Si de brutalidad policial se habla, la de Miami es la primera

Por José Luis Méndez Méndez* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

Está de moda en las redes sociales hablar de la “brutalidad policial”, se maneja la expresión según los intereses, se magnifican posibles casos en unos países y en otros se minimiza acorde con los objetivos que persiguen.

Se omite las numerosas muertes que la represión policial en Colombia produjo el pasado año, cuando el impresentable administrador latino de la OEA pedía a los manifestantes que cesaran sus denuncia como una vía para que cesara la represión.

Se pretende expulsar a Cuba del Consejo de Derechos Humanos y se le acusa a sus autoridades de violar los manoseados y manipulados principios de la protección del hombre.

Cuando los vándalos ocasionaron daños a la propiedad pública y privada en el verano pasado en las calles capitalinas y en otras localidades, el belicista alcalde de Miami, Francis Suárez, exigió, con lagrimas en los ojos, que se bombardeara e invadiera el territorio cubano, cientos de exaltados de origen cubano en esa ciudad se sumaron al reclamo, sin razonar que las bombas no tienen destino definido y los daños colaterales abundan.

Ahora, una noticia que resulta aburrida por su frecuencia acapara la atención de los estadounidenses, acostumbrados a que su policía ejerza su poder sin límites y no se menciona la cacareada “brutalidad policial”, es una enfermedad crónica con la que los contribuyentes están acostumbrados a vivir. Esa policía además de brutal, es selectiva y racista, prefiere a las víctimas de la raza negra. En este nuevo hecho, está presente el morbo que disfruta el policía cuando caza a su víctima un joven afro descendiente estadounidense.

Este cuerpo policial se precia de estar altamente calificado, entrenado y equipado para cumplir sus obligaciones de mantener la ley y el orden, cuenta con numerosos medios para neutralizar a un presunto delincuente, pero en la práctica el arma de fuego, siempre letal se impone, que no busca neutralizar o disuadir, sino aniquilar. Por lo general no hay heridos, siempre muertos y de numerosos disparos, hay deleite cuando varios uniformados descargan sus armas contra un presunto infractor. Es el odio y la violencia que se inculca en sus academias.

Si el anuncio no fuera tan frecuente, llamaría la atención: Video de hombre ultimado por policía en Miami muestra al agente en el suelo. El placer de la difusión de tales hechos de sangre,  se hace viral en las redes y puede hasta que alguien gane su dinerito por la cantidad de reproducciones.

El suceso se produce en una parada de ómnibus cerca de la preparatoria Northwestern, el video capta a un agente de policía de Miami vociferando “arma” durante el registro físico al ciudadano negro Antwon Leonard Cooper, pero nunca muestra al citado Cooper esgrimiendo o por lo menos sosteniendo un arma, antes que otro agente policial presto lo baleara de muerte.

La familia de Cooper contrató a un abogado y tiene la intención de presentar una demanda, argumentando que el disparo fue injustificado y que nunca amenazó a los agentes. Aunque los videos publicados por la Policía de Miami durante el fin de semana no muestran a Cooper blandiendo un arma, sí registran una caótica pelea entre Cooper y un agente justo antes del tiroteo.

En un momento dado, uno de los agentes está de espaldas agarrando a Cooper por un gorro que cubre sus largas trenzas para impedir que corra, una escena captada por una cámara corporal que se había desprendido de la camisa del agente y que estaba tirada en el suelo mientras seguía grabando.

Es durante ese forcejeo de diez segundos cuando otro agente llega a la escena y de inmediato dispara de manera mortal una sola bala que mata a Cooper. El disparo no se ve claramente en el video, pero el sonido del disparo es nítido. Tras el tiroteo, se ve una pistola en el suelo a unos cinco metros de distancia.

El ultimado de 34 años, fue baleado tras un control de tráfico en NW 71 Street y 10 Avenue, cerca de la mencionada preparatoria. Un agente lo detuvo porque la placa temporal del Nissan Altima rojo que conducía había caducado.

Aunque la Policía de Miami y la Policía Estatal de la Florida (FDLE), que investiga todos los tiroteos policiales, se reunieron con los familiares del eliminado, las dependencias no hicieron comentarios sobre los detalles del encuentro.

Los familiares expresaron su indignación tras ver el video. Contrataron a los abogados, estos dijeron que presentarán una demanda de derechos civiles por muerte con negligencia en los tribunales estatales y federales después de notificar a las partes involucradas, un requisito legal que, según dijeron, llevará unos cinco meses.

El joven negro tenía un largo historial de detenciones y condenas, con cargos que van desde el robo de automóviles hasta el robo a mano armada y la portación de un arma de fuego por un delincuente convicto. Cumplió condena en prisión y estaba a la espera de juicio por un delito menor de robo en 2021 por conducir con una placa robada. A pesar de ese prontuario delictivo no merecía ser eliminado, el estigma de haber estado preso no le daba a los policías una patente de corso para tomarse la justicia por sus manos, que resultó ser una ejecución extrajudicial. Cooper había cumplido con la sociedad, no era un ciudadano de segunda.

Una visión preliminar de los abogados querellantes, representantes de los familiares, evaluó que no había ninguna razón para que el oficial le disparara a Cooper durante la parada de tráfico y menos de la manera letal en que lo hizo, un disparo disuasivo con una pistola Tasser, hubiese sido suficiente.

“Él no estaba blandiendo un arma ni apuntando con ella. No estaba dando puñetazos ni patadas ni golpeando. Se estaba tratando de liberar”, dijo el abogado. Ante los medios de comunicación hace dos semanas, Helen Bryant dijo que a su nieto le dispararon como “si fuera un animal”. Dicho sea de paso, este es un dicho muy empleado, pero los animales también merecen respeto y la forma y cuando sacrificarlos tiene su protocolo.

La abuela externó sus más profundos sentimientos: “Sabes que mi corazón está sufriendo ahora mismo. Quiero que [el agente] rinda cuentas, sea encerrado y esté en prisión. No en la cárcel, en prisión. No puedo abrazarlo [a Cooper] nunca más y no puedo verlo nunca más”, dijo.

Aunque la Policía no identificó públicamente al agente que le disparó al ultimado, fuentes policiales confirmaron que se trata de Constant Rosemond, un agente que trabaja en el extremo norte de la ciudad y que alguna vez trabajó en el extranjero para Naciones Unidas.

Cualquiera que sea el veredicto final de este caso, que se suma a una larga y frecuente lista de incidentes de este tipo, está demostrado que si de brutalidad policial se trata, la de Miami, es la primera.

 

(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, «La Operación Cóndor contra Cuba» y «Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba». Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

Foto de portada: Wilfredo Lee/ AP.

 

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