En Miami sigue el cucarachero y la violencia en espiral (II)

Por José Luis Méndez Méndez* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

Así como dicen que la hipocresía es parte de la educación formal, la retórica demagógica  es inherente a la práctica de los políticos de Miami, con su belicoso Alcalde Francis Suárez, quien próximo a ser reelecto y por convicción de cuna, pidió que las bombas estadounidenses arrasaran a las ciudades cubanas, todo con el deliberado fin de sumar las donaciones y votos de los emigrados cubanos, que inspirados en ese corrosivo lenguaje de odio se lanzaron a las calles miamenses pidiendo sangre en julio pasado.

Ahora, Suárez edulcora a sus seguidores y publicita un slogan: “Hacer de Miami un mejor lugar cada día”. Las generaciones de miamenses que malviven desde hace décadas en tinglados de lata y cartón en los barrios marginales de esa gran urbe, están indignados por la burla al escuchar que su edil subrayó la importancia de crear viviendas asequibles como uno de los retos de las autoridades locales.

La retórica más hiriente trascendió cuando aseguró: “Nosotros tenemos un plan por la comisión basado en un modelo para ayudar a los más necesitados sobre todo a los desamparados para convertir la solución en permanente”. A eso se sumó dar seguridades de reducir la pobreza y la violencia. Nada más alejado de la realidad cotidiana.

Por otra parte, no  pensar que las cucarachas solo disputan su espacio vital en hoteles de tercera, en suburbios de la gran urbe floridana, estas incursionan en cadenas de aparente prestigio. En octubre de 2019 un anuncio de oferta atractiva circulaba por las redes sociales para atraer a potenciales clientes hacia el afamado Hilton Miami Airport Blue Lagoon.

Por la módica suma de 235 euros la noche, se podía tener un encuentro extraído de un pasaje a lo desconocido. El 30 de octubre una opinión escrita reveló: “Todos los días he tenido encuentro con cucarachas en la habitación del piso 11. Adicionar que al abrir la nevera encuentro una cucaracha en la puerta. El servicio del restaurante es pésimo, ayer duramos 3 horas en el proceso para cena, el bar lo cierran muy temprano”. Terminaba el indignado huésped. Las cucarachas en Miami no creen en hoteles de lujo.

Un pase a la violencia miamense, ha dejado atónito a miles de residentes, en particular a las ancianas, al conocerse: “La policía busca a hombre que violó a una mujer de 80 años en La Pequeña Habana, Miami”. Abundaba la noticia que detectives de la policía de Miami estaban buscando la ayuda de los residentes para tratar de identificar a un hombre que agredió sexualmente a una mujer de 80 años el pasado fin de semana. El incidente tuvo lugar en La Pequeña Habana, en el área de la calle 1ra. y la avenida 37 del noroeste, en una zona donde predominan los residentes de origen cubano.
La víctima caminaba en horas de la madrugada, cuando de repente un hombre la atacó por la espalda, la inmovilizó y arrastró hasta detrás de un edificio, donde la violó. Tras la agresión, la mujer escapó hacia un negocio cercano y llamó a la policía.

Sobre la policía llueven las denuncias por la violencia que emplean para realizar su labor, los ciudadanos no se sienten protegidos, sienten pavor de ser victimizados o de encontrarse en el lugar equivocado donde los agentes del orden estén actuando.

Tal fue el caso del desproporcionado operativo por parte de agentes policiales para detener a dos sospechosos en la zona de pedido de un restaurante de comida rápida, ante la mirada estupefacta de empleados y clientes. Puede suceder en cualquier ciudad, pero es frecuente en Miami. La movilización de los policías fue tan impresionante que causó gran expectación entre los transeúntes que pasaban por el lugar, pero más en los empleados del lugar y en algunos clientes, pues sin previo aviso y de manera abrupta irrumpieron en la zona de pedidos para llevar, de forma intempestiva, parafernalia que quedó grabada por las cámaras del sistema de protección del negocio.

Los agentes llevaron a cabo el operativo con sirenas y torretas encendidas, con gran despliegue y ostentación de fuerza con el objetivo de capturar por sorpresa a los presuntamente sospechosos, en un lugar público y a la luz del día, en una concurrida calle. Este estilo de actuar ha atemorizado a la ciudadanía, que teme a la ola de violencia que se ha desatado en Estados Unidos con el empleo de armas de fuego.

Todo comienza cuando el conductor de lo que parece ser una Jeep de lujo, llega a la zona, donde se realizan pedidos de comida para llevar, todo iba bien hasta que la tranquilidad del lugar se vio interrumpida por la llegada de patrullas y agentes de la policía que iban decididos a hacer el trabajo que les habían encomendado. El rudo operativo inmoviliza el auto por delante y por la parte trasera, a continuación más de una docena de policías se abalanzan hacia las puertas del auto con las armas en la mano, vociferan e intimidan a los ocupantes, es un procedimiento expedito. Todo es confusión en ese momento. Lo mismo podía tratarse de un secuestro que una intervención de los agentes del orden.

Los ocupantes se entregan. Aunque todo salió cómo se esperaba, el riesgo de algún imprevisto siempre estuvo presente, pues con el uso de armas, nunca se sabe qué pueda pasar, por lo que todos se escondieron para evitar una tragedia, lo que al final no sucedió.

A veces los países emisores de migrantes, son tipificados como de inferior categoría social, donde ocurren delitos de todo tipo incluidos los de migración, se asegura que se fabrican pasaportes falsos, hay corrupción institucional, se venden las visas etc.

Pero cuando sucede en Estados Unidos y no pocas veces, es noticia. Tal es el caso de Isabel Robaina, una mujer de 55 años, que se hizo pasar por funcionaria de elevado rango de migración y después de estafar durante varios meses, falló, fue descubierta y puesta a buen recaudo, por la policía de la ciudad de Hialeah, donde más del 90% de los residentes son emigrados cubanos.

La estafadora, que reside en Key Largo, en el sur de Florida, se hacía pasar por una agente federal de inmigración para estafar a víctimas a la espera de documentos, a quienes les robó un total de 15,000. La delincuente captaba a sus víctimas en reuniones de santería, un culto religioso de raíces africanas, muy común a los emigrados de la Isla, y les ofrecía agilizar sus trámites migratorios en Estados Unidos a cambio de dinero.

La tarifa más frecuente de la truhana era de 8,000 dólares por sus servicios, los cuales, según la ahora acusada, incluían la solicitud para ser residente legal, los servicios biométricos y costos judiciales, detalló la noticia.

Una vez que tenía el dinero, Isabel Robaina desaparecía, inventaba excusas como que se había contagiado del Covid-19 o decía que había ocurrido un tiroteo cerca de su oficina. Una de las víctimas, identificada como Sandra Acebo, manifestó que en una de esas reuniones en Hialeah, ciudad vecina a Miami, incluso les mostró una placa de la agencia de inmigración y dijo que tenía rango de supervisora. La ahora acusada, manipulaba los sentimientos de reunificación familiar y casos extremos en busca de visas

Según la policía, se aprovechaba de los inmigrantes que querían reunirse con sus familias y que buscaban la residencia en Estados Unidos, y acotó que su historial delictivo incluye la emisión de cheques sin valor, crueldad con un niño y la conducción a sabiendas de que tenía su licencia suspendida. Se hacía pasar por Supervisora del Servicio de Ciudadanía e Inmigración de los Estados Unidos (USCIS por sus iniciales en inglés) y, en sus procedimientos para engañar a las víctimas, les aseguraba que era “muy reconocida y honrada en el departamento de inmigración y que tenía acceso directo para acelerar las solicitudes de inmigración”.

Para inspirar confianza, la estafadora frecuentaba las tertulias religiosas que se celebraban en una casa de Hialeah. Noel Hernández, era el anfitrión de esas reuniones, y tras estallar el escándalo, comentó que todos ahí pensaban que ella realmente era un agente federal de inmigración.

En otro caso, la acusada le prometió a una mujer y a su hijo un estatus legal en Estados Unidos y le indicó a la mujer que le llevara dos sobres separados con dinero en efectivo: un sobre con 2,200 dólares y otro con 1,800 dólares, así era el modus operandi de está vividora de la fe pública.

(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, «La Operación Cóndor contra Cuba» y «Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba». Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

Foto de portada: H.California.

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