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La hora de los monstruos: la obscena oscuridad de un político

Reflexión a propósito de la presentación del libro de Hedelberto López Blanch “Rubio: un mitómano incontrolable”

Por Raúl Antonio Capote.

Durante la última jornada de la V edición del Coloquio Internacional Patria se presentó la segunda edición del libro “Rubio: un mitómano incontrolable”, del destacado periodista cubano Hedelberto López Blanch.

Esta edición, a cargo de Nuevo Milenio y la Editorial de Ciencias Sociales con el apoyo de Resumen Latinoamericano, se expuso ante un grupo de jóvenes europeos y latinoamericanos presentes en el V Coloquio Internacional Patria, realizado del 16 al 18 de abril de 2026 en la Estación Cultural de Línea y 18, La Habana, Cuba.

Con magistral desempeño, Hedelberto desnuda las interioridades de un monstruo de la política yanqui, un ser nacido de las tinieblas de un sistema, régimen al que, con certeza, José Martí describió en 1881: “los Políticianos malogran y envenenan todas las banderas del espíritu; criminales públicos son estos calumniadores de oficio”.

“Rubio es una mezcla de este ser perverso que intenta provocar un daño extremo, y lo más tenebroso de la corrupción solapada y del cinismo”, describió a este personaje Graciela Ramírez Cruz, directora de la corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano. “Podríamos decir que es el muñeco maldito Chucky, esa mezcla horrorosa y perversa que llega a secretario de Estado”, caracterizó.

Por añadidura, dijo Jorge Legañoa, presidente de Prensa Latina, “Lo mejor que tiene el libro de Hedelberto es un recorrido —que es fabuloso— a través de la propia historia de Estados Unidos”.

Sobre las turbias procedencias del financiamiento político en las élites partidistas norteamericanas, abundó Michel Torres, director de la editorial Nuevo Milenio, guionista y conductor del programa Confilo.

Por su parte, Abel Prieto Jiménez, presidente de la Casa de las Américas, consideró el libro como una “descripción de la anatomía política y moral de un engendro ultraderechista, un oportunista, un mentiroso, un tipo nefasto”.

Para finalizar la actividad, el autor de la obra, Hedelberto López Blanch, agradeció la acogida de todas las ediciones del libro tanto en Cuba como en el extranjero.

Breves apuntes sobre un monstruo

La obra del periodista cubano describe los vínculos cercanos de Marco Rubio con narcotraficantes sentenciados por la justicia norteamericana y muestra el verdadero rostro del político bonachón del actual secretario de Estado, heredero de la historia de la política del imperio.

Resulta muy útil recordar cómo, durante su larga estancia en el país norteño, José Martí desentrañó como nadie el alma despiadada de ese sistema. Refiriéndose a Estados Unidos, escribió en 1884: “¡En la médula, en la médula está el vicio, en que la vida no va teniendo en esta tierra más objeto que el amontonamiento de la fortuna!” (1).

Martí contempló el germen de la descomposición, no se dejó deslumbrar por los espejismos y anticipó adónde conducirían el ritmo delirante y soberbio, la feroz competencia, donde lo espiritual quedaba relegado a los más oscuros rincones.

Por cierto, solo con leer las primeras páginas del texto, viene a la mente la célebre frase de Antonio Gramsci: “El viejo mundo se muere, y el nuevo lucha por nacer; en ese claroscuro surgen los monstruos”. Esta metáfora del “interregno” es particularmente útil para entender fenómenos políticos reaccionarios que emergen en momentos de crisis orgánica del capitalismo.

Porque el monstruo que tan bien describe Hedelberto nace del claroscuro gramsciano, es hijo de la más profunda oscuridad del capitalismo estadounidense.

El mundo nuevo que pugna por nacer —todavía débil, fragmentado, sin un proyecto hegemónico bien definido, sin un partido de vanguardia que movilice y guíe a las masas, con poca capacidad para articular las demandas dispersas— lucha contra la persistencia del viejo mundo. Esa fuerza represiva, corrupta y cada vez más violenta y despiadada es terreno fértil para los espantajos.

Donald Trump no es un accidente, no es un simple demagogo: es también un “monstruo” en el sentido gramsciano, y el trumpismo, una formación política que surge del viejo orden y canaliza el malestar popular hacia soluciones regresivas, autoritarias y destructivas.

Recordemos que Carlos Marx describió el bonapartismo como un poder ejecutivo que se sitúa por encima de las clases en lucha, equilibrando sus fuerzas al servicio del capital. Trump actualiza esta figura: se presenta como “el defensor del pueblo trabajador” contra las élites, los Clinton, los medios, los burócratas de Washington (“el pantano a drenar”), pero gobierna para los más ricos.

El trumpismo —bonapartismo con redes sociales y espectáculo permanente— transforma la crisis orgánica en un culpable de turno: los malhechores no son el capital ni el sistema, sino los inmigrantes, los chinos, los rusos o los “globalistas”. De este modo, desplaza la lucha de clases hacia el terreno étnico-nacionalista.

Es una forma de lo que Gramsci llamaría “revolución pasiva”: incorporar demandas populares contra el libre comercio y la pérdida de empleos, pero vaciándolas de contenido anticapitalista, reorientándolas hacia el odio al diferente.

La oscuridad requiere un liderazgo carismático que sustituya la deliberación colectiva. Trump no ofrece un programa, sino una identidad emocional: el resentimiento como vínculo político. Miente sistemáticamente, ataca a la prensa, desprecia las normas.

Solo en circunstancias como estas —fruto, además, de la evolución histórica del capitalismo estadounidense, como bien argumenta López Blanch en su libro— puede surgir un personaje siniestro como Marco Rubio.

El trumpismo es la oscuridad más profunda, y Marco supo acercarse a su sombra para terminar de crecer: oportunista hábil, capaz de metamorfosearse con facilidad y de aprovechar las falencias del contrario, constituye un serio peligro para Cuba y el mundo.

Derrotarlo exige lograr que el “nuevo mundo” que lucha por nacer se convierta de nuevo en una alternativa creíble y organizada. Mientras tanto, en el claroscuro, seguirán apareciendo los monstruos.

(1) Carta al Director de La Nación. Nueva York, mayo de 1884.

 

 

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