Kari Krenn: Dicen que un suspiro es aire que sobra por alguien que falta…

Por Kari Krenn.

La ausencia toma forma y una respira hondo, tratando de sanar esas heridas tan lacerantes de la historia de su pueblo.

“¿Cómo se pega una esto en el alma?” Se preguntaba Mafalda, esa niña tan real e irreverente de la historieta de Quino, mientras sostenía una curita en la mano…

Pero no hay caso, la herida es profunda y aun nos duele.
Nos duelen…

Nos duelen las 30.000 historias suspendidas en el letargo de lo incomprensible… que nos desgarra.

30.000 hermanos argentinos…

30.000 sueños de futuro…

30.000 almas…

30.000…

La cifra que tanto discuten los que odian, como si achicando el número se les exorcizaran los fantasmas del pasado, de sus aberraciones y sus culpas.

Niegan…

Discuten: almas más, almas menos, en un trueque repulsivo donde solo muestran la poca catadura moral que los sustentan.

Vomitan odio.

Trafican el dolor por nuestros muertos, como perversa mercancía.

Que si si…
Que si no…
Que algo habrán hecho…
Que se lo tendrían merecido…
Quizás…
Tal vez…
Probablemente…

Lo que no acaban de asumir esos escoliastas de la vida, que así hubiese sido un solo argentino el desaparecido, uno solo nomás el asesinado vilmente, en el marco del terrorismo de Estado que azoló a nuestra Patria, solo uno… uno solo… el mismo rechazo nos provocaría.

Nada justificó la acción maquiavélica, la perversión moral, la vileza de los actos de los verdugos.

La última dictadura cívico-militar-eclesial, o Proceso de Reorganización Nacional, entre los años 1976-1983, fueron los años signados por la violación sistemática de los Derechos Humanos y crímenes de Lesa Humanidad en Argentina.

Sucedió.

Horrorosamente nos pasó.

Les pasó: tantos seres que quedaron imbricados en la historia personal de cada uno de nosotros: un amigo… un familiar… un conocido… alguien cercano…

Una red de historias que nos enlaza, nos interpela y nos ralentiza en el tiempo: nunca se va la sensación de ese vacío, la huella de su ausencia…

Y el suspiro que se escapa una vez más:

¿Quiénes serían ellos ahora? ¿Qué vida habrían transcurrido? ¿Cómo habrían fecundado en el quehacer cotidiano de nuestro pueblo, con la fertilidad de sus ideales?

¡Cuán engrandecida estaría hoy mi Patria!

Hoy, en el Día de la Memoria, Verdad y Justicia, ponemos por lo alto el brillo de sus nombres, honramos sus anhelos, reivindicamos sus batallas. Porque soñaron, vivieron y murieron, enseñándonos que las luchas no se abandonan.

Tomado de perfil de Facebook de Kari Krenn. 

Autor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.