Las armas del juicio, que vencen a las otras

Por Raúl Antonio Capote * / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

Recordaba anoche, mientras esperaba un vuelo a Buenos Aires que no ocurrió, acompañado en la Terminal III del Aeropuerto José Martí de La Habana por personas indignadas y no sin razón, por la demora y falta de información sobre la salida del avión hacia Argentina, a nuestro Apóstol.

La gente molesta por la perdida de los recursos destinados a ese viaje que, por lo que pude escuchar, comenzaría ese día en La Habana y luego tomaría un rumbo incierto, peligroso hacia EE.UU., expresaba criterios muy negativos sobre el presente y futuro de nuestro país, parciales, mediatizados y construidos, pero vivos en el subconsciente de aquellas personas que vendieron muchos hasta sus casas para llegar al “sueño americano”.

Primaba la desesperanza y la creencia en un paraíso, donde lo único que hace falta es «trabajar para vivir bien» y los pobres son pobres por vagos y perdedores.

La gente hablaba de un “sueño americano” tan alejado de la realidad del capitalismo y de estos tiempos, que asustaba, la razón era la de todo emigrante, trabajar, ganar dinero, ayudar a sus familias, abrirse camino, pero el desconocimiento del mundo que buscaban era absoluto.

La demora y la falta de información ponía un sello kafkiano a la escena, ya de por si surrealista de aquella terminal donde parpadeaba en las pantallas la información de un vuelo a Buenos Aires con un número distinto al de nuestros boletos, vuelo que a veces anunciaban que estaba cancelado, otras que estaba demorado y otras nada.

Al fin tomaron la decisión de informar a los viajeros o no se si mejor nombrarlos pacientes, que definitivamente no habría vuelo a Buenos Aires esa madrugada, que incluso no sabían cuándo saldría el próximo.

Pudimos abandonar aquel lugar en un taxi “caído del cielo”, que nos cobró lo que quiso por el “favor” de llevarnos a la casa, asegurando lo evidente, no hay taxis porque no hay más vuelos hasta mañana.

Martí inevitable acudió a mi mente: «Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino con las armas de almohada (…), las armas del juicio, que vencen a las otras».

 

(*)  Escritor, profesor, investigador y periodista cubano. Es autor de “Juego de Iluminaciones”, “El caballero ilustrado”, “El adversario”, “Enemigo” y “La guerra que se nos hace”.

Foto de portada:  Franklin Reyes/ AP.

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