Cuba: La nueva convocatoria de Alicia Jrapko

Por Enrique Milanés León.

“Las medallas brillaban más en su pecho; ella las honraba más de lo que las medallas la honraban a ella”, dijo de Alicia Jrapko el presidente de Honor de la Upec, Tubal Páez, quien una vez le impusiera, a nombre de los periodistas cubanos, la Distinción Félix Elmusa a esta hermana argentina que hoy viernes 29 de abril, en la Casa de la Prensa, una multitud de amigos acaba de ¿despedir?

Semejante asistencia a la apertura de la exposición fotográfica Alicia Jrapko Vive. Una vida de luchas por un cambio revolucionario en el mundo y a la charla de homenaje que siguió después excusa a Cubaperiodistas de la cita prolija de las figuras presentes: por sobre la considerable cifra de amigos respetables, la figura era ella.

Baste decir que en el salón grande de la Upec –esta vez en franco dilema de espacio– estuvieron desde niños actores hasta un miembro del Consejo de Estado, altos jefes diplomáticos y amigos, hermanos… En todo caso, la culpa de este dilema de arquitectura y prominencia periodística no es de nadie más que de Alicia Jrapko, por ser –después de su muerte el 11 de enero pasado– intacto manantial de ojos azules de la más limpia concordia.

Gerardo Hernández Nordelo –Héroe de la República de Cuba como sus cuatro hermanos René, Antonio, Fernando y Ramón, también presentes–, lo explicó de frente a la mirada vidriada del auditorio: “Solo alguien con su capacidad de amar puede reunir a personas con tanta historia. Será siempre un símbolo”.

¿Cómo se despide a un símbolo…? Ya lo había anunciado en el recibimiento Ricardo Ronquillo Bello, presidente de la Upec: no se llora una vida que se va; se celebra una vida que se quiere. Fue otra de las breves semblanzas que abundaron en la velada y darían para crónicas independientes. Así que, abriendo paso al testimonio de familiares y amigos cercanos, Ronquillo Bello —con Graciela Ramírez Cruz, otra de ellas, a su lado— agradeció la grandeza de las mujeres argentinas.

Graciela, jefa de la corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano, comentó desde sus ojos el “vacío sin fondo” que ha dejado la hermana, pero acotó en seguida, amarrando suspiros, que Alicia nos rearmará y “dará fuerza para seguir luchando”.

Graciela contó uno de tantos pasajes de su hermana: cuando no le era permitido llevarles libros a los héroes prisioneros, ella aprendía de memoria y luego les recitaba estampas de El libro de los abrazos. Porque Alicia era un abrazo.

Los héroes y heroínas son mezcla imprecisa de épica y lírica. Es la fórmula química de Alicia y de su compañero Bill Hackwell. De su amor dio idea la anécdota que contó Graciela: cuando la enfermedad más brusca pintaba todo de oscuro, Bill le comentó a la amiga: “¡Está tan mal… y es tan hermosa!”.

Es Bill Hackwell, el fotorreportero de izquierda, el luchador con propios méritos que en cambio fue feliz como “viceministro” de su amada, una “ministra” que se radicalizó tempranamente, impactada por la Revolución Cubana. “Escribimos muchos artículos en ese tiempo; a ella la impulsó el amor por el pueblo de Cuba y por sus líderes”, reveló emocionado.

Terco a la zurda, como la mujer que le acompaña tras la muerte, Bill cumple ahora la promesa que le hizo de continuar la obra en Resumen Latinoamericano en inglés. Así de noble es este amigo que, en medio de su dolor, no dudó en decir en la Upec que aquí, en este salón cubano, estaban las personas que Alicia más quería.

Arleen Rodríguez Derivet: “Alicia era la alegría”. Foto: Stefhania Núñez/Cubaperiodistas.

Húmedos sus ojos de escribir la pelea, Rosa Miriam Elizalde, la vicepresidenta primera de la Upec, apuntó en el diálogo un recordatorio importante: a veces se olvida que, entre muchas, la gran causa de Alicia Jrapko fue la reivindicación plena del pueblo cubano, batalla que emprendió con enorme capacidad organizativa. “Ella no conocía imposibles y así, desde el anonimato, hizo todo por nuestro pueblo”, recordó Rosa Miriam.

Otra amiga, Arleen Rodríguez Derivet, la retrató en una frase: “¡Era la alegría!” En esa alegría, sin embargo, había un espacio sereno para la mujer que escapó de la dictadura militar pero no eligió esconderse sino —como dijo Arleen— luchar por el sueño de los hermanos.

La diplomática cubana Johana Tablada invitó a escribir la historia de esta argentina-cubana extraordinaria que se despedía en las cartas, según contó Antonio Guerrero, con un invariable “¡Hasta la victoria siempre!”, tan conocido desde Rosario a La Habana.

Esa fue la senda de viernes de la Casa de la Prensa: la victoria. Para andarla, amigos, periodistas y familiares –que a menudo es lo mismo y su lucha, igual– siguieron a la mujer que alumbró por nosotros tantas manifestaciones.

De modo que cuando los niños de La Colmenita le cantaron con coro nuestro El mundo de los más y a continuación hicimos un masivo brindis, se celebraba, más que a una gran mujer que ha partido, la nueva convocatoria que nos hará Alicia Jrapko.

Tomado de Cubaperiodistas / Foto de portada: Stefhania Núñez.

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