Comercio y paz en frontera colombo-venezolana

Por Hedelberto López Blanch* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

La reapertura de la frontera colombo-venezolana el pasado 26 de septiembre ha sido un relevante triunfo político, económico y para la paz entre los dos países, hecho que ha sido minimizado por los grandes medios de comunicación occidentales que ansían mantener las tensiones en esa zona en aras de afectar a la Revolución Bolivariana.

Después de estar cerrada durante siete años (2015) debido a las acciones de bandas paramilitares, de narcotraficantes y agresiones desestabilizadoras contra Venezuela desde territorio colombiano, lanzadas por los regímenes de los expresidentes colombiano Juan Manuel Santos (2010-2018) e Iván Duque (2018-2022), la llegada del actual mandatario Gustavo Petro abre una nueva era para esas naciones hermanas.

Los primeros pasos abiertos fueron los Puentes Internacionales de Simón Bolívar y Francisco de Paula que unen el norte de Santander con el estado de Táchira.

Estos países, a lo largo de sus 2.219 kilómetros de frontera cuentan con seis puentes y dos puestos fluviales de interconexión. Paulatinamente se reanudarán las conexiones aéreas.

La República Bolivariana ha padecido desde el gobierno de Álvaro Uribe (2002-2010) hasta la salida de Duque, numerosos ataques de bandas paramilitares y mercenarias que han tratado, con la anuencia de Estados Unidos, de desestabilizar a los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

Por eso resulta un enorme triunfo que con la llegada al poder del presidente Petro, las relaciones diplomáticas Bogotá-Caracas se hayan restablecido a favor del entendimiento político y la paz.

Para combatir el contrabando y a las bandas de narcotraficantes, Venezuela y Colombia activaron el Comité binacional de Coordinación que contará con miles de miembros de sus Fuerzas Armadas de ambas naciones para contrarrestar esas actividades ilícitas.

El Puente Internacional Simón Bolívar, donde se efectuó el acto de reapertura, es la principal vía terrestre que comunica a Colombia con Venezuela. Se ubica sobre el río Táchira, que en ese tramo marca la frontera entre ambas naciones. Tiene 315 metros de largo, 2 carriles y un ancho de 7,3 metros.

Por esa vía, inaugurada oficialmente en 1962, pasa el 80% de las exportaciones procedentes de los dos países que conectan las ciudades colombianas de Cúcuta y Villa del Rosario, en el departamento de Norte de Santander, con las venezolanas de San Antonio y San Cristóbal del Estado Táchira.

Por todos los puestos fronterizos transitarán ahora legalmente unas 30.000 personas al día, las que ya no tendrán que hacerlo de forma ilegal por los pasos clandestinos que controlaban las mafias.

Después de años de baja económica en Venezuela, debido principalmente al bloqueo comercial-financiero que le ha impuesto Estados Unidos, a partir de 2021 su Producto Interno Bruto (PIB) creció 1,9% y se espera que en 2022 alcance 8,3%, uno de los mayores de América Latina.

El intercambio comercial bilateral entre los años 2000 y 2009, promedió los 1.793 millones de dólares, aunque en 2008 alcanzó los 5.117 millones. A partir de 2010 decayó ante las tensiones de los regímenes colombianos hasta su cierre total en 2015.

En el acto de reapertura el presidente Gustavo Petro señaló que la globalización ante todo es comercio y una relación entre vecinos y aseguró que las ciudades vecinas florecerán nuevamente en los próximos meses.

Para el embajador colombiano en Caracas, Armando Benedetti, el intercambio comercial podría alcanzar en poco tiempo los 10 000 millones de dólares con beneficio para más de una 12 millones de personas que viven cerca de las fronteras.

Los principales productos que Colombia vende a Venezuela son combustibles y aceites minerales, materias plásticas y manufacturas, azúcares, artículos de confitería, papel, cartón, y farmacéuticos.

Mientras que de Venezuela a Colombia se envían productos químicos orgánicos, hierro, acero, plásticos, combustibles y manifacturas, entre otros.

Tras el restablecimiento de relaciones el 7 de agosto pasado, Bogotá y Caracas han comenzado a trabajar en conjunto en áreas como la militar, comercial, económica, política y diplomática.

Con el surgimiento de gobiernos progresistas independientes, menos controlados por Estados Unidos, la América Latina en su conjunto puede convertirse en una región donde la paz, la justicia social, el comercio y la economía beneficien a las grandes mayorías que aun se encuentran discriminadas en la región.

Al parecer, con el reciente ejemplo de relaciones de paz entre Colombia y Venezuela, Latinoamérica está cambiando para bien. Esperemos que esos ejemplos se mantengan.  

(*)  Periodista cubano. Escribe para el diario Juventud Rebelde y el semanario Opciones. Es el autor de «La Emigración cubana en Estados Unidos”, «Historias Secretas de Médicos Cubanos en África» y «Miami, dinero sucio», entre otros.

Foto de portada: PL.

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