Lenin demostró que conquistar la utopía era posible

Por Raúl Antonio Capote.

A nadie temen más los poderosos de este mundo. Ningún líder revolucionario ha sido tan calumniado, tan odiado. Quisieron condenarlo al olvido, pero su obra, como el «fantasma» que alentó sus ideas, recorre el orbe para terror de los explotadores.

Escribió Bertolt Brech que, al morir el líder bolchevique, un soldado de la guardia dijo a sus camaradas: «Yo no quería creerlo. Fui donde él estaba y le grité al oído: Ilich, ahí vienen los explotadores».

El verso expresa una gran verdad, mientras exista la injusticia, mientras impere la explotación del hombre por el hombre, Vladímir Ilich Lenin seguirá estremeciendo al mundo, continuará su marcha, no como un Quijote embistiendo con su lanza los molinos de viento, aunque mucho de caballero andante tuvo el adalid de los humildes, sino como soldado de las ideas.

Sobre él dijo Fidel: «Lenin fue desde el primer instante no solo un teórico de la política, un filósofo de la política, sino un hombre de acción, un hombre de práctica revolucionaria constante e incesante, y le correspondió desarrollar aquella doctrina y aplicar aquella doctrina en condiciones tan difíciles, que resulta verdaderamente imposible imaginársela en situaciones peores».

Su nombre perdurará por los grandes aportes que realizó a la teoría creada por los clásicos, por el estudio que elaboró sobre el desarrollo del capitalismo en Rusia, que constituyó un importante paso para desentrañar la nueva fase de desarrollo del capitalismo, el imperialismo, resultados que lo colocan en el pináculo del pensamiento contemporáneo.

Pero, sin duda, su obra imperecedera fue llevar a la práctica el programa de la revolución proletaria predicada por Carlos Marx y Federico Engels.

Antonio Gramsci, el gran marxista italiano, calificó a Lenin como el más grande teórico moderno de la filosofía de la praxis.

La esencia profundamente anticapitalista y antiimperialista del pensamiento de Lenin, su posición inclaudicable al lado de los desposeídos, lo convierte en enemigo de todo lo injusto, en paradigma del mundo mejor al que aspiran millones de seres humanos, un mundo que él demostró que era posible.

Tomado de Granma / Foto de portada: El País.

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