Argentina: Tras la muerte de Etchecolatz, acá Don Mario, un vez más, nos guiará con su pluma precisa

OBITUARIO CON HURRAS

Vamos a festejarlo
Vengan todos
Los inocentes
Los damnificados
Los que gritan de noche
Los que sufren de día
Los que sufren el cuerpo
Los que alojan fantasmas
Los que pisan descalzos
Los que blasfeman y arden.
Los pobres congelados
Los que quieren a alguien.
Los que nunca se olvidan.
Vamos a festejarlo
vengan todos
el crápula se ha muerto
se acabó el alma negra
el ladrón
el cochino
se acabó para siempre
hurra
que vengan todos
vamos a festejarlo
a no decir
la muerte
siempre lo borra todo
todo lo purifica
cualquier día
la muerte
no borra nada
quedan
siempre las cicatrices
hurra
murió el cretino
vamos a festejarlo
a no llorar de vicio
que lloren sus iguales
y se traguen sus lágrimas
se acabó el monstruo prócer
se acabó para siempre
vamos a festejarlo
a no ponernos tibios
a no creer que éste
es un muerto cualquiera
vamos a festejarlo
a no volvernos flojos
a no olvidar que éste
es un muerto cualquiera
vamos a festejarlo
a no volvernos flojos
a no olvidar que éste
es un muerto de mierda.
Mario Benedetti

Hoy, 2 de julio de 2022, murió el represor Miguel Osvaldo Etchecolatz.

Como director de la División de Inteligencia de la Policía Bonaerense durante la última dictadura militar, Etchecolatz estuvo al mando de grupos de tareas y coordinó los centros clandestinos de detención del Circuito Camps. Son innumerables los crímenes de lesa humanidad de los que fue partícipe, como secuestros, torturas, apropiaciones de niños/niñas y desapariciones, y por ello fue condenado mediante juicios históricos, a 9 condenas a prisión perpetua, entre otros fallos.

El 24 de noviembre de 1976, este siniestro personaje coordinó en persona el ataque a la casa Mariani-Teruggi, y fue el responsable directo del asesinato y desaparición de 5 compañer@s y el secuestro de Clara Anahí, a quién seguimos buscando hasta el día de hoy. Chicha Mariani fue una pieza fundamental en la lucha para llevar a Etchecolatz a la justicia, y que reciba en el 2006 su primera prisión perpetua por cometer delitos de lesa humanidad.

Durante los juicios, Etchecolatz nunca dijo dónde está Clara Anahí, ni ninguno de los nietos apropiados, qué pasó con Jorge Julio López, ni dijo dónde están los desaparecidos, jamás demostró arrepentimiento de sus actos. Mantuvo, hasta el último día, el cobarde pacto de silencio de las fuerzas armadas.

Muchas veces la justicia intentó brindarle a este genocida el beneficio de la prisión domiciliaria. Gracias a la organización y la lucha popular, jamás se le permitió disfrutar de la tranquilidad de su hogar. Etchecolatz murió hoy en una cárcel común y efectiva, algo que nos debe dar orgullo como pueblo. La construcción de un mundo más justo es posible, y requiere de una lucha colectiva permanente. Una y otra vez nos organizaremos para hacer escuchar nuestra voz, y seguiremos llevando el reclamo de Memoria, Verdad y Justicia como bandera.
Nunca bajaremos los brazos. No olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos.

Asociación Anahí.

Foto de portada: El Ciudadano.

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