lanzadas por los golpistas para devolverlas al remitente resumen la asimetría de las fuerzas en el campo, pero también la heroica resistencia de un pueblo que, una vez más, vence a un poderoso enemigo. Por otro lado, como muestra un informe periodístico incluida en el documental, hubo rezagados, asalariados, paramilitares y rostros conocidos de las «guarimbas» en Venezuela, apoyados por los presidentes de los países subalternos en Washington, empezando por el colombiano, Iván Duque.

Recientemente, se conoció que el ejército argentino del entonces presidente Mauricio Macri, quien respaldaba el consorcio de invasores junto a sus homólogos chileno y paraguayo, también ayudó a preparar ese ataque. Todos enredados en el infame grupo de Lima, incitados por el secretario general de la OEA, Luis Almagro y protegidos por el Comando Sur norteamericano, a instancias de Trump que había puesto «todas las opciones» sobre la mesa.

Elementos analizados por el panel de invitados a comentar el documental, coordinado por el Ministro de Cultura, Ernesto Villegas. Para la ocasión, acompañado del viceministro Raúl Cazal, director de la editorial El Perro y la Rana, Villegas presentó el libro de Ana Cristina Bracho, quien también estuvo presente, titulado «23F: la batalla que evitó la guerra». Un libro en vivo de esa batalla, que ha entrado de lleno en los capítulos de la revolución bolivariana, acostumbrada a construirse y reconstruirse a partir de la memoria histórica y en la memoria de los que se han ido: como el diputado Darío Vivas, a quien está dedicado el volumen.

Darío, que se había quedado con una de las piedras recogidas por los manifestantes, también fue nombrado por el Parlamento venezolano, que votó una moción bipartidista para rechazar, tres años después de la Batalla de los Puentes, cualquier intento de injerencia y agresión extranjera. Sobre el tema, la oposición moderada que participa en la vida política ha exigido con fuerza que se juzgue a los autores de ese intento de invasión (Guaidó y sus compinches), quienes han robado miles de millones de recursos al pueblo venezolano.

Desde el escenario del teatro, el ministro del Interior, Justicia y Paz, Remigio Ceballos, presentó el contexto de la Batalla de los Puentes y recapituló la naturaleza, intensidad y frecuencia de los ataques imperialistas (al menos uno al año durante la revolución bolivariana), e invitó a estar atento a lo que se prepara en el clima de tensiones internacionales. “Seguiremos avanzando en la búsqueda de la paz, la soberanía y la libertad de los pueblos, como lo ha dicho en varias oportunidades el presidente Nicolás Maduro”, dijo Ceballos.

El excanciller Jorge Arreaza relató la resistencia que en esos días llevó a cabo en la ONU la diplomacia bolivariana, y luego continuó en otras ocasiones, durante las cuales el imperialismo trató de sofocar o comprar la dignidad de los líderes venezolanos. “En esa coyuntura –reveló- sin embargo, nos dimos cuenta de lo poco que el gobierno de Estados Unidos sabía de nosotros, y lo aprovechamos para oponernos a los planes que tan descaradamente habían previsto”.

El objetivo de EEUU y sus vasallos fue causar el máximo sufrimiento al pueblo bolivariano para inducirlo a rebelarse contra su gobierno, en un crescendo de medidas coercitivas y unilaterales que aún persisten. Un «plan maligno», dijo el escritor Luis Britto García, llevado a cabo por un imperialismo en crisis de hegemonía y conducido, en esa coyuntura, en el silencio de los medios de comunicación internacionales, que difundían informaciones falsas e interesadas. “Si quieres la paz, prepárate para la guerra”, concluyó Britto, al señalar cómo la constante movilización del pueblo venezolano ha evitado a la revolución bolivariana tropiezos como el que sufrió Evo Morales en Bolivia. El ministro Villegas repasó las etapas de esa agresión, que usó la cultura para imponer su narrativa.

De hecho, para enmascarar debidamente esa agresión, se organizó un megaconcierto en el que se hicieron grandes proclamas en torno a las palabras «paz y libertad» por parte de quienes preparaban una agresión imperialista contra un pueblo que en realidad combinaba el concepto de paz con ese de justicia social. Se vieron a personas con bolsillos llenos volverse generosas de repente con esos «pobres» a quienes siempre habían despreciado desde su posición privilegiada. Los verdaderos intereses eran otros, argumentó el periodista Daniel Quintero: los de hacerse con un país no sólo rico en petróleo y oro, sino también en otros minerales estratégicos, fundamentales para los sectores más avanzados como la economía espacial. Sectores sobre los que el capitalismo en crisis estructural y el complejo militar-industrial apuntan a relanzar su demoledor modelo.

En esta clave -dijo Quintero- podemos leer la gigantesca operación puesta en marcha con aquel megaconcierto en el puente Tienditas. Para financiarlo, el supermillonario británico, Richard Branson, que dirige la multinacional Virgin, y que personalmente desembolsó 100 millones de dólares, para dar ejemplo a otros «donantes» y sumar otros 100 millones de dólares en 60 días.

Una intención que es todo menos humanitaria, considerando los intereses de Virgin Galactic en la región, sus satélites que también operan desde Guyana, y dado que las plataformas de donación de fondos “venezuelaaidlive.com» y «ayudaylibertad.com» provienen de la empresa LinkTic, contratista de la Fuerza Aérea Colombiana.

Virgin Galactic ha invertido durante mucho tiempo en la economía espacial y los negocios de satélites, y planea viajes espaciales para los súper ricos comenzando con la construcción de Spaceport America, activo en el desierto de Nuevo México. Se han reservado más de 600 vuelos, con precios entre $ 200.000 y $ 250.000, en 60 países, y otras operaciones comerciales están en marcha.

Para Quintero, que junto a las banderas de Estados Unidos y Colombia, los golpistas venezolanos «vendepatria» y sus patrocinadores también habían enarbolado la de ocho estrellas de la Venezuela bolivariana e incluido el mapa del Esequibo, también se explica de esta manera. Otro gran negocio desencadenado por esa operación y destinado a terminar en gran parte en los bolsillos de la pandilla de Guaidó fue el de las «donaciones» para migrantes venezolanos, que vieron al gobierno colombiano como uno de los principales destinatarios. El principal vehículo mediático de esa campaña fue la canción de Reymar Perdomo, «Me fui».

En mayo de 2020, la conferencia internacional de donantes, organizada por la Unión Europea con la contribución de EEUU y Canadá, destinó 2.790 millones de dólares y 595 millones de euros. En diciembre de 2021, ACNUR y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) lanzaron un plan regional de $1.790 millones. Y Duque ha subido cada vez más la apuesta exigiendo a sus padrinos que aumenten aún más la cuota destinada a los venezolanos que desembarcan en su territorio, y hacia los que sistemáticamente muestra desprecio.

En su viaje a Europa, como gendarme de la OTAN en América Latina, Duque se reunió con el secretario general de la Alianza Atlántica, Jens Stoltenberg. En la OTAN, que se prepara para la cumbre a finales de junio en Madrid en un clima de alta tensión internacional, reafirmó el papel de Colombia, como único miembro asociado a la Alianza Atlántica en América Latina, y expresó su apoyo a la entrada de Ucrania en la Alianza y protestó por el apoyo que Rusia y China dan al llamado “régimen represivo” de Venezuela.

Recordó que en 2014 su país apoyó la resolución de Naciones Unidas sobre «la integridad del territorio ucraniano» y que su Gobierno está preparado para cualquier aventura bélica que decida la OTAN. En ese sentido, entre las diversas máscaras para encubrir la verdadera intención de las maniobras militares de la Alianza, está la de «protección ambiental».

Un intento que, dado el púlpito de donde proviene, osea Colombia que solo para este año ya tiene un saldo de 24 asesinatos de líderes sociales, incluidos defensores ambientales, y 1.310 desde la firma de los acuerdos de paz, no presenta credibilidad alguna. Aún así, Duque anunció que Colombia podría enviar fuerzas adicionales a los océanos en apoyo de la OTAN para expandir la Operación Artemisia y «proteger el medio ambiente». 

En ese sentido, recordó que Colombia ya está contribuyendo con el envío de patrullas contra la piratería en el Cuerno de África y expertos militares para el desminado. Lástima que, como recordó Daniel Quintero, uno de los paramilitares colombianos capturados en el estado fronterizo de Apure confesó haber recibido la orden de infestar el territorio venezolano con minas antipersonal.

El análisis de Quintero es que, por orden de Estados Unidos, Colombia ya ha iniciado «una peligrosa penetración cultural y financiera» en algunos estados venezolanos clave con los que limita. En Apure, en Zulia y hasta Lara y Barinas -dijo el periodista- el peso colombiano se ha convertido en la moneda predominante, tan omnipresente como las telenovelas colombianas que invaden el espacio radioeléctrico y pretenden moldear el imaginario popular venezolano. A la luz de lo que sucede en Ucrania, y mirando los alineamientos que evidencian el conflicto de intereses en el campo, la Batalla de los puentes puede leerse como un paradigma que anticipa la naturaleza de los próximos ataques a la revolución bolivariana.

La extrema derecha venezolana se sumó de inmediato al coro antirruso de sus padrinos. A través del canciller, Félix Plasencia, el gobierno bolivariano emitió en cambio un comunicado para suscribir la declaración del presidente Maduro en defensa de la paz de Rusia, amenazada por la OTAN que pretende cercarla utilizando a Ucrania: “Desde la patria de Bolívar – ha escrito Plasencia- Seguimos con atención la situación, reiterando el llamado a la máxima alerta ante las campañas de manipulación que pretenden allanar el camino a la agresión polifacética de Rusia. ¡La diplomacia de paz volverá a triunfar! La paz de Rusia es la paz del mundo”.

Tomado de Resumen Latinoamericano Argentina / Foto de portada: PSUV.

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