Ecuador entre la protesta y el abismo

Por Liset García* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

El escenario ecuatoriano parece un laberinto sin salida. Las imágenes que no pueden ocultar los grandes medios dejan ver a un pueblo decidido a reconquistar derechos arrebatados, mientras la policía hace uso de la fuerza al reprimir con gases lacrimógenos y disparos, que han dejado  ya un saldo de tres muertos y numerosos heridos.

El paro nacional que lleva más de diez días y las marchas pacíficas convocadas por la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, (CONAIE), a los que se han sumado campesinos y otros sectores sociales, tiene todos los ingredientes para que se radicalice aún más.

No aparece todavía una propuesta gubernamental que tienda a poner el diferendo actual sobre la mesa de diálogo. Por el contrario, el Gobierno de Guillermo Lasso vive en una enajenación esquizofrénica de librito, sumergido en sus mentiras y como si nada pasara en el país.

No es que el presidente haya hecho mutis, pero si acaso dijo algo fue proclamar el estado de excepción, que luego el mismo retiró antes de que la Asamblea Nacional lo declarara nulo. También dijo que no se permitiría el uso de la fuerza, pero no se sabe si se refería a los manifestantes pacíficos, o a la policía, lo cual puede ser descartado pues esta última la ha empleado sin miramientos. 

La Conaie que agrupa a 53 organizaciones, 18 pueblos y 15 nacionalidades indígenas, y cuenta con tres regiones de trabajo, ha plantado un pliego de diez exigencias al gobierno, encabezada por la necesidad de congelar los precios del combustible, una de las promesas de campaña del entonces candidato Lasso, cuestión que viene golpeando las economías de los trabajadores, campesinos y pequeños empresarios.

Otras de las demandas giran en torno al alivio económico para los pequeños deudores del sistema bancario, agobiados por las deudas; precios justos para los productos del campo (leche, arroz, banano, papas…, y políticas de empleo y respeto a los derechos laborales y otros derechos consagrados en la Constitución.

También reclaman la moratoria frente al extractivismo que daña el medio ambiente, la no privatización de sectores estratégicos, en especial, la banca pública. Al propio tiempo, piden políticas de control de precios para los bienes de primera necesidad; presupuestos para salud y educación y libre ingreso de los jóvenes al sistema universitario; y medidas efectivas contra la delincuencia, el sicariato y la violencia.

Obviamente, son posturas distantes 180 grados de lo que ha estado decidiendo el ejecutivo ecuatoriano, contrario a lo anunciado en su programa electoral. Mintió descaradamente y el pueblo le creyó, por eso le dio su voto.

Pero de un banquero millonario, ultraconservador y miembro numerario de la secta del Opus Dei, que contendió por la silla presidencial por tercera vez, se podía suponer que sus promesas no tenían nada de cristianas, ni cabía pensar que ayudaría a los ecuatorianos a vivir de acuerdo con la fe, a no ser que estuviera hablando del Dios dinero.

En cuanto se posesionó como presidente, Lasso se subió al carro de las reformas neoliberales iniciadas por Lenín Moreno, que le dejó la mesa servida con un acuerdo leonino con el FMI. Su programa de privatizaciones empezó por  desmantelar la principal empresa de seguros del Estado, y repartió la infraestructura pública de ese mercado entre sus socios financieros.

A seguidas, desplegó la liberalización de los precios de los hidrocarburos que tenían en la empresa estatal Petroecuador su principal soporte. Así abrió un mercado rentable para los inversionistas privados, que podían servirse de la infraestructura del Estado sin pagar un centavo. Pero, además, creó un mercado para la distribución de la energía eléctrica dominado por empresas privadas.

Desde la Presidencia, Lasso pudo bloquear cualquier intento de regular la banca, pedido por varios sectores necesitados de un alivio financiero, en medio del choque provocado por la pandemia. Gracias a tal “esfuerzo”, al terminar 2021, su banco, el Banco de Guayaquil, pudo recibir las más altas utilidades de las últimas dos décadas, de ahí que le echara el ojo al segundo banco más grande del país, el Banco del Pacífico, con la intención de privatizarlo, proceso que está en marcha, pese a la oposición de varios sectores que ponen en duda sus “sanos” propósitos.

Lasso no disimula sus políticas neoliberales y su intención de empobrecer más a los sectores ya empobrecidos, y al resto que quiere levantar cabeza y no puede. Es poco lo que reclaman los indígenas en sus protestas pacíficas, y son reprimidos con gases lacrimógenos, abusos y fuerza excesiva.

Varia denuncias llegaron a la red social Twitter de lo acontecido en las calles de Quito y otras ciudades sumadas al paro y las protestas. En un mensaje del ex presidente Rafael Correa, escribió que “la fuerza pública arremetió con odio a miles de mujeres, jóvenes, ancianos, niños y ciudadanos que se mantenían de manera pacífica frente al edificio de la Asamblea Nacional…”

Y no es de extrañar que se viera cómo aplastan a las personas, que ya lo han perdido casi todo menos el miedo. Por eso, siguen el llamado de su líder Leónidas Iza, dispuesto a seguir con sus demandas, mientras denuncia la sordera del gobierno y capitaliza la indignación popular, gracias a cuya fuerza lograron recuperar la Casa de la Cultura de la capital del país, ocupada por los militares.

Ya se sabe que uno de los tres manifestantes ultimados fue como consecuencia de un disparo de la policía. De acuerdo con indagaciones de Amnistía Internacional, publicadas este viernes en su sitio web, en la noche del pasado martes, fuerzas de seguridad que reprimían una manifestación en Puyo, Pastaza, dispararon una granada de gas lacrimógeno, directamente y a corta distancia, contra un hombre Indígena kichwa de la comuna de San Jacinto, que murió más tarde en el hospital de esa localidad.

“Tras el análisis de testimonios y de evidencia digital, Amnistía Internacional considera que la muerte del indígena fue causada por agentes de fuerzas de seguridad, muy probablemente policías, a través del uso excesivo de la fuerza y que debería ser investigada con prontitud por la Fiscal General del Estado”, dijo Erika Guevara Rosas, directora para las Américas de Amnistía Internacional.

Mientras Ecuador cae en un abismo de sangre, su presidente es denunciado por evasión de impuestos por sus propiedades en paraísos fiscales, delito que suma a las denuncias de los Pandora Papers del Consorcio Internacional de Periodismo de Investigación. Entonces, ni siquiera sirvieron como objeción para inscribirse como candidato, algo que las leyes esclarecen bien. Pero, entre tantas mentiras, estratagemas y vericuetos mafiosos, Guillermo Lasso sigue diciendo que todo lo que hace es por el pueblo ecuatoriano.

¿Hasta cuándo le van a creer? Es la pregunta que muchos se hacen, mientras siguen en las calles quienes no están dispuestos a permanecer en silencio frente al desempleo (cada diez personas en capacidad de laborar, solo tres tienen trabajo), y la precariedad en que vive alrededor del 30 por ciento de la población, con indicadores de salud, educación e inclusión en franca caída, como nunca desde hace décadas.

(*) Periodista cubana. Colabora con Resumen Latinoamericano.

Foto de portada: EUROPA PRESS.

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