Cuba: Teoría y discurso del Estado fallido

Por Michel E. Torres Corona.

El politólogo canadiense Kalevi Holsti definió al Estado fallido como aquel que carece de la «capacidad de generar lealtad», de «dotarse de los recursos necesarios para gobernar y proporcionar servicios». A su juicio, y en línea con el teórico alemán Max Weber, un Estado fallido no lograr ostentar el monopolio sobre el uso legítimo de la fuerza dentro de sus límites territoriales.

Por su parte, el economista cubano y profesor del Instituto Superior de Relaciones Internacionales, Jorge Casals, afirmó en un texto publicado en este mismo periódico: «(…) por “Estado fallido” puede entenderse aquel en el que existe vacío de poder, no hay garantía de su funcionamiento, incluyendo los servicios básicos, en el que sus instituciones son frágiles e ilegítimas, y que carece de recursos para satisfacer las necesidades de sus ciudadanos».

Alertaba además el profesor que ese concepto era «polémico», de «turbios orígenes» y utilizado para «justificar intervenciones», lo cual se encuentra en sintonía con lo expresado por la politóloga estadounidense Susan Woodward: «[Estado fallido] se ha convertido en una etiqueta de moda y en un cajón de sastre, demasiado impreciso para llevar a cabo un análisis de sus causas o consecuencias y, por lo tanto, susceptible de ser utilizado de un modo inadecuado».

El especialista argentino en relaciones internacionales, Juan Gabriel Tokatlian, explica la «instrumentalización conceptual» del Estado fallido, no ya como categoría nacida en el seno de la academia, sino como arsenal para el bombardeo mediático contra determinados blancos en función de determinados intereses. El ejemplo más claro es, por supuesto, el gobierno estadounidense, y el uso de la «falla estatal» para justificar y/o legitimar sus acciones en la arena internacional. Irónicamente, Noam Chomsky tilda a ese país de ser un Estado fallido, por su uso abusivo del poder y su irrespeto por las normas internacionales.

Se comparta o no la noción teórica de Estado fallido, lo cierto es que hoy en día es munición semiótica que se dispara contra naciones que no estén alineadas con el statu quo y con la voluntad del hegemón global.

Sin ir demasiado lejos, hace un año, el emperador Joe Biden catalogaba a Cuba como Estado fallido, valiéndose de la pandemia y de las protestas y disturbios que se vivieron en nuestro país por aquella fecha. Sin embargo, el índice de mortalidad en Estados Unidos por la COVID-19 ha sido, como mínimo, cuatro veces superior al de Cuba, y manifestaciones, protestas y disturbios se han dado allá casi a diario (incluyendo una muy notoria toma del Congreso por partidarios de Donald Trump).

No obstante, algunos entusiastas de la restauración capitalista en la isla se han dado por estos días a la frenética mención de Cuba como supuesto «Estado fallido». Sin atisbo de objetividad, han querido promover que las complejidades de la realidad cubana sobrepasan a las capacidades de respuesta del gobierno socialista, que existe una situación de ingobernabilidad, que no hay seguridad ciudadana. De forma abyecta y dolosa tratan de vender al mundo que somos una nación en caos, que nuestro modelo es «obsoleto», que precisamos de una intervención extranjera para «poner orden».

No podemos más que coincidir con el intelectual Aurelio Alonso cuando dijo, en respuesta a aquellas declaraciones de lord Biden:

«Sí, ciertamente Cuba es un Estado fallido; Cuba es un Estado fallido para las transnacionales que son capaces de hacer ganancias multimillonarias en medio de un año en que la economía mundial se depaupera totalmente debido a los efectos de una pandemia como la que está viviendo. (…) Cuba sería un Estado fallido para esas transnacionales, sería un Estado fallido para las desigualdades crecientes que se producen en el sistema norteamericano, un Estado fallido para los que tratan de hacer mercado y soborno a través del monopolio de las vacunas (…) Es un Estado fallido para toda esa miseria, de abuso de poder que se ejerce desde el imperio. Para ellos Cuba, el ejemplo cubano, es el ejemplo de un Estado fallido, cuando en el fondo el Estado fallido para el mundo, para la posibilidad de salir a flote de la humanidad es precisamente el que ellos están preconizando».

Tomado de Granma / Foto de portada: Humanium.

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