Cuba: En nosotras, Vilma

Por Madeleine Sautié.

Titánica y sin precedentes, había que echar a andar la maquinaria. Para hacerlo, una virtuosa mujer fue la elegida.

A veces por cotidianas, las cosas extraordinarias no nos lo parecen. El hecho de tenerlas al alcance de la mano no les resta su condición de excepcionales, sobre todo si se mira en derredor nuestro. Hay que saber mirar, y saber cómo fue que nos tocó, de dónde vino tanta generosidad, ganada a fuerza de librar batallas.

Podría, para ser más precisa, haber dicho nosotras, porque estas líneas perciben la luz vertida sobre las mujeres cubanas, a partir de enero de 1959.

Pero desestimaríamos cuánto se robustece el espíritu de una sociedad completa cuando todos los seres humanos, sin distinción de género, alcanzan los mismos derechos y son tratados con dignidad absoluta.

Lo mágico existe, pero no las varitas mágicas. No las que tocan el objeto o el ser dañado y, tras las lucecitas, surge la maravilla. Los procesos sociales tienen sus líderes y su tiempo: la garantía que significa ser una mujer cubana contemporánea podría parecer, frente a otras tristes realidades, un milagro; pero costó dulces ahíncos, difíciles empeños, acometidas ingentes.

La Revolución Cubana fue un torrente de transformaciones. Entre ellas, era crucial incorporar a la construcción de la nueva sociedad a la mujer, esa fuerza singular y poderosa capaz de colocar en la obra emancipadora su alma y su naturaleza. Hacerlo significaba trabajar en su superación, integrarla al trabajo, educarla en su autorreconocimiento como ser merecedor de respeto.

Titánica y sin precedentes, había que echar a andar la maquinaria. Para hacerlo, una virtuosa mujer fue la elegida. De corpórea dulzura, inteligencia natural, recta conducta, sentido cabal de la justicia y el deber, sensibilidad y probada valentía, dueña en plena juventud de un historial revolucionario digno de encomio, Vilma Espín Guillois empuñó la revolución dentro de la Revolución que significó la Federación de Mujeres Cubanas.

Si hoy somos obreras, profesionales, emprendedoras, conscientes de nuestro decoro y de nuestros derechos; si nuestra estima propia es escudo contra el dedo instigador que nos creyó inferiores; si vivimos plenamente; si procuramos llevar con nosotras a las que avanzan más lentas; si el prejuicio languidece ante nuestros ojos y frente a él somos más fuertes; si educamos a nuestras hijas e hijos en las conquistas alcanzadas, y en la decencia, no olvidemos nunca el nombre de aquella que nos legó su virtud. Llevemos en nosotras a Vilma.

Tomado de Granma.

Autor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: