Cuba

Diario del Centenario de FIDEL, séptimo día

Por Manolo Teniente

Amanezco en Matanzas. Hoy tengo ducha con agua que sale por la alcachofa. Casi me avergüenzo ya de gastar tanta agua. Es una casa de planta baja, unifamiliar, como la mayoría de las casas de Matanzas, que suben por las laderas hacia arriba, en ese anfiteatro que se forma alrededor de la bahía. Es una casa pobre, pero tiene un pequeño terreno, al igual que la mayoría de las casas, aprovechado al máximo.

Hay dos plataneras de fruto dulce y otra de fruto que llaman burro, que es plátano para freír, pero más pequeño que el plátano macho. Además tiene, aunque jóvenes aún, un limonero, un naranjo dulce, plantas de Malanga y de Calabaza. Hay plantada hasta una Caña Mexicana, que se usa en Cuba, para tratar las afecciones de riñón.

Temprano llegan a casa, parte de la familia que ha pasado la noche en el hospital, pendiente de la evolución del muchacho suicida. Las noticias son buenas, el chico sigue mejorando y ya casi lo consideran fuera de peligro. Luego vendrá la rehabilitación de los órganos dañados y también algún tratamiento psicológico que ayude al muchacho a afrontar la vida, con sus dificultades, y también con la alegría de vivir, que cantaba Ray Heredia.

El amigo que me ha alojado en su casa trabajaba en un hotel de Varadero, ya que Matanzas, a 40 km, es la ciudad mas cercana a la famosa playa. Es cocinero, y como el hotel lo han cerrado para turistas, que han desaparecido, le han dado la función de residencia para los trabajadores que operan allí en Varadero, ya que con la falta de combustible, el sistema de turnos de trabajo es el de estar permanentemente varios días trabajando y luego estar de descanso otros varios días. Así, solo se hace un transporte a la semana. En el caso de él, está siete días trabajando en la cocina del hotel para darle de comer a l@s compañer@s, también trabajador@s, que se alojan allí, y luego está siete días de descanso en su casa de Matanzas, donde me aloja.

Me vuelvo para La Habana por la mañana. En el mismo sitio, cerca de la entrada al centro de la ciudad, donde me dejaron los taxis colectivos que vienen de La Habana, paran, en la acera de enfrente, los que van para La Habana. En este caso me encuentro con un taxi colectivo, que es un minibús de 18 plazas. Cuando llego a las 9:00h, ya está casi lleno. El precio es de 5000 pesos (al cambio no llega a 7€) y para las 9:45h ya estamos saliendo completos, para La Habana. El minibús es bastante moderno, y vamos con aire acondicionado y reguetón durante todo el camino. A las 11:30, después de otras varias paradas, el minibús acaba el trayecto en el Parque Central de La Habana.

No tengo compromisos de momento, y me apetece pasear La Habana Vieja, por donde no he puesto aún el pie. Así que decido disfrutar de paseo. Empiezo esquivando a un par de ofertantes de cambio de dinero, venta de tabaco, “aclarándome que lo que pago es para el cubano, no para el Estado”, propuestas de excursiones a la playa, y ofertas de presentación de chicas guapas. Hay muchísima gente en la calle. Unas están vendiendo lo que pueden, otras simplemente están festejando el domingo.

Transito por una calle peatonal, donde hay mucha gente, tiendas, puestos de libros muy interesantes, y música callejera. Grabo un vídeo de 18 segundos, donde una niña, como estrella central y dos niños, bailan divinamente al ritmo de salsa. Os lo adjunto con este texto, aunque no se si el wasap será capaz de enviarlo.

Me aborda un hombre mayor, (pero más joven que yo) negro, diciéndome que es timbalero, que se llama Álvaro, que trabajó con Buena Vista Social Club, y que ahora está en la Casa de la Música, donde preparan el homenaje al Centenario de Fidel, que no han podido antes, porque no tenían luz, pero ahora tienen baterías preparadas para los actos que han organizado. Intenta convencerme de que él no es vendedor de puros, ni de nada, y que solo quiere conversar porque el miércoles se va a cumplir el sueño de su vida; va a Barcelona con varios artistas más, en un viaje de intercambio cultural.

Le pregunto quien organiza ese intercambio cultural y me dice que seguro que lo conozco porque es un gran músico en España, ¡¡es Joaquín Sabina!! Eso me suena a rollo y deduzco que algo quiere venderme. No imagino a Sabina organizando intercambios culturales con Cuba, porque no lo veo capaz de hacer trabajos desinteresados, además que creo que es de los que, con gusto vería la derrota del proyecto soberano y socialista cubano y la toma de control de la isla por el vecino imperialista del norte.

Álvaro me propone visitar un mercado de frutas que hay cercano, también un mercado de flores, donde vienen las guantanameras a venderlas (una cosa increíble, recorrer 1000km para vender cuatro ramos de rosas) y visitar la taberna del Che Guevara. No me parece en principio un mal plan porque mi proyecto era pasear, así que vamos al mercado, donde nos hacemos fotos, puño en alto, pero no me deja comprar limones porque dice que para que voy a ir cargado, si vamos a volver por el mismo camino. En todo momento, yo me voy parando, disfrutando de lo que veo y a él lo veo inquieto, como queriendo ir más deprisa.

Visitamos el mercado de flores donde varias mujeres, tienen varios ramos de rosas a la venta y deprisa, por fin llegamos a la taberna del Che.

Ésta es un garito pequeño, pero efectivamente, no hay un centímetro de pared que no esté ocupado por algún poster o foto con revolucionarios famosos, no solo el Che. También están Fidel, Camilo, Maceo, Martí, y hasta Mohammed Alí (el famoso boxeador campeón del mundo, Cassius Clay, antes de adquirir su nombre musulmán). Enseguida, Álvaro me dice que tiene sed y que si puede beber algo. Yo, de manera inocente, le ofrezco el recipiente que llevo con agua en la mochila. No, me dice, ¡¡que si puedo tomarme un mojito!! Claro, le digo, yo también quiero otro. Estamos los tres solos en la tabernita, y me enfrasco en una animada conversación con el tabernero sobre los libros que tiene de Fidel, o de cómo se hacen los mojitos. Me dice que en la Bodeguita del Medio, los mojitos valen 8€. Le digo que eso es muy caro, que yo no pagaría 8€ por un mojito. Y me responde, ¡¡pues el que te estás bebiendo vale 15€!! Entonces, en una fracción de segundo, se me aclara todo.

Álvaro era un gancho para atraer clientes a un bar que te va a cobrar, sin antes advertirte, 15€ por un mojito. Le dije que era una barbaridad, que no podía hacer eso con la gente y que cualquiera que supiera lo que costaba el mojito no iba a entrar en su bar. El hombre empezó a recular un poco y me dijo que para compensar me iba a regalar un libro de Fidel. Le dije que yo los tenía todos, pero insistió y me sacó un libraco enorme, que yo no conocía, que se llama “La Victoria Estratégica”. Se lo acepté, porque de todas maneras le iba a pagar los 30€ de los 2 mojitos, y además el libro tiene muy buena pinta. Acepté que me habían engañado “por la izquierda” y que ya, la cosa, no tenía remedio. Entiendo que la situación de necesidad lleve a que la gente busque la manera de ganarse la vida, pero no voy a aceptar la falta de honradez y la pillería para sacarle el dinero a otras personas. Cuando salimos de allí, Álvaro pretendió seguir con el paripé, llamándome amigo, como si yo no me hubiera dado cuenta de que él era un gancho del bar, que se bebía su mojito y seguramente tendrá alguna comisión. Le dije, muy seco, que él no era mi amigo, ni nunca lo iba a ser. Me preguntó por qué, manteniendo aún el tipo, y le contesté, porque me has engañado. Ahí lo dejé y ya no se arrimó más a mí. Tengo que reconocer, no obstante, que el mojito tenía bastante cantidad, quizá se aproximaba al medio litro, y que además estaba riquísimo.

Mañana, tengo una serie de entrevistas, con cuban@s, que tienen otra moral y otro compromiso social, con su país y su Revolución.

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