La pasionaria marcha en defensa de Cuba
Por JoCarlos Ruiz.
Las metáforas pueden ser tan potentes como la realidad misma, cuando con firmeza soberana un pueblo como el cubano se manifiesta en millones del presente para defender su independencia, llevando consigo a los muchos de todos los tiempos, de cualquier parte del mundo, que han defendido y defienden la dignidad de las naciones libres frente a las pretensiones dominantes de los poderosos.
Y en ello pensé al ver la imagen de la amiga Ana Hurtado, en el desfile del 1 de mayo de 2026, portando una foto Dolores Ibárruri junto a Fidel. El gesto vale no como mera referencia. Ana estaba sumando una fuerza medular a las huestes del pueblo cubano. Era como si La Pasionaria nunca se hubiera marchado después de aquel viaje hecho entre el 5 de diciembre de 1963 y el 12 de enero de 1964, cumpliendo una invitación que le hizo Fidel Castro durante el primer viaje que el líder de la Revolución Cubana hizo a Moscú. ‘He venido a Cuba a aprender y no a enseñar”, dijo a su arribo a La Habana. Era como si su voz recia volviera a decir aquí, a 145 km del imperio más avasallador, su estremecedor “No pasarán”, clave anímica en la defensa del Madrid republicano.

Dolores Ibárruri Gómez nació el 9 de diciembre de 1895 en Gallarta, el País Vasco, en el seno de una familia pobre y numerosa, ocupada en la minería. El pseudónimo La Pasionaria, por el que se le conoció a nivel mundial, lo uso por primera vez en 1918, durante la Semana de la Pasión, para firmar un artículo publicado en el periódico obrero «El Minero Vizcaíno». En 1920 participó en la fundación del Partido Comunista Español, en el cual militaría hasta su muerte. En 1921 se produce la fusión entre el PCE y el Partido Comunista Obrero Español, reconstituyéndose con el nombre de Partido Comunista de España. En 1930 es elegida miembro del Comité Central del Partido. En 1931 se trasladó a Madrid para trabajar en la redacción de “Mundo Obrero” el periódico del partido comunista. En 1932 la nombran responsable de la Comisión Femenina del partido y en 1933 la nombran presidenta de la Unión de Mujeres Antifascistas. Fue encarcelada varias veces debido a sus fuertes y punzantes discursos y a su activa militancia en las manifestaciones comunistas. Destacó en el Congreso de los Diputados de la II República como diputada del PCE, por Asturias (1936). Fue figura relevante durante la Guerra Civil y elegida vicepresidenta de las Cortes Republicanas en 1937. Trascendentes eran sus arengas a favor a la causa republicana. Durante este periodo se convirtió en un mito para el pueblo español y a nivel internacional.
Más de 1.400 cubanos, entre ellos el periodista y escritor Pablo de la Torriente Brau, lucharon por la república durante la Guerra Civil Española, se trata de una historia de heroísmo de la cual queda mucha por contar. El grupo más numeroso salió de La Habana, organizado por el Partido Comunista de Cuba. La historia recoge presencia cubana en casi todos los choques decisivos. Combatieron en ciudades, montañas y llanuras en defensa del pueblo de España y contra el fascismo. En relación con la población de nuestro país, el aporte cubano fue el mayor de las 54 naciones que estuvieron representadas en la lucha contra el fascismo en tierras ibéricas.
Dolores Ibárruri tuvo que exiliarse en la URSS tras finalizar la Guerra Civil Española y el establecimiento, con apoyo de la Alemania Nazi y la Italia fascista, del régimen falangista. Su único hijo varón, Rubén Ruiz Ibárruri, murió durante los combates de Stalingrado. En 1942 fue elegida secretaria general del PCE clandestino. Fue miembro del Secretariado de la Internacional Comunista junto a Georgi Dimitrov y Palmiro Togliatti, entre otros. En 1960 presentó su dimisión para pasar a ocupar el cargo de presidenta del Partido. Volvió a España, el 13 de mayo en 1977, tras la muerte del dictador Francisco Franco, después 38 años de exilio, y resultó elegida nuevamente Diputada por Asturias en las primeras elecciones democráticas. Dolores Ibárruri murió en Madrid el 12 de noviembre de 1989 y sus restos físicos fueron enterrados en el cementerio de La Almudena. En el XVII Congreso del PCE, realizado en junio de 2005, Dolores Ibárruri fue elegida «presidenta de honor a perpetuidad».
Su papel de símbolo popular la convirtió en protagonista de poemas y canciones de Pablo Neruda, Rafael Alberti y Víctor Manuel, entre otros. Miguel Hernández, el gran poeta guerrillero, amigo de Pablo de la Torriente Brau, en su poemario Viento del pueblo, de 1937, en medio del olor a pólvora, dedicó a La Pasionaria un poema estremecedor, del cual reproduzco algunos fragmentos:
Cantando ha de cogerme el hoyo blando
tendida el alma, vuelta la cabeza,
hacia las hermosuras más hermosas.
Una mujer que es una estepa sola
habitada de aceros y criaturas…
Fuego la enciende, fuego la alimenta:
fuego que crece, quema y apasiona
desde el almendro en flor de su osamenta.
Vasca de generosos yacimientos:
encina, piedra, vida, hierba noble,
naciste para dar dirección a los vientos,
naciste para ser esposa de algún roble.
Los herreros te cantan al son de la herrería,
Pasionaria el pastor te escribe en la cayada
y el pastor a besos te dibuja en las velas.
Oscuro al mediodía,
la mujer redimida y agrandada,
naufragadas y heridas las gacelas
se reconocen al fulgor que envía
tu voz incandescente, manantial de candelas.
Quemando con el fuego de la cal abrasada,
hablando con la boca de los pozos mineros,
mujer, España, madre en infinito,
eres capaz de producir luceros,
eres capaz de arder de un solo grito.
Por tu voz habla España la de las cordilleras,
la de los brazos pobres y explotados,
crecen los héroes llenos de palmeras
y mueren saludándote pilotos y soldados.
Ardiendo quedarás enardecida
sobre el arco nublado del olvido,
sobre el tiempo que teme sobrepasar tu vida
y toca como un ciego, bajo un puente
de ceño envejecido,
un violín lastimado e impotente.
Tu cincelada fuerza lucirá eternamente,
fogozamente plena de destellos.
Y aquí, en estas calles de la Cuba en pie firme frente al imperio ‘revuelto y brutal’ que caló José Martí, en estos momentos de historia y gloria, de dignidad forjada en el riesgo, también ha estado Dolores Ibárruri.
Aquí estuvo ella, como tantos hijos e hijas de su tierra, que nos tienden su mano solidaria. Y aquí se queda La Pasionaria, junto al pueblo cubano, con su ‘no pasarán’, aquel clamor salido del fondo de las minas, de las manos duras por el trabajo, que se alzó como expresión de toda la fuerza de pueblo democrático español y que el fascismo no pudo acallar. Como tampoco podrá el fascismo actual, aun si enlutase nuestros predios, derrotar el profundo antimperialismo del pueblo cubano. La dignidad siempre tiene más fuerza que la barbarie y trasciende la existencia.
Antes de partir a la Guerra Civil, Pablo de la Torriente Brau escribió a su familia: «Me voy a España, a la revolución española. A ver un pueblo en lucha. A conocer héroes…».
Ahora, en este 1 de mayo de 2026, fue Dolores Ibárruri, quien hizo tronar su frase ‘Más vale morir de pie, que vivir de rodillas’. Era La Pasionaria quien estaba acompañando a los cubanos, un pueblo de paz, heroico, que no claudica ante al enorme daño que por casi siete décadas le ha provocado el bloqueo despiadado de Estados Unidos, y que tampoco claudicará ante la amenaza de la metralla.
La Habana, 3 de mayo de 2026
Tomado de perfil de Facebook del autor.

