África, arrastrada por el neocolonialismo

Por Anis Chowdhury y  Jomo Kwame Sundaram.

La explotación de los países de África por las metrópolis coloniales primero y por el neocolonialismo de Occidente, mantienen a sus poblaciones sumidas en la pobreza.

Como tantos otros, los africanos han sido engañados durante mucho tiempo. El supuesto progreso bajo el vestigio del imperialismo de las antiguas metrópolis se ha utilizado durante mucho tiempo para legitimar la explotación. Mientras tanto, las potencias coloniales occidentales han sido sustituidas por gobiernos neocoloniales e instituciones internacionales al servicio de sus intereses.

Los “agujeros de mierda”

El presidente estadounidense Donald Trump (2017-2021) calificó despectivamente como “agujeros de mierda” a un grupo de países, mayormente de África, aunque fueron y siguen siendo “ollas de oro” para los intereses occidentales. Desde 1445 hasta 1870, África fue la principal fuente de mano de obra esclava, especialmente para Europa y América.

Walter Rodney señaló que los africanos colonizados, al igual que los esclavos africanos precoloniales, fueron empujados a posiciones que convenían a los intereses europeos y que eran perjudiciales para el continente africano y sus pueblos.

En la carrera por África de finales del siglo XIX, las potencias europeas se apresuraron a asegurarse el monopolio de las materias primas mediante el colonialismo directo. Todas las potencias occidentales se beneficiaron enormemente del saqueo y la ruina de África.

Las tácticas europeas de «divide y vencerás» solían contar con colaboradores africanos complacientes. Las potencias coloniales impusieron impuestos y trabajos forzados para construir infraestructuras que permitieran la extracción de materias primas.

Las ideologías racistas legitimaron el imperialismo europeo en África como una misión civilizadora. Niall Ferguson, antiguo profesor de historia de la estadounidense Universidad de Harvard y formado en Oxford, es un descarado apologista del imperialismo occidental e insiste en que el colonialismo sentó las bases del progreso moderno.

Los más ricos, pero los más pobres y hambrientos

Un blog reciente se pregunta: ¿Por qué el continente que posee 60 % de las tierras cultivables del mundo es incapaz de alimentarse?   ¿Y cómo ha pasado África de ser un productor de alimentos relativamente autosuficiente en los años 70 a ser un importador de alimentos excesivamente dependiente en 2022?

Los análisis más profundos de estas incómodas realidades africanas parecen ser ignorados por los analistas influenciados por el Norte global, especialmente por las instituciones financieras internacionales con sede en Washington.

El informe África 2022 de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y Desarrollo (Unctad) es el último de arrojar un análisis decepcionante.

No orienta a los gobiernos africanos sobre cómo aplicar realmente su larga lista de recomendaciones, dado su limitado espacio político, recursos y capacidades. Peor aún, sus propuestas parecen indistintas de una versión orientada a África del desacreditado y neoliberal Consenso de Washington.

Con 30 % de los recursos minerales del mundo y las mayores reservas de metales preciosos del planeta, África tiene la mayor concentración de recursos naturales: petróleo, cobre, diamantes, bauxita, litio, oro, bosques tropicales de madera dura y frutas.

Sin embargo, África sigue siendo el continente más pobre, ya que el promedio del ingreso por habitante de la mayoría de los países es inferior a 1500 dólares anuales. De los 46 países menos desarrollados, 33 están en África, más de la mitad de las 54 naciones del continente.

África sigue siendo la región menos industrializada del mundo, y solo Sudáfrica está clasificada como industrializada. Increíblemente, la participación de África en el sector manufacturero mundial se redujo de alrededor de 3 % en 1970 a menos de 2 % en 2013.

Alrededor de 60 % de la tierra cultivable del mundo está en África. Pero el continente, que fue un exportador neto de alimentos hasta la década de los 70, se ha convertido en un importador neto.

Las condicionalidades de la reforma de ajuste estructural que exigen la liberalización del comercio han reducido los ingresos arancelarios, además de socavar la fabricación que sustituye a las importaciones y la seguridad alimentaria.

El África subsahariana acoge a  24 % de las personas que sufren hambre en el mundo. África es el único continente donde el número de personas desnutridas ha aumentado en las últimas cuatro décadas. Alrededor de 27,4 % de la población africana sufría inseguridad alimentaria grave en 2016.

En 2020, 281,6 millones de africanos estaban desnutridos, ¡82 millones más que en 2000! Otros 46 millones pasaron hambre durante la pandemia. Ahora, las sanciones de Ucrania a las exportaciones de trigo y fertilizantes son las que más amenazan la seguridad alimentaria de África, tanto a corto como a medio plazo.

Ajuste estructural

Muchos de los problemas recientes de África se derivan de los programas de ajuste estructural (PAE) a los que se han visto sometida gran parte de los países de África y América Latina desde la década de loa años 80. Las instituciones financieras internacionales con sede en Washington, el Banco Africano de Desarrollo y todos los donantes apoyan esos programas.

Los defensores de los PAE prometieron que la inversión extranjera directa y el aumento de las exportaciones vendrían después, asegurando el crecimiento y la prosperidad. Ahora, muchos admiten que el neoliberalismo fue exagerado, asegurando que las décadas de los 80 y los 90 fueron décadas perdidas, agravadas por la negación desde los centros de poder de sus consecuencias dolorosamente obvias.

En su lugar, se ha culpado a la geografía extraordinariamente desventajosa, a la gran diversidad étnica, a la maldición de los recursos naturales, a la mala gobernanza, a la búsqueda de rentas corruptas y a los conflictos armados. Sin embargo, se ha negado el abuso colonial y neocolonial, la explotación y el saqueo de recursos.

Aunque los PAE del Banco Mundial se abandonaron oficialmente a finales de la década de los 90 tras las crecientes críticas recibidas, sustitutos como los Documentos de Estrategia de Lucha contra la Pobreza han sido como “vino viejo en botellas nuevas”. Aunque supuestamente son de cosecha propia, suelen ofrecer versiones a medida de los PAE.

Con la liberalización del comercio y una mayor especialización, muchos países africanos dependen ahora de menos productos básicos de exportación. Con más brotes de crecimiento durante los auges de las materias primas, las economías africanas se han vuelto aún más vulnerables a los choques externos.

¿Se puede confiar en Occidente?

Anteriormente, los países del Grupo de los Siete (G7) países ricos del Norte renegaron de su promesa de 2005 de dar 25 000 millones de dólares más al año destinados a África, a fin de que la pobreza pasara a la historia en los cinco años siguientes.

Desde entonces, los países industriales han entregado mucho menos de los 100 000 millones de dólares anuales de financiación climática que habían prometido a las naciones del Sur en desarrollo en 2009.

El Pacto con África del Grupo de los 20 (G20) de las mayores economías industriales y emergentes, alcanzado en la ciudad alemana de Hamburgo en 2017, prometió combatir la pobreza y los efectos del cambio climático. Pero en realidad ese Pacto se ha utilizado para promover los intereses comerciales de los países donantes, en particular de Alemania.

Gestionado principalmente por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, el Pacto no ha conseguido una inversión extranjera significativa, sino que ha sembrado la confusión entre los países participantes.

De hecho, los poderosos gobiernos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) tuvieron éxito en bloquear los esfuerzos de los países en desarrollo en la conferencia de las Naciones Unidas sobre financiación para el desarrollo, celebrada en 2015 en Addis Abeba.

Aquella reunión tenía como su fracasada meta una cooperación fiscal internacional inclusiva dirigida por la ONU y destinada a frenar las fugas ilícitas de capitales.

África perdió entre 1,2 y 1,4 billones (millones de millones) de dólares en flujos financieros ilícitos entre 1980 y 2009, aproximadamente cuatro veces la cifra de su deuda externa en 2013. Esta cifra supera con creces el total de la ayuda oficial al desarrollo recibida durante el mismo periodo.

África debe unirse

Bajo las lecciones e impronta de Nelson Mandela, el fallecido líder sudafricano contra la segregación racial y presidente de su país (1994-1999), África ha liderado la lucha por la excepción de salud pública a la ley internacional de propiedad intelectual.

Aunque África es la que más sufre el apartheid de las vacunas, los grupos de presión occidentales bloquearon la solicitud de exención temporal de los países en desarrollo para satisfacer de forma asequible las necesidades de la pandemia de covid-19.

La solidaridad africana es vital para resistir las presiones de los poderosos gobiernos extranjeros y las empresas transnacionales. Las naciones africanas también deben cooperar para crear capacidades estatales que contrarresten la agenda neoliberal de buen gobierno.

África necesita mucho más espacio político y capacidades estatales, no la liberalización económica y la privatización. Esto es necesario para desbloquear los cuellos de botella del desarrollo y superar las limitaciones técnicas y de habilidades.

 

Tomado de IPS/ Foto de portada: BM.

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