Las Unidades Cubanas del Ejército norteamericano: Una fuente de mercenarismo (V)

Por José Luis Méndez Méndez * / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

 

El proceso de desmovilización de las Unidades Cubanas en el Ejército norteamericano, tuvo su punto culminante en abril de 1963, apenas seis meses después de comenzado su entrenamiento en Fort Knox y Fort Jackson. Esto no concluiría el mismo, ya que ese año un poco más de 200 mercenarios comenzarían a prepararse en varias especialidades en Fort Benning, dirigidos a satisfacer las demandas de la CIA y al Programa de Contrainsurgencia que la administración demócrata de John F. Kennedy había diseñado, aprobado y puesto en marcha.

Al regresar de Cuba en diciembre de 1962 después del proceso de negociación que permitió su liberación, mercenarios cubanos se enrolaron en las llamadas unidades cubanas en el Ejército de Estados Unidos.  Unos  continuaron después en las fuerzas armadas norteamericanas y otros siguieron su vocación mercenaria, y como tales fueron enviados por la CIA también a África.  El plan de contrainsurgencia dirigido por el entonces Secretario de Justicia, Robert  Kennedy, envió a los más fieles y obedientes mercenarios anticubanos a diversos confines de América Latina, Asia y África, como asesores de la represión y soldados de fortuna para combatir a gobiernos  opuestos a los designios imperiales.

Pero la retórica iba por un lado y la realidad por otra. Mientras la Unidad Operativa de la CIA en Miami (J. M. WAVE), se fortalecía con oficiales de caso asignados en comisión de servicio especial para su mayor estación dentro de Estados Unidos, y las acciones se incrementaban por tierra y aire contra el territorio cubano, el sábado 30 de marzo de 1963 los jefes de los departamentos de Justicia y Estado, dieron a la publicidad la nota de prensa No. 169, donde comunicaba la puesta en marcha de un paquete de medidas sugeridas por Dean Rusk y aprobadas por el presidente Kennedy en relación con el futuro de las actividades de la contrarrevolución cubana en ese país.

Ernesto Aragón, asistente del presidente del llamado Consejo Revolucionario Cubano, José Miró Cardona, fue citado por Joseph Califano, entonces asistente especial del Secretario de Defensa, que le informó que se terminaba el programa de entrenamiento militar de las unidades cubanas en las distintas bases norteamericanas integradas por miembros de la Brigada 2506. El Consejo había sido un esfuerzo unitario de la contrarrevolución organizado por los gobernantes norteamericanos, que persistían en apoderarse de Cuba aún después de la rápida victoria sobre los mercenarios que agredieron a la Isla el 17 de abril de 1961 y en menos de 66 horas  fueron derrotados.

Este anuncio consternó y defraudó las aspiraciones contrarrevolucionarias, motivó la renuncia posterior de José Miró Cardona al Consejo el 2 de abril por medio de un extenso recuento de sinsabores en 26 páginas, donde se narraban las difíciles relaciones del Consejo con la administración de turno. Esto generó numerosas protestas de los anticubanos que consideraban tal declaración como  un mensaje claro del comienzo de una aparente coexistencia con el gobierno de Cuba. Sin embargo, esa posición, que parecía monolítica y sólida se esfumó al incentivarse las contradicciones internas entre quienes hasta ese momento habían jurado obediencia y lealtad a Miró, y los que no querían divorciarse de sus amos y aspiraban a seguir obteniendo los recursos que mantenían a la industria de la contrarrevolución. La aparente firme posición de esos parásitos frente a las decisiones de sus mentores, duró apenas una semana. La voz discordante fue la del ex magistrado del Tribunal Supremo de Justicia de Cuba, Julio Garcerán, quien abiertamente atacó la posición de Miró Cardona al expresar: “No me consta que los Estados Unidos tengan una línea de coexistencia pacífica con Cuba”.

Garcerán había sido nombrado por representantes de los emigrados en Miami como Presidente de Cuba en el exterior y lapidó los argumentos que sostuvo el Consejo Revolucionario Cubano, al criticar a su antiguo jefe al decir que sus declaraciones: “Esto crea un grave conflicto entre el pueblo cubano y el gobierno de los Estados Unidos.” En la práctica se retractaban del apasionado planteamiento, inspirado en el malestar causado por los anuncios comunicados por  Califano.

Pero si esas declaraciones suponían un probable cambio de la política de esa administración, lo cierto fue que la CIA siguió captando a los que consideraron más confiables entre los anticubanos, para llevar adelante sus acciones encubiertas.

El memorando del asistente especial del secretario del ejército Joseph Califano al secretario del Ejército, Vance, del 9 de abril de 1963 sobre las decisiones del presidente Kennedy para asuntos del Grupo Especial concernientes a Cuba reveló por dónde, cómo y cuándo, realmente sería el curso de los acontecimientos. En una de sus partes decía: También hemos acordado con la CIA que ubicaríamos alrededor de 20 reclutas que ahora se entrenan en Fort Jackson, a quienes consideramos que tienen las características necesarias para las operaciones de la CIA dentro de Cuba. Ese personal, junto con aquellos que hayan recibido entrenamiento (…), también serían empleados con anterioridad a las Fuerzas Especiales, si hubiera una decisión de invadir a Cuba.”

En realidad depuraban la impedimenta de la vasta cantera de mercenarios cubanos disponibles y continuaban seleccionando a aquellos de mayor utilidad para sus planes.

En un memorando del 12 de enero de 1965, redactado por McGeorge Bundy,  entonces asesor legal del Presidente Johnson se expresa: “El tema cubano que amenazó con emponzoñar la política norteamericana, ha desaparecido.”  Esto tampoco era real, pues durante ese año se realizaron 100 acciones terroristas y paramilitares contra Cuba, ejecutadas por organizaciones armadas y preparadas por la CIA. No solamente participaron mercenarios anticubanos, sino además  norteamericanos,  algunos de los cuales perecieron.

Durante el mes de octubre de 1963, la situación política en Vietnam del Sur se agudizó, y como las tendencias antagónicas llegaron al clímax de la confrontación al extremo de preocupar a Washington, una orden ejecutiva se puso en marcha aceleradamente. El 2 de noviembre de 1963 son asesinados el presidente de Vietnam del Sur, Ngo Dinh Diem y su hermano, durante un inducido golpe de estado. Este hecho provocó el incremento militar norteamericano en la región, no sólo con asesores, sino además arribarían cientos de miles de sus fuerzas regulares, entre estos los anticubanos.

Una nueva página del mercenarismo anticubano comenzaba, se había iniciado en los preparativos de la invasión derrotada en Playa Girón, continuada en las bases norteamericanas de Knox, Jackson y Benning y se desarrollaría en nuevos escenarios.

 

(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, «La Operación Cóndor contra Cuba» y «Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba». Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

Foto de portada: John Moorlez/ Getty Images.

Autor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: