José Martí: Una idea en 26

Por Lizbeth Labañino.

Existen acontecimientos que son punto de inflexión en el desarrollo social y político de los pueblos. Los cuales tienen lugar en un momento preciso, dada su necesidad e importancia.

La gesta del 26 de julio de 1953, cumple con estas consideraciones. Al amanecer, la Generación del Centenario protagonizaba, en los cuarteles Moncada de Santiago de Cuba y Céspedes de Bayamo, la acción que abriría una nueva etapa de combate contra la oligarquía y el imperialismo y destacaría a la acción armada como medio principal de lucha.

Surgía una nueva dirección joven y revolucionaria, heredera y comprometida en buscar una solución a los problemas del país y erradicar la dependencia hacia los Estados Unidos.

Los sucesos ocurridos el 26 de julio de 1953, nos invitan a realizar una reflexión sobre la presencia de José Martí en esta jornada, en Fidel y en sus camaradas.

El líder de la Generación del Centenario, Fidel Castro, al señalar que el autor intelectual de la gesta del 26 de julio de 1953 fue José Martí, retomó su ideal y con él abanderó la última etapa de esas luchas por “la segunda independencia” del imperialismo, tarea histórica inconclusa señalada por nuestro Héroe Nacional para los pueblos de Nuestra América.

A propósito de ello, las siguientes palabras de Fidel ilustran la presencia de Martí en lo sucedido aquel 26 de julio, tanto moral como intelectualmente: “Parecía que el Apóstol iba a morir en el año de su centenario, que su memoria se extinguiría para siempre, ¡tanta era la afrenta! Pero vive, no ha muerto, su pueblo es rebelde, su pueblo es digno, su pueblo es fiel a su recuerdo; hay cubanos que han caído defendiendo sus doctrinas, hay jóvenes que en magnífico desagravio vinieron a morir junto a su tumba, a darle su sangre y su vida para que él siga viviendo en el alma de la patria. ¡Cuba, qué sería de ti si hubieras dejado morir a tu Apóstol!” [1]

Agrega Fidel en otro pasaje: «Traigo en el corazón las doctrinas del Maestro y en el pensamiento las nobles ideas de todos los hombres que han defendido la libertad de los pueblos».

El significado de Martí para una generación de jóvenes como la de 1953, tiene un carácter especial, porque no se trata de la simple mención a un héroe, sino de la asunción de un pensamiento, un ideario, de llevar en los corazones las doctrinas de un hombre que devino referente intelectual, ético y político imprescindible para la nueva etapa de lucha que se iniciaba tras el zarpazo del tirano Batista el 10 de marzo de 1952; y que tuvo su gestación el 26 de julio de 1953.

El pensamiento martiano del siglo XIX existía para manifestar a la población cubana que era viable luchar contra las fuerzas opresoras; de la mano con el pueblo cubano una rebeldía tal, que diera la posibilidad de llevar a cabo el proyecto libertador, que por encima de todos los valores era altamente independentista, antiimperialista y soberano.

Dado el contexto histórico en el que se encontraban los moncadistas, no era de menos esperar su preocupación y la actitud lo suficientemente revolucionaria y retadora que los conducía a actuar. Por este motivo Fidel señala que: “Esta es la hora decisiva que anunció Martí, hora de la segunda Emancipación: y con este movimiento de avance, unánime y continental”.

Desde ese momento se visualizaba el impacto del legado martiano como guía al posterior gobierno revolucionario que los llevó al triunfo en 1959.

El alegato de autodefensa de Fidel, La historia me absolverá, fue tan solo el inicio del empleo de citas recurrentes con la autoría de José Martí en escritos, discursos, leyes y exposiciones, las cuales condicionaron el accionar revolucionario y político  de la nación. No es extraño hoy caminar por las calles de la Habana y leer frases icónicas de nuestro apóstol por doquier. De alguna forma ha logrado ser parte incluso de nuestra idiosincrasia. No es azar, es coherencia y sentido histórico.

Es el ideario martiano, legado de una lucha revolucionaria a la otra, donde el pueblo y sus líderes son la fuente que lleva a quienes hacen posible que aquellos proyectos mutilados se transformen en realidad.

Sobre esta índole señala Roberto Fernández Retamar: “…no es en un medio tenso por la espera de la revolución, sino en un medio lleno de escepticismo y despego… traducidos en la difícil vida intelectual, en el que Fidel Castro va a desencadenar una de las más profundas revoluciones de la historia, con su asalto al cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953. Su apoyatura intelectual no va a recibirla de pensadores inmediatos a él, sino de José Martí. Y esto, que hoy nos parece lo más natural del mundo, esto solo, el saltar por encima de la mediocridad ambiente e ir a entroncar de modo vivo con el único gran pensamiento original que se había engendrado en esta tierra, ya era una definición”.[2]

Por la profundidad de las reflexiones promovidas, proporcionado por aquel histórico acontecimiento, de su punto de partida, presencia y continuidad, se desprende la vigencia de estos sucesos como un canto de esperanza tanto nacional como internacional, donde el ideario martiano toma un papel fundamental y es de necesaria consulta en cada decisión política a afrontar por el pueblo cubano.

 

Notas

[1] Fidel Castro Ruz. La Historia me Absolverá (edición digital).

[2] Roberto Fernández Retamar: Hacia una intelectualidad revolucionaria en Cuba; en Revista Casa de las Américas, ediciones 296-297, julio-diciembre de 2019, p. 27.

 

Tomado de Portal de la Sociedad Cultural José Martí/ Imagen de portada: Verlanga.

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