«Estoy muy orgullosa de mi amiga»

Por Yeilen Delgado.

Esta muchacha que aparece en la foto junto al Presidente Díaz-Canel es mi amiga. La acaban de condecorar por su valentía en el servicio. Durante los cinco años de licenciatura nos unieron muchas cosas, entre ellas ser tan malas en educación física que dábamos pena. Nuestra imposibilidad para correr «como dios manda» era célebre, y también nuestra antipatía por aquella actividad.

La primera noche del incendio en la Base de Supertanqueros, ella descubrió de la manera más difícil que un periodista debe poder correr bien. Cuando supe que estaba herida pensé en lo mismo que sé que ella pensaba en aquellas horas: en su hijito. Estoy muy orgullosa de mi amiga.

Los periodistas nunca somos ni debemos ser la noticia. Es difícil en esta época de redes sociales, directas y selfies no cruzar esa fina línea del protagonismo indebido. Hay que estar muy vigilantes, y recordar que no es lo mismo ser influencers que reporteros, y que mientras más invisibles, mejor podemos trabajar.

Hay quizá solo una excepción y es cuando se pone la integridad física frente al peligro y se paga el precio, como es el caso de Lyl, de Melissa y del camarógrafo Rigo, que dice que corrió, pero que nunca apagó la cámara.

Si hoy me permito hablar de mis colegas los periodistas es porque han pasado varios días del incendio y porque es justo decir que las medallas en el pecho de esos tres matanceros son el reconocimiento a muchos otros soldados de la prensa en esa provincia.

Pienso, por ejemplo, en Yuni Moliner, que dice abiertamente que de volver atrás no se hubiera arriesgado tanto, porque su hija pudo perder a su mamá para siempre; en Eliane y Pedro Arturo, que contaron las primeras historias para la tv; en la profe Odalys, la tutora de mi tesis y directora de Radio 26, que corrió por su vida los 800 metros más largos.

Me enorgullezco también de Gabriel, que casi desfallece de vergüenza cuando supo el peligro en que había estado la gente bajo su mando, y no abandonó la cobertura ningún día, logrando desde la radio un abordaje excepcional en redes.

Esas medallas amparan, además, a Ventura García, que trabajó para Granma día y noche, casi sin visión; y a Yirmara, la presidenta de la Upec, que estuvo en la zona del peligro tantas veces como los periodistas quisieron llegarse.

Las fotos de Girón son ya históricas, así como la inteligencia de ese equipo liderado por Ayose Naranjo, que tuvo el tino de definir tonos y balances editoriales en medio de un escenario tan confuso.

Debo mencionar a Lianet, llevando la web de ese periódico, en las condiciones más complejas; y a la gente de la ACN, la infatigable Yenli y a Roberto, a quien con la premura dejé embarcado para un trabajo en conjunto; y a Angeldarian Santat Cruz, de PL, que nos compartió contactos, sin recelos.

De los que fuimos el refuerzo, incluyo a Guillermo, que no sabe lo que es guardarse para sí una exclusiva, y a Ricardo Lopez Hevia, que perdió la suela de los zapatos para poner la mirada donde iba.

Tomo la paráfrasis que ayer usó la doctora Rosa Miriam Elizalde en el hermosísimo coloquio que preparó la Upec Matanzas: me han estremecido un montón de periodistas.

He mencionado unos pocos, los que me son cercanos emocionalmente, y los que compartieron sus historias en la casa de la prensa.

Queda, por supuesto, mucho colega entrañable que trataré de etiquetar, los de la vanguardia y la retaguardia. Perdónenme las ausencias.

Todos y cada uno me hicieron sentir orgullosa del gremio; y, especialmente, repito, los de Matanzas, que esa primera noche, cuando aún el resto solo mirábamos, sintieron en su piel el calor del fuego.

Tomado de Perfil de Facebook / Foto de portada: Cubadebate.

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