Las Unidades Cubanas del Ejército norteamericano: Una fuente de mercenarismo (II)

Por José Luis Méndez Méndez * / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

 

La voz de que con enrolarse en el Ejército estadounidense, se podría obtener la ciudadanía norteamericana, se corrió como pólvora entre los aspirantes a mercenarios, y de inmediato se presentaron masivamente. Esta ilusión no fue alcanzada por muchos, quienes varias décadas después todavía exigen que se les reconozca por el país que los utilizó, como “veteranos de guerras extranjeras”, para recibir atención médica y otros beneficios. 

La mayoría eran emigrados calificados como “refugiados”,  sin tarjeta de residente, incluso en este primer grupo que se alistaba, había hasta quienes no tenían ni la tarjeta del Seguro Social norteamericano, que les permitía recibir atención médica, puesto que habían llegado recientemente de Cuba. Eran jóvenes sin familia en Estados Unidos, no tenían residencia, sólo la tarjeta azul de Parole (bajo palabra), categoría que recibían al llegar y que condicionaba su admisión o no a un análisis posterior. Estos fueron habilitados con rapidez para  obtenerla, y así poder inscribirse.

Al atardecer del 19 de octubre, los mercenarios reclutados en Nueva York, fueron trasladados en un riguroso secreto hasta el aeropuerto de Newark, Nueva Jersey, en ómnibus con sus ventanillas tapiadas. Allí abordaron un vuelo comercial hacia un destino desconocido. Este primer grupo lo integraban 53 novatos.

Cerca de la medianoche llegaron al aeropuerto de Fuerte Knox, fueron llevados a las barracas en camiones donde ya estaban otros 200 reclutas llegados desde Miami. El 20 fueron habilitados con uniformes y equipos militares e integrados a pelotones de la ya constituida primera compañía de combate reforzada F-10-3, que se componía de cinco pelotones, de cinco escuadras cada uno. En total 250 hombres.

El 26 de octubre en pleno auge de la Crisis de los Misiles, cuando  estaba en sus momentos más críticos, el Fuerte Konx, al igual que las otras bases militares de los Estados Unidos se mantuvo en  alerta. Ya se habían formado otras compañías de cubanos, pero sin recibir el entrenamiento intensivo en que estaba la F-10-3, la cual estaba destinada para que desembarcar en Cuba con las otras fuerzas norteamericanas en la nueva invasión que se preparaba.

Al concluir la Crisis de Octubre, los entrenamientos continuaron, ahora los instructores de las Fuerzas Especiales norteamericanas para la Compañía F, fueron sustituidos por otros, en su mayoría de origen puertorriqueño. En diciembre de 1962, cerca de los 1.097 mercenarios prisioneros en Playa Girón, regresaron a Estados Unidos, en un acto oficial de recibimiento el presidente John F. Kennedy les prometió con pasión que la bandera cubana que los derrotados le entregaron en ese momento, les sería devuelta en: “Una Cuba Libre”. La mencionada bandera, no había sido llevada de Cuba por los mercenarios, fue confeccionada para la ocasión. Les fue devuelta, no como les aseguró el mandatario estadounidense, sino por correo años después.

A mediados de diciembre de ese año 1.700 emigrados se entrenaban en  Fuerte Knox. A principios del año 1963, estos fueron trasladados, por razones del clima, hacia el Fuerte Jackson, Carolina del Sur, continuaron el entrenamiento y se formaron otras compañías.

En abril esa cifra ya ascendía a unos 6,000 conscriptos listos para la agresión. Factores políticos internos y externos, harían tomar decisiones trascendentales, que darían por terminado el programa masivo de formación de mercenarios para utilizarlos contra Cuba.  Bajo este programa de “Unidades Cubanas”, un reducido grupo de los enrolados, que no pasaban de cien, optó por entrenarse en la Marina, estos fueron procesados por separado y enviados a San Diego, California para su entrenamiento. 

Uno de estos mercenarios Frank Hernández-Trujillo expresó así su  lamento sobre la situación seis meses después de entrenamiento: “…prosiguió aumentando el número de conscriptos…pero sin ilusiones, ni esperanzas de antes” Para abril la desmoralización los había minado y en ese mismo mes se desmovilizó la mencionada compañía F-10-3, la primera del ejército norteamericano integrada totalmente por “voluntarios” cubanos.

Entre quienes pasaron por esa escuela de mercenarios, además de Hernández-Trujillo, estuvieron Carlos Alberto Montaner Suris, Jorge  Mas Canosa y otros de similar trayectoria terrorista.

En total pasaron seis meses entre el reclutamiento, entrenamiento y desenlace de estas fuerzas. La mayoría optó por salir del Ejército, otros se mantuvieron dentro del mismo y fueron destinados a Vietnam para participar en la guerra sucia de agresión de Estados Unidos contra ese país. La CIA captó a varios cientos para sus planes desestabilizadores y años después la misma agencia los envió a África como mercenarios para participar en el conflicto bélico en el ex Congo belga.

También pasaron al programa de Contrainsurgencia desarrollado por la administración Kennedy y fueron enviados como asesores para la represión en América Latina. Estuvieron en Bolivia en 1967, en Perú, Colombia, Brasil, Argentina, Venezuela formaron parte de estructuras de la policía y servicios especializados de castigo.

Los mercenarios de Playa Girón, organizaron una Asociación de la Brigada 2506 en Miami. Su presidente Juan José Peruyero realizó el ofrecimiento el gobierno norteamericano para que se les diera participación en la agresión contra los vietnamitas. En su argumentación expresó: «El derecho de los emigrados cubanos a luchar contra el comunismo en esas remotas tierras, esto no constituye un olvido del drama particular, ni distracción de esfuerzos en la consecución de la libertad cubana, los ejércitos norteamericanos combaten en lejanos frentes, son nuestros aliados porque se enfrentan al enemigo común. El deber cubano está también en Vietnam, porque luchando allí junto a ellos ganaremos el derecho de combatir unidos, en igualdad de honor, cuando llegue la hora de trasladar el escenario bélico a la isla esclavizada de Cuba».

La Crisis fue resuelta de manera negociada y la amenaza de la guerra nuclear se disipó. Durante años se habló de un supuesto compromiso adoptado por Estados Unidos para no invadir a Cuba, pero la guerra no declarada continuó, cientos de incursiones agresivas por medio del aire y el mar estaban por ocurrir, la historia ahora las registra como ejemplos del irrespeto de sucesivas administraciones norteamericanas de las más elementales normas de convivencia internacional y las leyes que las rigen.

 

(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, «La Operación Cóndor contra Cuba» y «Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba». Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

Foto de portada: John Moorlez/ Getty Images.

 

 

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