Por qué es importante la Cumbre de las Américas para Biden (y el gran boicot más allá de la exclusión de países)

Por Ociel Alí López.

El expresidente estadounidense Donald Trump prefirió no asistir a la anterior Cumbre de las Américas, celebrada en 2018, y envió a su vicepresidente, Mike Pence. En ese momento, América Latina solo era vista como «carnada» política en aquellas regiones de EE.UU. donde los latinos tienen peso electoral.

Recordemos que aquel capítulo de la cumbre se realizó en Lima (Perú), coincidiendo con el auge del ya olvidado Grupo de Lima, conformado por alrededor de 17 gobiernos de América con el fin de «discutir» la situación en Venezuela y acompañar los intentos de intervención sobre el país caribeño. 

Sin embargo, Latinoamérica ya no es la misma y la agenda de EE.UU. para la región tampoco.  

Mientras avanza el nuevo proceso de demarcación de lo que el presidente de EEUU, Joe Biden, ha llamado «nuevo orden mundial», América Latina presenta nuevos grados de importancia. Con este término, el presidente se refiere al nuevo estatuto geopolítico en replanteamiento a raíz del conflicto en Ucrania, la instauración del AUKUS (un acuerdo de defensa entre Australia, Reino Unido y EEUU que pretende contrarrestar a China) y las retiradas del Ejército estadounidense de Irak, Afganistán y Siria.

En esta «retirada del oriente del mundo» por parte de la potencia impulsora de la integración mundial, lo global da paso nuevamente a bloques bipolares. En este marco, EEUU busca reocupar lo que considera ‘Occidente’ y este concepto a veces incluye a América Latina, así sea como periferia. 

En esta nueva condición mundial, América Latina debe volver a ser el «patio trasero» de EEUU, o como lo dice Juan González, encargado de la Casa Blanca para Asuntos Hemisféricos, una «reserva estratégica» para, al menos, dejar de producir los dolores de cabeza que desencadenan la migración masiva hacia EEUU.

«El nuevo orden mundial», como lo ha llamado Biden, no es muy diferente al «viejo orden» de postguerra, en el que hay nuevamente dos grandes polos o bloques: EEUU y China-Rusia, como núcleos articuladores de grandes alianzas. 

En todo caso, con esta cumbre EEUU viene a pelear por su «vecindario» para no dejarlo a merced de la influencia de China o Rusia, quienes están dispuestos a reducir todavía más el mapa de preponderancia de Washington. Por ello, el encuentro en Los Ángeles supone un paso importante para el país gobernado por Biden, que trata de «volver» la mirada hacia la región. 

La pérdida de influencia de EEUU en América Latina

Durante el auge de la globalización, a inicios de los 90, América Latina perdió su interés como «patio trasero» de EE.UU.: el mundo estaba por ser conquistado y la región ya tenía una alineación natural con el nuevo imperio mundial y globalizante.

Poco después, EEUU invadía Irak y Afganistán. Luego vendría la invasión de Libia y Siria con otros formatos multinacionales o de alianza con grupos irregulares como el Estado Islámico. 

Mientras transcurrían las guerras, China crecía económicamente de manera inesperada y Rusia tomaba de nuevo su rol protagónico. Luego EEUU salía prácticamente derrotado de Afganistán e Irak, y tampoco pudo controlar la situación causada en Siria y Libia.

Llega así, especialmente a partir del conflicto en Ucrania, este «nuevo orden mundial», que no es muy diferente al «viejo orden» de postguerra, en el que hay nuevamente dos grandes polos o bloques: Estados Unidos y China-Rusia, como núcleos articuladores de grandes alianzas. 

En este contexto, se presenta la IX Cumbre de las Américas, organizada estratégicamente en Los Ángeles, California, el estado que registra el mayor número de latinos en EEUU, con el fin de tratar de revertir el reflujo estadounidense en la región.

La migración: anatema de Biden

Desde que llegó a la Casa Blanca, Biden ha venido cambiando el orden de jerarquización de las temáticas en la agenda de Washington para la región.

Venezuela y Cuba, los anatemas republicanos que aseguran el triunfo electoral en Florida, fueron bajados de escala, mientras que el problema de la migración, al que los demócratas están obligados a darle otro enfoque no represivo, también por razones electorales, pasó a ser privilegiado. La crisis migratoria llevó a Washington a concentrarse en los «países de emisión» de migrantes del llamado Triángulo del Norte (Guatemala, Honduras y El Salvador) y en México, el principal país de tránsito. 

Más que la cuestión del debate ideológico o geopolítico que llevó a López Obrador a no asistir a la cumbre debido a la exclusión de Cuba, Nicaragua y Venezuela, el gran boicot se desarrolló cuando ningún presidente de los países de peso en materia de afluencia de migrantes asistió al encuentro.
Así, la gestión actual de la Casa Blanca mira a América Latina con la pretensión de resolver o atenuar el grave problema de la migración, que le puede costar hasta una elección. Y este es el objetivo declarado de la cumbre. La migración es una de las principales causas de la movilización del votante republicano, así como del apoyo de los latinos al partido demócrata. Si Biden no sabe atajar la actual situación de crisis económica de la pospandemia en estos países, le puede acarrear cuestiones no solo geopolíticas o regionales, sino internas y graves.  

Por eso, más que la cuestión del debate ideológico o geopolítico que llevó al presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, a no asistir a la cumbre debido a la exclusión de Cuba, Nicaragua y Venezuela, el gran boicot se desarrolló cuando ningún presidente de los países de peso en materia de afluencia de migrantes asistió a Los Ángeles.

El «receptor de migrantes» se quedó hablando solo y los «países de migrantes», junto al principal país de tránsito, ya no quieren escucharlo, a pesar del paquete de ayuda, nada deleznable, anunciado por la vicepresidenta estadounidense, Kamala Harris.

Lo cierto es que el Triángulo del Norte, la región con mayor número de emigrantes, parece estarse alejando de los objetivos de la cumbre con la ausencia de sus presidentes. Aunque vale advertir que cada uno lo hace por razones diferentes, todas ellas pueden ser unificadas en una sola: diatribas con Washington. Los presidentes de otros países que también influyen en el tema migratorio –Nicaragua, Cuba y Venezuela– tampoco estarán, así como México  y Bolivia, y sus motivos podrían resumirse en la misma.

Comparación (odiosa) con la Celac

En septiembre de 2021 se llevó a cabo la reunión de países de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y la comparación con la Cumbre de las Américas salta a la vista. Su convocante, López Obrador, consiguió sentar a líderes de diversas tendencias, incluyendo a los presidentes de Venezuela y Cuba, aunque el de Brasil, Jair Bolsonaro, y otros mandatarios no asistieron. En ella, entre otras actividades, se estableció una videoconferencia con el presidente de China, Xi Jinping. 

Es indudable que China le «ladra en la cueva» a EEUU en lo referente a las relaciones con América Latina y Biden viene a tratar de demostrar que no es demasiado tarde, aunque las ausencias en Los Ángeles pueden verse como un mal augurio.  

Tomado de RT / Foto de portada: Jason Armond / Los Ángeles Times / Getty Images.

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