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O nos condenan juntos… O nos salvamos los dos

Las amenazas de agresión militar a Cuba duelen, el olor a muerte duele, pero no nos asusta.

Por Yaimi Ravelo / Resumen Latinoamericano-Cuba.

Se suponía que iría a la cobertura periodística y publicara la información con urgencia. Tenía varios títulos en el borrador, hasta un guion del acto, facilitaba la inmediatez de la noticia. «Cuba honra a Martí en la entrega de Mi firma por la Patria«, era mi preferido hasta que la realidad que enfrenta Cuba limitó mi eficacia como profesional de la prensa. Adiós inmediatez periodística.

Pero quedó conmigo lo que no comprenden que conservamos los Seis millones 230 mil 973 personas que firmamos por la Patria. Sí, porque también firmé. No por un hombre, o por militancia partidista, firmé como firmaron muchos, por La Patria. Firmé por el médico que se aferra a salvarnos, por la maestra preocupada y constante, por la tierra de todos, sin distinción de ideología, religión, estatus académico o social. Firmamos por nuestras familias, por la soberanía, por la libertad y también por la frente en alto que tanto nos gusta erguir los cubanos y cubanas. 

Con la oscuridad de la noche, sin corriente ni conexión, la noticia de la entrega de las firmas se hizo vieja. Escuché la canción Verso Amigo del inolvidable Eduardo Sosa, la interpretaron en el acto Annie Garcés, Daniel Torres (al piano) y la declamación del actor Denis Ramos, el salón se colmó de esa emotividad profunda que presiona el pecho… 

O nos condenan juntos… O nos salvamos los dos…

Fue la frase que pulverizó la idea de no haber cumplido con la humilde tarea de informar, preferí hacer sentir, de ser posible.

Detesto la adulonería, -para empezar-, sin dudas no es ésta ni remotamente la mejor foto que se haya hecho al presidente de Cuba. Pero es la foto más íntima que en mi «frustrada» cobertura le pude tomar a este hombre, la que pude hacer desde mi humilde ángulo, es sólo un cubano sonriendo, con la mirada limpia.

Éste hombre ni me conoce, ni sabe que existo, pero algo nos une, la defensa de nuestra Patria.

Éste cubano, está amenazado de muerte, no sólo él y los que le rodean, estoy amenazada yo, está amenazada mi familia. No sólo nosotros, estamos amenazados todos los que vivimos en esta isla. Porque el daño que puede ocasionar una bomba, una sola bomba -con tanto odio acumulado-, es incalculable.

A mi familia no la amenaza nadie. Soy corresponsal de un medio de prensa extranjero. No me paga el gobierno de Cuba por hacer esta foto ni por escribir estas líneas. Suelten ya ese discurso. Me paga el camino que elegí tomar, me paga la convicción de que ésta tierra donde nací es la que elegí para vivir y donde deseo morir. Cuando un ser humano, o grupos de personas, o país, desean que otros mueran, es repudiable, detestable, vomitable…

Irónicamente, además de la hermosa canción que escuché en mi largo apagón y las palabras centrales del acto en la voz de Ana María Mari Machado, me inspiró también los tambores de guerra de Axios y el algoritmo del ciberespacio. Sepan que de atreverse, no sólo caerá ese hombre que ni me conoce. 

O nos condenan juntos… O nos salvamos los dos…   

Las amenazas de agresión militar a Cuba duelen, el olor a muerte duele, pero no nos asusta. Duele que el gobierno estadounidense continúe estrangulando la respiración de un pueblo que no ha hecho otra cosa que resistir casi siete décadas de guerra desigual. Los apagones que sufrimos, la economía depauperada del país y nuestras casas son el fruto de la impotencia imperial, porque no nos ven suplicar, claudicar, ni traicionar.

En la edición de las imágenes para la noticia tardía, descubrí que no era la única romántica de esta Patria. Las expresiones honestas de las personas que entregaron las planillas de las firmas por la Patria al presidente Miguel Díaz-Canel dicen más que aquella noticia «en tiempo» que no logré publicar.

PALABRAS DE ANA MARÍA MARI MACHADO, VICEPRESIDENTA DE LA ASAMBLEA NACIONAL DEL PODER POPULAR EN EL ACTO DE ENTREGA DE LOS LIBROS DEL PROCESO POPULAR “MI FIRMA POR LA PATRIA”

Querido Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República,

Integrantes de la presidencia de este emotivo acto,

Representantes de la Sociedad Civil cubana,

Compañeras y compañeros:

Hace 131 años, en un paraje de Dos Ríos, en el indómito Oriente cubano, caía en combate, con el sol en la frente y la patria en el corazón, el más universal de los cubanos: José Martí. No murió vencido, sino naciendo a la inmortalidad. Su sangre fecundó la tierra rebelde de Cuba y sembró la semilla de la independencia, la justicia y la dignidad plena del hombre.

Hoy, desde este Memorial, corazón espiritual de la Plaza de la Revolución, donde tantas veces el pueblo de Cuba se ha reunido para reafirmar su vocación de Patria o Muerte, evoco aquella frase que nos legó Martí: “Yo quiero que la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”. Esa sentencia no es un pensamiento más del Apóstol de la Independencia, es el preámbulo de nuestra Constitución, es el alma misma del proyecto socialista cubano, es el mandato ético que nos guía desde 1959 hasta el presente. Porque para los cubanos, la dignidad no es un concepto abstracto: es el derecho a la independencia, a la soberanía, a la justicia social, a la educación gratuita, a la salud universal, a la cultura para todos, al trabajo digno, a la participación real, que es también el Poder Popular.

¿Y qué ha sido la Revolución Cubana, sino la conquista práctica, día tras día, de esa dignidad plena? Aquellos que desde el norte intentan sojuzgarnos con el cinismo del bloqueo, con las listas arbitrarias, con las falsas democracias y los trueques de conciencias, no entienden que un pueblo que ha puesto su firma al lado de Martí no se doblega ni se vende.

Precisamente, hace apenas unos días, el pueblo de Cuba volvió a dar una lección de patriotismo. Más de seis millones de cubanos —desde el joven que estudia en la universidad hasta el campesino en la montaña, desde el obrero en la fábrica hasta el intelectual, desde el trabajador por cuenta propia hasta el combatiente jubilado, religiosos de todas las confesiones, deportistas, artistas, obreros, profesionales— participamos en el proceso movilizativo y popular “Mi Firma por la Patria”. ¡Seis millones 230 mil 973 personas firmamos! ¡Aquí está nuestra firma! ¿Qué amenaza puede doblegar a un pueblo que responde masivamente en defensa de la Paz, contra una intervención militar?

¿Y qué hicimos esos millones? Pusimos la rúbrica, nombre, apellido, huellas de dignidad en cada pliego. Firmamos por la Patria. Firmamos por la independencia. Firmamos contra el bloqueo genocida y el cerco energético. Firmamos por el derecho a vivir sin amenazas. Firmamos por el derecho a ser cubanos libres. Esas firmas son la conciencia colectiva de una nación que dice “no a la injerencia”, “no al colonialismo encubierto y a la anexión”, “no a las listas de exclusión”, “no a la pretensión de gobernarnos desde el extranjero”.

La totalidad de las firmas de la sociedad civil cubana, —de nuestros vecinos, de nuestras familias, de nuestras madres, de nuestros jóvenes, de nuestros abuelos— han sido entregadas HOY en este Memorial en un día sagrado para la Patria— al compañero Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, como un mandato claro de la sociedad civil cubana.

No se trata de firmas recogidas por el Partido o el Gobierno. Se trata de firmas impulsadas por el pueblo mismo, por sus organizaciones de base, por sus comunidades. Son la sociedad civil cubana —esa que tanto malinterpretan en el Norte— expresándose sin intermediarios: “Aquí no hay disidencia que valga contra la Patria. Aquí no hay amenaza que nos divida. Aquí el bloqueo no nos vence, nos hace más fuertes”.

Las amenazas crecen: lo sabemos. El imperio recrudece el bloqueo, impone nuevas medidas coercitivas, dicta órdenes ejecutivas, intenta asfixiar nuestra economía y quebrar nuestra voluntad. Pero cada nueva agresión encuentra a un pueblo más firme, un pueblo que proclama que “Cuba quiere Paz”; pero no una paz sin independencia.

El primero de mayo, en acto masivo y popular, en la Tribuna Antiimperialista, que también lleva el nombre del más universal de los cubanos, simbólicamente junto a nuestro Primer Secretario, el General de Ejército Raúl Castro Ruz recibió la prueba documental de la voluntad de esos más de 6 millones de cubanos.

La entrega, que se completa hoy con la recepción de las planillas llegadas desde todos los territorios del país, es un acto de soberanía. Es el pueblo diciéndole al gobierno de los Estados Unidos: no nos intimidan; no nos compran; no nos dividen; no nos humillan. Porque nuestra ley primera es “la dignidad plena del hombre”, y ese culto se practica en la resistencia creativa, en la solidaridad, en la defensa de la patria con las ideas y con las armas, si fuera necesario.

Así que hoy, en este aniversario 131 de su caída en combate, no venimos a llorar a Martí. Venimos a honrarlo con hechos. Venimos a decirle: “Apóstol, tu pueblo sigue en pie. Tu ley primera es hoy nuestra Constitución. Tu ejemplo es hoy nuestra bandera. Y las firmas de más de seis millones de cubanos son el mejor homenaje que podíamos ofrecerte”.

Compañeras y compañeros:

La dignidad no se implora, se ejerce. No se mendiga, se defiende. No se negocia, se vive. Por eso, con este acto, que refrenda la voluntad popular de nuestro pueblo, ratificamos el compromiso con esa ley primera. Porque mientras haya un cubano digno, habrá Patria. Y mientras haya Patria, habrá Revolución, y habrá socialismo.

¡Viva José Martí!

¡Viva Fidel en su centenario!

¡Vivan Raúl y Díaz-Canel!

¡Viva la Revolución Cubana!

¡Patria o Muerte, Venceremos!

ACTO POR EL 131 ANIVERSARIO DE LA CAÍDA EN COMBATE DEL APÓSTOL JOSÉ MARTÍ (Fotos)

Fotos: Yaimi Ravelo / Resumen Latinoamericano-Cuba.

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