Venezuela: Alex Saab, otro caso significativo de terrorismo muy visible

Por Iñaki Gil de San Vicente.

La mejor forma de liberar sano y salvo a Alex Saab del secuestro, tortura,  encarcelamiento y, mentira que está sufriendo a manos de EEUU, es con la movilización masiva internacional y la denuncia rigurosa del arsenal represivo imperialista, denuncia basada en un conocimiento teórico radical de la lógica del terror invisible que alimenta desde dentro y desde abajo las barbaridades represivas concretas, sean materiales o morales, y del terror deliberadamente visible que las sintetiza y unifica desde arriba, como la cúpula de la bóveda represiva.

Como se lee en la imprescindible nota abajo reseñada, el ciudadano venezolano fue secuestrado en junio de 2020 en Cabo Verde con la ayuda de su gobierno, torturado y trasladado a EEUU, donde permanece acusado de «conspiración», es decir, de ayudar con alimentos, medicinas, viviendas, etc., al pueblo venezolano sometido a una soga de asfixia económica y sanitaria que ha llegado a altas cotas de inhumanidad en los momentos decisivos de la lucha contra la Covid-19. El imperialismo llama «conspiración» a la mejora de las condiciones de vida y de trabajo de las naciones que se niegan a ser explotadas, condiciones vitales deterioradas

La movilización y la denuncia teórica rigurosa forman una unidad, desde luego, en la que cada polo refuerza al otro y viceversa, sobre todo desde que el imperialismo está desarrollando nuevos medios de  manipulación, control, vigilancia, represión, etc., por ejemplo, la «guerra cognitiva» recientemente diseñada y divulgada por la OTAN. Para destruir la Venezuela bolivariana el imperialismo experimenta metódicamente los desarrollos más inmisericordes  de esta ciencia de la sumisión: ahí tenemos la tragedia de Carlos Lanz, desaparecido en su propia casa y ahora el secuestro al puro estilo de todas las dictaduras internacionalizadas de Alex Saab, por citar solo dos casos.

La pasada intentona de 2019 de invadir Venezuela, la desaparición de Carlos Lanz y el secuestro de Alex Saab, el cerco sanitario para que no recibiera vacunas contra la Covid-19, las constantes provocaciones colombianas, los atentados terroristas, la permanente asfixia económica, la guerra psicológica y mediática… estos y otros métodos están integrados en una doctrina general del imperialismo que mantiene unos principios básicos a pesar de los cambios sucesivos en los sistemas, estrategias y tácticas que se apliquen. Nunca debemos olvidar que, a medio y largo plazo, lo fundamental es la doctrina imperialista en cuanto tal y a nivel mundial, que no tiene otro objetivo que someter a los pueblos y a las clases explotadas, en este caso a Venezuela, para saquearlos hasta la última gota de sangre.

Tenemos la práctica recurrente de los bloqueos y embargos a pueblos: contra Yugoslavia en 1921, contra Grecia en 1925, contra Cuba sobre todo desde 1962, contra la URSS y luego contra Rusia, contra Corea, Irán, Irak, Libia, Líbano, Siria, Congo, Zimbabue, Yemen, Sudán… Los embargos y bloqueos cambian según los países y contextos, pero para entenderlos plenamente tenemos que estudiarlos como una expresión de la doctrina imperialista. El caso de Venezuela lo demuestra de nuevo al analizar sus tremendos efectos negativos sobre el presente y el futuro de su pueblo, tal cual se aprecia leyendo el informe oficial que reseñamos abajo. Aún hoy sigue el bloqueo sanitario pero también el económico.

Desgraciada pero significativamente, la gran mayoría de textos sobre las nuevas formas de sojuzgamiento estudian y denuncian con mucho rigor más la aparición de nuevas tácticas y estrategias imperialistas, estudian menos los cambios en los sistemas y apenas investigan la brutal flexibilidad adaptativa de la doctrina imperialista. Por esto, quedamos sorprendidos al principio cuando el terrorismo crudo golpea con saña y sin piedad, y tardamos un tiempo que puede ser vital en responder a ese ataque que viene del interior mismo de una doctrina en la que el terror es la ‘ultima ratio’ para mantener o recuperar el poder en el conflicto concreto, o en la crisis de supervivencia del imperialismo, en este caso mediante atroces guerras y contrarrevoluciones. El caso de Simón Trinidad y de las sucesivas leyes implementadas por varios presidentes yanquis y ratificadas por el Congreso que permiten el asesinato, el secuestro, la tortura y el encarcelamiento de los llamados «sujetos peligrosos» para los intereses de EEUU, ejemplariza lo que estamos diciendo sobre la doctrina que, siendo la misma en su esencia, readapta sus formas.

Los secuestros, las desapariciones, los asesinatos selectivos o indiscriminados buscan no sólo infundir pavor sino además eternizarlo al mostrar que el imperialismo está dispuesto a todo con tal de aplastar a los pueblos. Se eterniza el pavor en la medida en que la ausencia de la víctima va destrozando día a día la conciencia de familiares, personas allegadas y del conjunto del pueblo. Las lecciones que se han extraído de la sistemática y fría meticulosidad del Plan Cóndor, de las doctrinas del ente sionista, norteamericana, colombiana[4], franco-española con las desapariciones de Popo, Naparra y Pertur, etc., muestran que estas formas de terror son el punto de bóveda de la cúpula represiva que asciende desde diversificadas prácticas cotidianas a pie de base, normalizadas e invisibilizadas por ello mismo en buena medida,  hasta el extremo superior que evita que se desplome la estructura entera. Dos desapariciones espantosas en grado superlativo son las de las hermanas argentinas de 11 años de edad Lilian y Mari Carmen Villalba a manos del ejército en 2020 apresadas en un operativo contra el Ejército Popular Paraguayo.

Es el punto de bóveda porque la doctrina exige que ese terror sea visible, perceptible y lo que es peor, que sugiera a la imaginación golpeada por la ausencia de la persona desaparecida que ese terror puede incluso ser más atroz y cruel golpeando incluso aleatoriamente a más personas. Se trata de generar miedo y a poder ser pavor paralizante. Mientras que a la burguesía le interesa invisibilizar muchas de las formas de terror cotidiano, que sólo salen a la luz pública gracias a las resistencias y denuncias de las personas afectadas, no sucede lo mismo con las desapariciones y secuestros porque la eficacia de ese terror extremo depende de que sea interiorizado por las personas allegadas, conocidas y cercanas en una primera instancia, para afectar luego a sectores más amplios y a las generaciones futuras.

Por lo que se va sabiendo de la «guerra cognitiva» desarrollada por la OTAN como la «forma más avanzada de manipulación vista hasta ahora», vemos que sí facilita la extensión del temor y del miedo gracias a la anulación del pensamiento crítico y libre, y a la imposición de la obediencia teledirigida desde el poder, pero vemos también que aún no puede lograr ese terror paralizante que, por ahora, sólo se impone mediante el pánico inducido por las desapariciones, secuestros, asesinatos, violencias extremas aleatorias e impredecibles al estilo nazi, etc.

La doctrina imperialista también crea diversas formas e intensidades de ansiedad, angustia, miedo y terror para las cárceles especiales destinadas a los enemigos del imperialismo. Que nadie crea que las cárceles especiales, las yanquis por ejemplo, respetan los elementales derechos humanos concretos, en realidad son laboratorios de exterminio en vida, que experimentan cómo reducir a la persona a un simple vegetal numerado de manera que sólo le queda la alternativa del suicidio o de la resistencia tenaz basada en una sólida conciencia humana. Suicidio que frecuentemente oculta un verdadero «asesinato» auto infligido por la desesperación o la desmoralización que el sistema carcelario ha provocado en esa persona.

La doctrina imperialista utiliza estos casos extremos para ejemplarizar su omnipotencia y su supuesto respeto a las leyes burguesas, culpando a la víctima y empleando su muerte como advertencia, haciendo suya el aviso de Dante: abandonar toda esperanza quienes aquí entráis. Por esto, para reforzar la esperanza del o de la prisionera, es tan vital hacerle llegar noticias de las movilizaciones en la calle para lograr su liberación, de las luchas de su pueblo en pos de su libertad y también en pos de los objetivos por los que ella ha sido secuestrada y sometida a la trituradora carcelaria. Una brizna, una gotita de esperanza del exterior multiplica exponencialmente la capacidad de resistir en las entrañas de la bestia.  

Por tanto, para liberar y/o encontrar a Alex Saab, a Simón Trinidad, a Carlos Lanz, a Lilian y Mari Carmen Villalba y a tantas otras personas, es imprescindible conocer cómo es y cómo actúa la doctrina represiva imperialista en cuanto punto de bóveda que sostiene el conjunto de sistemas, estrategias y tácticas represivas concretas, y a la vez y por ello mismo es vital ampliar masivamente las movilizaciones internacionales.

 

Tomado de Rebelión/ Foto de portada: AP.

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