Bruno Lonatti: «Cuba es una inyección de esperanza para los revolucionarios de todo el mundo»

Por Santiago Jeréz Mustelier.

«Cambió diametralmente mi manera de pararme frente al mundo, conocí de primera mano la resistencia del pueblo y el sufrimiento que genera a la familia el bloqueo (…) Comencé a dedicar gran parte de mi militancia cotidiana a defender la verdad de Cuba», cuenta vía WhatsApp el tiktoker que ha llamado la atención de millones de internautas por los vídeos cortos en los que ahonda en una parte de la realidad de la nación, la que no cuentan los grandes medios internacionales.

En la red social digital, más dada a clips simples y frívolos, Bruno en Rojo (como se hace nombrar) desafía a diario los algoritmos posicionando un mensaje frontalmente anticapitalista, contrahegemónico, ambientalista, comunista e internacionalista. Es admirador del pensamiento de Fidel, el Che y le inspira de esta Isla la «fortaleza, la persistencia y la creatividad para hacer frente a todos los obstáculos».

Bruno no solo milita desde el espacio virtual, es miembro de la Federación Juvenil Comunista en Argentina (FJC). Pocos días atrás, cuando envié el cuestionario, me pidió tiempo para responder porque se encontraba en los preparativos de la marcha por la memoria, la verdad y la justicia a 46 años del golpe en Argentina. En aquella convocatoria bestialmente masiva, entre el mar de gente que colmó plazas públicas para gritar que no olvidan, estuvo él, con sus ojos vivaces, siendo parte de la historia que se construye.

—Sigue apostando por el camino de la utopía y la justicia social, mientras otros repudian lo repudian y tiemblan con solo escuchar el término comunismo. ¿Por qué?

— Se realizan esfuerzos titánicos por distorsionar y deslegitimar el socialismo como alternativa. Ni hablar la demonización que sufrimos. Se nos venden modelos de consumo efímero, realizables solo por una pequeña porción de la población latinoamericana y el resto debemos conformarnos con la idea, esa sí absolutamente utópica, de que todos podemos llegar a ser ricos. Este combo termina con otra idea errada: el fin de las ideologías. Quieren construir un relato ficticio según el cual la historia terminó, ya nada puede ni debe cambiar.

Nosotros apostamos por un país y un mundo distinto, porque no soportamos la injusticia, porque queremos un futuro, que peligra con el sistema actual que depreda y destruye el ambiente, porque queremos ser dueños de nuestro propio destino y no vivir sometidos a la deuda externa y los designios del fondo monetario internacional.

Mi experiencia práctica en la Argentina es que los comunistas siempre estuvieron al frente, en 103 años de historia. Los comunistas fueron y son quienes más fervientemente se opusieron a todas las injusticias y quienes accionaron activamente ante estas, por eso sin tener ninguna duda me integré a las filas de la FJC.

—¿Cuándo le atrapó el pensamiento de Fidel?

— Formo parte de una generación que se inició a su militancia revolucionaria después del paso a la inmortalidad de Fidel. Pero también somos una generación que tenemos la posibilidad de escuchar, de ver al comandante mediante plataformas digitales en todo momento. Allí lo conocí, por primera vez, escuchando su discurso sobre la crisis climática, que data del año 1992 en Río de Janeiro, en ese momento pensé: ¡qué actual! Fidel fue así, es tan actual su pensamiento que hasta nos cuesta hablar de él en pasado.

—¿Cómo coloca en TikTok el mensaje político para que llegue a sus seguidores?

— TikTok sin dudas es una red social que estimula el consumo efímero, por eso también se explica su éxito en nuestras sociedades actuales. Unos cuántos jóvenes inquietos nos propusimos romper con las lógicas de la aplicación.

Intentamos, exitosamente a mi parecer, utilizar ese minuto que nos otorga la aplicación para hacer contenido didáctico y simple sobre actualidad, realidad internacional y marxismo. Logramos un contenido atractivo que irrumpió en las redes y acercó a muchos a nuestras ideas, generando un nicho interesado con nuestro contenido en la aplicación.

—¿Cuáles consejos daría a los actores políticos y comunicacionales de Cuba para enfrentar las campañas mediáticas?

— Sean audaces y creativos. No pierdan la oportunidad de ser parte de los nuevos formatos ni tengan miedo a la exposición. Las redes sociales son una herramienta, en la cual tenemos la desventaja, porque llegamos tarde, porque no tenemos recursos, porque muchas veces no conocemos su funcionamiento. Pero cobran vital importancia en la actualidad.

Las fake news, las tergiversaciones y las acciones mediáticas son parte fundamental de la estrategia de golpes blandos. Plasmen todo su accionar en redes, desde el trabajo voluntario hasta los eventos culturales, generen planes de difusión que conciban a las redes integralmente y realicen un trabajo multiplataforma.

Algunos cubanos ya le conocían, otros supieron por el TikTok que realizó, junto a Jerónimo Zarco, con el presidente Miguel Díaz-Canel. ¿Cómo fue el diálogo?

—El presidente respondió nuestras preguntas y también hizo las suyas. Siempre respondió desde la humildad. En el medio del intercambio sentimos la necesidad, junto con Jerónimo, de grabar un pequeño video porque de donde venimos él es víctima de una campaña de demonización brutal y nosotros lo teníamos ahí, cercano, modesto, altruista, absolutamente contrario a la caricaturizacion que realiza la prensa. El contenido se viralizó rápidamente después de publicado.

Estamos muy contentos, no solo de haber tenido la posibilidad de intercambiar con el presidente, sino también de haber podido enseñarle al público latinoamericano quién es y cómo piensa.

—En el vídeo su pregunta fue sobre la labor que ha impulsado el Gobierno cubano en los barrios vulnerables. Dijo que los mandatarios de otros países no van al contacto con el pueblo humilde. ¿Por qué cree importante mantener ese vínculo de comunicación directa?

—En efecto es algo que los mandatarios de la región, en su mayoría, no acostumbran a hacer. Si me preguntas a mí es porque sencillamente no pueden. No todos son capaces de rendirle cuentas al pueblo, mucho menos de escuchar y conocer las realidades.

El presidente Díaz-Canel lo dijo muy bien, si resolvemos los problemas del barrio resolvemos los problemas del municipio, de la provincia y del país. Es una concepción distinta de la política tradicional, que espera solucionar problemas estructurales con medidas desde arriba, aisladas de la realidad y las necesidades de la gente.

Cuando recorríamos Cuba pensaba cuántos habitantes en Argentina no tienen vivienda propia, casi el 50% del país; cuántos habitantes no pueden acceder a la educación o desertan de la escuela en el nivel básico o medio, millones; en el 2020 fueron 1.500.000 estudiantes, una locura.

—¿Cuánto significa Cuba para los comunistas del orbe?

— Una inyección de esperanza para los revolucionarios de todo el mundo. En todo momento nos decimos, si aquí pudieron, si aquí vencieron, nosotros también podemos, nosotros también venceremos. 

—Dijo en otra entrevista que si volvía sería «cámara en mano para mostrar al mundo el fervor revolucionario» ¿Pudo hacerlo en estos días por acá?

—Lo conseguí, en mi breve paso por aquí me enfoqué en mostrar lo más posible. Es difícil comunicar la realidad de un pueblo tan golpeado por la agresión extranjera. Principalmente porque en otros lados cuesta comprender esa situación. Por ello me centré en los testimonios y en documentar lo que fui viviendo. Tengo mucho contenido reservado que iré publicando con el tiempo. 

Cada viaje a esta tierra marca el espíritu. Cuando nos encontramos en Argentina es difícil visualizar el horizonte, pero si estamos aquí entendemos qué es exactamente lo que queremos construir. No a modo de calco ni copia, si no de creación auténtica de nuestro pueblo.

De Cuba me llevo una voluntad de cambiarlo todo. Es con ese ejemplo que desde nuestros países mantenemos en alto nuestras banderas rojas, como dijo Jorge Calvo, mártir de la juventud comunista Argentina: «con los ojos radiantes de esperanza marcharemos a enfrentar todas las tempestades.

 

Tomado de Juventud Rebelde.

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