Israel fija una frontera ilegal en Gaza: la línea amarilla que abre la puerta a una segunda Nakba
Una franja partida, una población cercada y un mapa redibujado a golpe de bulldozer.
LA LÍNEA QUE NO EXISTÍA Y QUE AHORA QUIEREN CONVERTIR EN FRONTERA
Israel mueve bloques de hormigón en mitad de la noche. No son barricadas, ni obras públicas. Son las piezas de un nuevo tablero colonial, esas losas amarillas que el ejército israelí ha rebautizado como “frontera” de un territorio que no le pertenece. Es el Yellow Line, ese trazo impuesto que ahora parte Gaza en dos y que su jefe militar, Eyal Zamir, ha presentado como una línea definitiva. Una frontera autoproclamada. Una frontera que el derecho internacional no reconoce.
Desde el 19 de noviembre, la línea amarilla avanza hacia el oeste. No solo avanza. Arrasa. Las y los palestinos que regresaron a los restos de sus barrios tras el alto el fuego cuentan que lo que un día era un límite temporal ahora se desplaza quinientos metros más allá, empujándolos de nuevo al exilio interno. Las excavadoras entran detrás de los tanques. Destrozan lo que la guerra no había logrado demoler. Pisotean las paredes que aún quedaban en pie. Anulan la posibilidad de retorno.
Más del 53% de la franja queda bajo control militar directo de Israel, un territorio vacío de población palestina porque cualquiera que se acerque es tiroteado. En el 47% restante, donde sobreviven dos millones de personas hacinadas, Israel sigue bloqueando la entrada de ayuda, incumpliendo el acuerdo de alto el fuego promovido por Estados Unidos.
El testimonio de Omar al-Ashi, de 27 años, condensa la devastación. Su familia de once integrantes volvió a Shujai’yya a reconstruir una vida entre escombros. Una noche escucharon los motores: vehículos militares entrando de nuevo en el barrio. Por la mañana comprendieron la razón. La línea amarilla se había movido hacia ellos. Después llegaron los panfletos lanzados por drones ordenando evacuar. Era imposible quedarse.
El Gobierno civil de Gaza ha registrado 738 violaciones del alto el fuego en 60 días. Entre ellas:
205 ataques directos contra civiles.
37 incursiones terrestres.
358 bombardeos aéreos.
138 demoliciones.
383 personas asesinadas y 980 heridas. Cuarenta y tres detenciones. Cifras que describen un patrón sostenido, no incidentes aislados.

DESPOJO, DEMOLICIÓN Y MEMORIA DE 1948
En los testimonios se repite una palabra. Nakba.
La catástrofe. La expulsión. La fractura originaria del pueblo palestino en 1948. Lo que ocurre ahora muchos lo nombran sin rodeos: una segunda Nakba, no por metáfora sino por experiencia vivida.
Samar al-Haj, vecina de Jabalia, cruza el límite cada semana para recuperar lo poco que el ejército no haya hecho desaparecer. Ve cambios cada vez. Casas que estaban en pie tras el alto el fuego y que ahora son cicatrices en la tierra. No dejan de demoler, explica. A veces escucha las explosiones desde lejos. Sabe que son hogares cayendo. Sabe que uno puede ser el suyo en la siguiente visita.
El mensaje de las y los desplazados es claro. Si Israel impone esta nueva geografía, el mundo será cómplice. Quienes negociaron el alto el fuego, quienes lo avalaron, quienes firmaron que la población retornaría a sus viviendas, serán parte de esta reconfiguración forzosa del mapa.
“¿Cómo vamos a criar a nuestras hijas e hijos en tiendas para siempre?”, pregunta Azmi Issa. La pregunta no es retórica. En la franja no queda espacio para más tiendas. Ni para más desplazamientos. Ni para más promesas huecas de una comunidad internacional que observa cómo Israel dinamita la base del derecho internacional frente a las cámaras.
En Gaza todo el mundo entiende la gravedad histórica de este movimiento. Cambiar una frontera unilateralmente. Destruir barrios enteros después del alto el fuego. Impedir el retorno. Consolidar zonas vaciadas de población palestina. Es un intento de reingeniería demográfica, denunciado así por las autoridades civiles de Gaza. Un rediseño del territorio a punta de fusil que contradice no solo el derecho internacional, sino cualquier noción mínima de justicia o seguridad colectiva.
Zamir lo llama “línea defensiva para las comunidades israelíes”. La población palestina lo llama de otra manera. Despojo.
Colonialismo.
Expulsión.
Una línea amarilla que pretende dejarlo todo en blanco.
Y un pueblo que sigue diciendo: no podrán borrar a quienes siempre regresan.
El jefe del Estado Mayor del Ejército israelí afirma que la “línea amarilla” de Gaza será considerada la “nueva frontera” para Israel

El jefe del Estado Mayor del Ejército de Israel informó a los soldados desplegados en la Franja de Gaza que la llamada “línea amarilla”, la demarcación que divide el territorio palestino según el plan de alto el fuego mediado por Trump, será tratada como la “nueva frontera” para Israel. Los comentarios del teniente general Eyal Zamir se produjeron a pesar de que el alto el fuego acordado en octubre establece que “Israel no ocupará ni anexará Gaza”. La medida le daría a Israel el control de más de la mitad del enclave palestino, incluidas las tierras de cultivo y el paso fronterizo de Rafah, que conecta Egipto con Gaza.
Mientras tanto, un nuevo informe de la organización Reporteros sin Fronteras concluye que en 2025, al igual que en los dos años anteriores, Israel es el país del mundo que ha matado a más periodistas. El informe concluye que las fuerzas armadas de Israel son responsables de la muerte de 29 periodistas palestinos, del total de 67 trabajadores de prensa que han muerto en todo el mundo en los últimos doce meses.
Israel pretende que la “línea amarilla” sea su nueva frontera con Gaza, en contra de lo acordado
La preocupación internacional crece a medida que Israel hace evidente su intención de mantener una presencia militar en Gaza mayor a la pactada en la tregua con Hamás. Según reportes, el jefe del Estado Mayor israelí, Eyal Zamir, sugirió que Tel Aviv tiene la intención de convertir la denominada “línea amarilla” —que divide Gaza y permite a las tropas seguir en la mitad del enclave— en una frontera permanente. Una decisión que, advirtió la ONU, es incompatible con el acuerdo de alto el fuego y que pone en riesgo su continuidad.
La declaración más explícita en este sentido llegó este domingo, cuando Zamir aseguró que el límite hasta donde las tropas se replegaron constituye “una nueva línea fronteriza”. Sus palabras, citadas por The Times of Israel, confirman la intención de mantener una presencia militar prolongada dentro del enclave.
El trazado, establecido como parte del acuerdo de alto el fuego, recorre Gaza desde el norte, en Beit Hanun, hasta el sur, en Rafah, y deja alrededor del 53% del enclave bajo ocupación y control israelí. En la práctica, esta línea se ha convertido en un área extremadamente peligrosa: soldados israelíes disparan contra cualquier persona que intente acercarse o cruzarla, lo que ha provocado víctimas civiles palestinas y bloqueado el regreso de miles de desplazados. Además, la delimitación impide el acceso a viviendas y tierras agrícolas, agrava la crisis alimentaria y obstaculiza la llegada de ayuda humanitaria.
En este contexto, Zamir añadió que ve la llamada línea amarilla como “una línea defensiva avanzada para las comunidades y también una línea ofensiva”. Además, sostuvo que Israel “no permitirá que Hamás vuelva a afianzarse” y aseguró que las tropas seguirán desplegadas en puntos que el ejército considera estratégicos.
La ONU rechaza cualquier modificación fronteriza
Las declaraciones del jefe militar israelí tuvieron se hicieron eco en Naciones Unidas. El portavoz Stéphane Dujarric advirtió este martes que adoptar la línea amarilla como nueva frontera es incompatible con “el espíritu y el texto” del acuerdo alcanzado el 10 de octubre entre Israel y Hamás.
Dujarric subrayó que la ONU “se opone firmemente a cualquier cambio en las fronteras de Gaza e Israel” y recordó que, cuando la organización se refiere a Gaza, lo hace en función del límite original, “no de la línea que queda dentro de la línea amarilla”.
Hamás denuncia violaciones del alto el fuego
En paralelo, Hamás acusa a Israel de incumplir varios compromisos de la primera fase de la tregua, lo que ha impedido el avance hacia la segunda etapa del acuerdo.
Hossam Badran, miembro del buró político de Hamás, denunció el martes que Israel está vulnerando aspectos esenciales del acuerdo, entre ellos la reapertura del cruce de Rafah con Egipto y el aumento del ingreso de ayuda humanitaria hacia Gaza. Indicó que ninguna de estas medidas se ha implementado como estaba previsto. Por ello, pidió a los mediadores del acuerdo –Estados Unidos, Egipto, Qatar y Türkiye– que “redoblen esfuerzos” para garantizar el cumplimiento pleno de la primera fase.
La tregua, que frenó la devastadora ofensiva israelí sobre Gaza, se ha vuelto frágil debido a acciones israelíes que constituyen violaciones sistemáticas del acuerdo. La primera fase contemplaba la liberación por parte de Hamás de los 48 rehenes restantes retenidos en Gaza, mientras Israel debía excarcelar a casi 2.000 prisioneros palestinos y devolver los cuerpos de cientos de fallecidos. Aunque algunos pasos avanzaron parcialmente, Tel Aviv no ha cumplido con otros compromisos clave.
Fuentes: Spanish Revolution, Democracy Now, TRTEspañol

