La colaboración médica de Cuba y el ciego que no quiere ver

Por Orlando Oramas León* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano. 

En 1958 en Cuba tenía 6,5 millones de habitantes y apenas seis mil 300 médicos, de los cuales más del 63 por ciento laboraba en hospitales públicos, clínicas y otros centros de salud privados. El país contaba con un solo hospital rural, de 10 camas, sin galeno. Del total de doctores en la mayor de las Antillas, unos tres mil abandonaron el país después del triunfo de la Revolución.

Así, a grandes rasgos era el sistema de salubridad en la isla, que inició una transformación radical a partir del proceso revolucionario que desde el poder, 1 de enero de 1959, se propuso el servicio de salud como un derecho humano gratuito y universal para todos los cubanos.

Hoy cuenta con unos 100 mil médicos activos y más de 85 mil especialistas en enfermería, de los per cápitas más altos del planeta.

Resulta una política que también creció al calor del internacionalismo y la colaboración con otros pueblos del mundo.

La forja de médicos, especialistas, personal de enfermería, la atención primaria y preventiva, la edificación de hospitales, policlínicos, centros de investigación y otros cambiaron radicalmente la situación de salud en Cuba y contribuyó a otras muchas naciones.

Y ello se subraya hoy cuando Cuba celebra el Día de la Colaboración Médica con una hoja de servicios prestada en 130 países por más de 605 mil de sus expertos sanitarios.

En 1960 Fidel Castro despidió a los primeros profesionales de la salud enviados a otras tierras; fue en ayuda humanitaria a Chile, azotado por un fuerte sismo.

Dos años más tardes, al inaugurar el Instituto de Ciencias Básicas y Preclínicas «Victoria de Girón», el líder revolucionario se adelantaba al tiempo: «hoy solo podemos mandar 50 médicos, mañana no se sabe cuántos», auguró.

La fecha oficial que marca el inicio de la cooperación internacional cubana en materia de salud resulta el 23 de mayo de 1963, cuando partió de La Habana una brigada médica hacia Argelia.

Según un comunicado por la efemérides del Ministerio de Salud Pública, la nación antillana presta servicio actualmente en 59 países con la participación de 25 mil 688 profesionales.

Un hito en esta práctica lo constituyó en agosto de 2005 del Contingente Internacional Henry Reeve para atender situaciones de desastres naturales y graves epidemias.

Solo por esa vía, y desde entonces, ese programa iniciativa de Fidel Castro, llevó 88 brigadas a 56 Estados, con 13 mi 467l colaboradores, que encararon desde huracanes, terremotos y tsunamis en latitudes tan lejanas como Sri Lanka, Indonesia, Pakistán, Chile, o más cercanas como Haití, México, Nicaragua y Guatemala

En ese lapso tres brigadas enfrentaron al ébola en África occidental, con 265 colaboradores y 58 brigadas combatieron la Covid-19 en 42 países, amén de otros contingentes que ayudaron a combatir epidemias como el dengue en El Salvador, Honduras y Ecuador.

«Ustedes han prestado servicios en los lugares más intrincados, donde otros profesionales no acuden; muchos han tenido el privilegio de haber sido los primeros médicos en comunidades indígenas y comunas; han descubierto el miedo de pacientes ante un estetoscopio, y con ellos han compartido cama, alimentos y medicinas», destacó un mensaje del Minsap dirigido a sus llamados embajadores de bata blanca.

Muchas de las situaciones extremas sufridas durante las últimas décadas en el planeta contaron con el apoyo cubano, y a riesgo de exponer sus propias vidas, marcharon los profesionales a luchar contra el ébola en África en 2014, o en otras ocasiones debieron trabajar en condiciones de campaña para brindar auxilio, añadió el comunicado.

Al respecto, el doctor Michael Cabrera, director de la Unidad Central de Cooperación Médica Cubana, comentó a Prensa Latina:

“Los que hemos podido colaborar a lo largo de estos años sentimos un sano orgullo al ver lo hecho, y no tiene precio la satisfacción de ayudar a otros pueblos que, sin nuestra asistencia, se habrían privado de la atención médica que necesitaban en ese momento, e incluso pudieron haber muerto».

Otra marca en ese quehacer lo constituyó la fundación en 2003 del Programa Barrio Adentro en Venezuela, una de las misiones insignias de la Revolución bolivariana que llevó hasta las cúspides de los cerros de Caracas y otros lugares preteridos la concepción del Programa Integral de Salud, sobre la base de la atención primaria.

También la Misión Milagro, que en Venezuela, Uruguay y otras naciones del Caribe y Latinoamérica devolvió la visión a millones de personas condenadas a padecer enfermedades curables como cataratas.

Más reciente, La Habana extendió a otros países necesitados sus vacunas concebidas y desarrolladas para combatir la Covid-19, con demostrados y contundentes resultados en la población cubana.

Estas y tales experiencias explican el contrasentido de la pretensión del gobierno de Estados Unidos de excluir a Cuba de la Cumbre de las Américas, en cuya agenda se pretende asumir una estrategia para la construcción de «un futuro, sostenible, resiliente y equitativo» en el hemisferio.

Como diría el refrán: «no hay más ciego que el que no quiera ver».

(*)  Periodista cubano, autor de los libros “Raúl Roa, periodismo y Revolución”, “Pohanohara, cubanos en Paraguay” y “Cuentos del Arañero”.

Foto de portada: Yaimi Ravelo / Resumen Latinoamericano Corresponsalía Cuba.

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