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Los aretes robados de la Luna (II)

Por José Luis Méndez Méndez / Imagen: Generada por Inteligencia Artificial / Especial para Resumen Latinoamericano

El proyecto Artemis II, fue adelantado para desviar la atención de la debacle en la agresión a Irán con la participación del genocida Israel, sucesivas mentiras del laqueado, afirmaban un retundo triunfo sobre los presuntos maléficos iraníes, mientras la realidad mostraba que su Armada estaba intacta y los aviones estadounidenses aparecían destruidos. Miles de soldados estadounidenses, como empleados del emporio Trump, eran enviados a una condenada invasión terrestre, como peones a sacrificar para satisfacer los devaneos expansionistas del octogenario. Un grupo de generales renunciaron para dejar un legado de defensa por sus subordinados lanzados al ruedo sin pudor, cuyas familias comenzaron a recibir banderitas, que confirmaban la pérdida en vano de seres queridos.

El bravucón no solo quiso demostrar el poder de tener varios conflictos a la vez, provocó hasta el cansancio a las autoridades cubanas, le impuso a la Isla un cerco energético criminal, además de asedio y amenazas de invasión, de golpes aéreos masivos, cuarentena naval, zona de exclusión aérea, ultimátum y conminación a desestabilizar una nación, una cultura y una ideología, desaparecer a una civilización, irrespeto al Papa y una sarta de herejías más diseminadas por todo el orbe. Ha sentido el placer de que el mundo gire a su alrededor, cada día estar pendiente a sus excentricidades, megalomanías, que solo es expresión de sus necesidades de realización, traumas no resueltos y la incapacidad de ser creíble.

El programa Artemis, intenta superar los alcances de las misiones de Apolo, mostrar en toda su crudeza a la cara oculta de la Luna, revelaciones dadas y sobre todo las ocultas han movido el interés por comprar  nuevas parcelas en esta parte no visible desde la Tierra, el acre que comenzó a 24 dólares, se ha incrementado y nuevos pedidos de compras se reciben ante la inminencia de retomar los vuelos privados hacia la codiciada Luna.   

El visionario empresario lunar Denis Hope, a quien muchos califican de estafador compulsivo,  en sus inicios, puso en marcha su plan ante la perplejidad de quienes conocían su intención, entonces escribió tres cartas: a la Organización de las Naciones Unidas, al gobierno estadounidense y al soviético. En todas pedía lo mismo: reclamaba la propiedad de la Luna. Los destinatarios no dijeron que sí, pero tampoco dijeron que no. Desde 1980 ha vendido lotes en la Luna a más de 6 millones de personas y el negocio va en ascenso.

Las opciones de compra van desde 1 acre, poco más de 4000 metros por 24 dólares algo así como media manzana. Por 2,50 dólares adicionales se puede agregar el nombre al título de propiedad. El comprador recibe el certificado, un mapa fotográfico del terreno y cuando estás por pagar, Lunar Embassy te ofrece el pasaporte extraterrestre lunar, por un precio de oferta de 21,99 dólares.

Desde septiembre de 2021, el boyante negocio era replicado por los medios noticiosos en el mundo. La pregunta era: Si alguna vez imaginaste comprar una parcela o terreno del satélite natural de la Tierra, este es el momento. Lo conseguirás por un valor de entre 25 o 500 dólares, a través de la página web “Lunar Embassy». El comportamiento de las ventas se ha mantenido en meseta hasta abril de 2026, cuando el Artemis II, provocó un impulso inusitado.

El auto proclamado dueño, que patentó a la Luna en 1980. A pesar que en 1967 se firmó el Tratado sobre el Espacio Exterior en el que se les prohibía a los Estados apropiarse de un terreno ultraterrestre, el acuerdo no hablaba nada sobre las personas individuales ni empresas.

Por este motivo, el empresario reclamó e hizo una presentación judicial ante la ONU y los gobiernos soviéticos y estadounidense, para conseguir su objetivo. A través de internet, logró concretar su plan: vender parcelas en el Sistema Solar. Hope, no solo reclamó la propiedad de la Luna, sino que también de todos los planetas. Por lo que se podría comprar terrenos en Venus, Marte o Saturno, por medio de la mencionada Lunar Embassy. se puede encontrar la historia de Hope, la Constitución de la Luna, un mapa, pasaportes, una bandera alegórica y las parcelas de terreno adquiridas.

Al entrar a la página, los interesados han preguntado si quedan lotes en venta, la respuesta es documentada: Quedan muchos lotes disponibles, zonas exclusivas, otras reservadas para investigaciones, hay sitios lunares que constituyen monumentos nacionales, áreas donde hombres o máquinas han estado, que no se enajenan y otros de reservas.

Precisamente lo prohibido es lo más buscado, los terrícolas quieren tener la exclusividad, como si estuvieran en la Tierra y compraran islas solitarias, volcanes, ahí es donde Trump manía se inserta. Pero Hope es flexible, si alguien quiere elegir su ubicación puede hacerlo si su compra es superior a de 5380 acres. En tal caso puede elegir siempre y cuando no sea en un área de reserva. Como ejemplo se precisa, que el sitio donde supuestamente alunizó el Apolo 11, así como el cráter en la Luna en el que aparentemente se ha encontrado agua, pero aún no se ha confirmado, no está a la venta. El fundamento “ético” es que «sería irresponsable que la empresa vendiera estas áreas históricas y recursos naturales únicos».

Para hacer más erráticas estas ventas, los mecanismos de mercado capitalista están de moda, existió una promoción, una tentadora oferta para celebrar el 50° aniversario de la llegada del Apolo 11 a la Luna, si se compraba, en ese momento, un lote se podía adquirir otro a mitad de precio.

Hay un razonamiento, que explica por qué compradores quieren adquirir un lote en la Luna, a pesar del difícil acceso y la remota posibilidad real de ocupación, es la esperanza de un futuro, la eventualidad de estar allí. El programa Artemis II, inspira esa renovada motivación.

El emprendedor Hope, antes de dedicarse a bienes raíces cósmicos, fue ventrílocuo, ahora no da entrevistas, salvo que se las paguen. Sobre el aparente discreto precio de la parcela, opina que no es muy barato, ya que él, tiene un mandato bíblico para preservar a la Luna y otros planetas como bien de la humanidad, estima que él, con su venta, garantiza que el Tratado Espacial de 1967 se cumpla, se erige como un benefactor universal, guardián, es la visión y misión de su empresa. “Entonces nosotros, la Embajada Lunar, somos ese vehículo que expresa la verdadera intención del tratado. Todo ser humano debería tener al menos 1 acre. Todos tenemos que poder tener la voz de decidir qué pasará en la Luna en el futuro. Corporaciones y gobiernos harán descensos y dividirán la Luna ellos para su poder. Nosotros queremos tener voz. Si cobro más por estos terrenos no serían accesibles para todos”.

El estadounidense Hope, no tiene la exclusiva, también la empresa inglesa Moon Estates, también vende terrenos. Fue un desprendimiento de Luna Embassy. Se explica que la categoría de Embajador, implica que su tenedor posee un territorio exclusivo para vender, un Embajador es el representante de esa área. Moon Estates empezó a vender parcelas por fuera de su área, rompiendo su contrato. Un fraude. “Tenemos varios rivales que fueron nuestros Embajadores. Pero, somos los únicos dueños, sin precisar a quién le compró la Luna original, que sería el comienzo del quimérico negocio”.

Los rivales, Lunarland, Lunar Registry, Moon Property, Buy Mars, Amazing Gift Company son algunos de los imitadores. Hay alarma en la comunidad de compradores, se sienten amenazados ante el anuncio de que la NASA, proyecta volver a llevar astronautas a la Luna con el objetivo a largo plazo es hacer base allí para invadir Marte. El nuevo programa se llama Artemisa y la idea original era volver en 2028, pero en el medio está Donad Trump y adelantó la meta cuatro años, aunque el barnizado republicano, está en campaña para someter a Estados Unidos en el mismo año del inicio del programa.

El tema en debate es qué pasara con la presencia humana en la Luna. ¿Qué pasará con los terrenos? Hope responde: “Dijeron un montón de cosas a lo largo de los años. Dijeron que volverían a la Luna muchas veces y jamás lo hicieron. Veremos si esta vez se cumple. Nosotros apoyamos la investigación y que haya agencias en todo el mundo que hacen exploración con fines científicos”.

Para esta nueva etapa en la carrera espacial, la NASA se asoció con empresas como SpaceX, de Elon Musk y Blue Origin, de Jeff Bezos. Cuando Hope comenzó el negocio, Musk y sus cohetes a la Luna no existían. Sí la aerolínea Pan Am, que en 1969 anunció que comenzaba a tomar reservas para su primer viaje a la Luna: sería en el año 2000 y el pasaje costaba 28 mil dólares. En 1990 la lista de espera era de 93 mil personas. Pan Am quebró en 1991.

Otro debate es, si lo que hasta ahora parecía imposible, pero se acerca otra alternativa, qué pasará con las propiedades, se devolverá el dinero invertido, se han revalorizado las parcelas tras lo años, si Elon Musk logra hacer realidad el turismo lunar y yo no quiero que nadie pise mi terreno, ¿qué puedo hacer?, se preguntan muchos.

El nada tonto Hope, responde: “Estas son preguntas que nunca estuvieron, hasta hoy, en la conversación. En este momento es una pregunta irrelevante porque no existe aún la tecnología para poner un pie en la Luna. Pero estamos trabajando no sólo para lograr una voz más fuerte de todos los dueños sino también en el gobierno lunar, que creamos en 2004 para poder responder esa pregunta cuando llegue el momento”.

El empresario se ha acorazado, tiene una bandera Galáctica, una Constitución, en el año 2001, comenzó a regir su gobierno, que se creó en respuesta a las consultas de los dueños de la Luna que preguntaban cómo protegerían sus lotes de visitas ajenas.

También pensaron en su propia moneda: Delta. Hope solicitó su reconocimiento al Fondo Monetario Internacional (FMI) en 2008. El organismo no ha respondido aún pero el avispado Hope ya dijo que ofrecerá a todos los ciudadanos galácticos 10 mil Delta por 1000 dólares apenas el FMI responda. Esta “demencia” no solo atañe a la Luna, se han vendido lotes en Mercurio, Marte, Venus y Júpiter. Así van los negocios en el país más invasor y agresor del mundo.

28 de abril de 2026

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